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“Nosotras tenemos el orgullo de haber parido hijos revolucionarios, y ellos nos parieron a nosotras para la lucha y nos hicieron revolucionarias.”

Hebe de Bonafini (Ensenada, 1928) es una mujer nueva porque rompió con el estereotipo central que el patriarcado impone a las mujeres: la maternidad, entendida como sumisión y sacrificio. A raíz de las desapariciones de sus hijos y su nuera, durante la dictadura que gobernó Argentina entre 1976 y 1983, pasó de ser una ama de casa sin ninguna preocupación social, a liderar el movimiento con mayor reconocimiento por la verdad, la justicia y contra el olvido,  las Madres de la Plaza de Mayo.

Su lucha comenzó el 30 de abril de 1977, una alianza de mujeres que nació para denunciar y exigir la aparición de los desaparecidos durante la dictadura militar con la histórica marcha alrededor de la Plaza “Vivos se los llevaron, vivos los queremos”.

En tiempos en los que salir a la calle era no saber si volvías, orgullosas “Madres de subversivos” fueron subversivas,  transformaron los pañales de sus hijos en pañuelos y ponen en jaque a la dictadura. Al convertirse en Madres de los 30.000 desaparecidos, al socializar la maternidad se asumen revolucionarias, paridas así por sus hijos, y Madres de cada persona que refleje en su compromiso el rostro y las utopías de estos. “Aparición con vida” es saber que sus hijos “viven en la lucha, los ideales y el compromiso de todos los que luchan por la justicia y la libertad de sus pueblos (…)

La sangre de mis hijos será vengada el día que todos los niños de este país sean felices, que tengan niñez feliz, que vayan a la escuela, que sus padres trabajen,” dice Hebe,  una mujer  que  subvierte el concepto de madre y lo convierte en  una acción revolucionaria defendiendo que la  lucha de sus hijos continúa en la lucha de los pueblos del mundo.

Su pensamiento en este largo proceso se profundiza, entienden que la violencia capitalista es integral y la lucha también debe serlo, por eso no pararon con la llegada de la democracia, que ni “dio de comer, ni curó, ni educó” y  tampoco hizo justicia. El Pañuelo era entonces el símbolo de los excluidos del sistema.

Rebeldes, locas, prepotentes; nos paramos ante el poder y dijimos «acá estamos». Pusimos el cuerpo que es lo único que tenemos para poner […] hay mucho que hacer. Todavía hay hambre, desocupación y necesidad de viviendas […] con esos hijos que nos nacieron después, estamos sembrando un nuevo camino, que no deja de ser revolucionario, construyendo, marchando junto a quienes nos necesitan […] Queridos hijos. Su sangre no fue inútil, florece en cada barrio, en cada lugar donde hombres y mujeres levantan su puño por trabajo digno, por vivienda. […] ¡Patria o muerte, venceremos!. Hebe de Bonafini, Discurso por los 30 años de las Madres.

Tatiana Delgado