Compartir

La crisis del capitalismo afecta el conjunto de estructuras sobre el que se sustenta. En el Estado español se hace evidente en la estructura de partidos, que necesita urgentemente generar nuevos consensos que permitan seguir gestionando el capitalismo español y reconduzcan el malestar creciente hacia posiciones que no pongan en cuestión su cuerpo fundamental.

 

En Cataluña el proceso de recomposición de la estructura de partidos tiene en común con el resto del estado la irrupción de Podemos, que según las encuestas, se sitúa entre la tercera y cuarta fuerza política en las próximas elecciones autonómicas, y como primera o segunda fuerza en unas generales. Un resultado sorprendente para un partido virtual.

Pero en Cataluña la recomposición de la izquierda tiene características concretas en función de un sistema de partidos diferenciado del español y de un proceso político independentista que define dinámicas políticas distintas y permite generar consensos en torno a otros proyectos.

Mientras ERC se consolida como la fuerza política representante de la socialdemocracia liberal tradicional, el PSC ha entrado en un claro proceso de descomposición. Diversas escisiones están desangrando al PSC, incapaz de sobreponerse a sus contradicciones y a una base clientelar que, ante la escasez de dinero público, abandona el barco en busca de otros marcos donde medrar. Diversas formaciones políticas se están desgranando del PSC, las fundamentales son Nova Esquerra Catalana, Moviment Catalunya, Avancem y Socialisme, Catalunya i Llibertat. Todas estas organizaciones preparan primero su confluencia entorno al proyecto de socialismo catalanista, liderado por Maragall y Nadal, entre otros ex-dirigentes del PSC, para previsiblemente integrarse en ERC antes de las autonómicas.

El siguiente espacio en recomposición es el existente a la izquierda del PSC. Este espacio era ocupado hace unos años por ICV-EUiA y entra en profunda crisis. La irrupción de las CUP en el Parlament fue la primera señal de que el espacio de ICV-EUiA se quedaba pequeño, pero la señal fundamental fue un fenómeno de ámbito municipal llamado Guanyem Barcelona e impulsado por la mediática Ada Colau.

Guanyem Barcelona, y el conjunto de candidaturas municipales que inspira, tiene grandes parecidos políticos con Podemos, fundamentalmente por su carácter reformista y socialdemócrata revestido de cierta radicalidad gestual y de discurso. Pero en su seno se aglutinan multitud de organizaciones y en su seno dominan posiciones independentistas (Ada Colau, Procés Constituent…). Ante las expectativas generadas ICV-EUiA apuestan a formar parte de este proyecto.

Las CUP han quedado desplazadas, y se debaten entre diluirse en Guanyem o tener perfil propio y asumir el riesgo de un nuevo asalto fallido al ayuntamiento.

Otro proceso de recomposición de la izquierda se produce dentro de EUiA, el POR deja de ser partido y se llama l’Aurora, nombre de su revista. El PCC impulsó un proceso de unidad con el PSUCviu, frustrado al no llegar a un acuerdo sobre las relaciones del futuro partido catalán con el PCE, las relaciones internacionales y cuestiones más terrenales. Finalmente, y a pesar que el PCE comunicó que el PSUCviu se retiraba del proceso, el PCC mantuvo el proceso de unidad con no se sabe quién y realizó un congreso en el que el PCC se liquidaba para dar lugar a una nueva organización que se llama Comunistes de Catalunya.

En Cataluña la socialdemocracia tradicional tiene un nuevo referente, y los campos del revisionismo y el oportunismo se revuelven sobre sí mismos, buscando construir la “Syriza catalana” que ya teorizaba el Secretario General del extinto PCC, hoy CC. Mientras, Podemos mantiene su actividad frenética en las encuestas y las tertulias televisivas.

El futuro aún es incierto en la izquierda catalana, pero se presume la creación de tres grandes bloques, el de ERC, el de la Syriza catalana y el de Podemos, que a la espera de señales de vida, entendemos que tendrá perfil propio. Habrá que ver como resuelve sus contradicciones las CUP y si es capaz de generar un cuarto espacio.

Ferran Nieto