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Cierto panorama político se caracteriza por una eterna lucha entre reforma y revolución, entre los que opinan que el capitalismo es reformable y provechoso para los trabajadores y los que decimos que el capitalismo conlleva objetivamente al monopolio y a la miseria obrera.

Los revolucionarios y las revolucionarias hablamos de abolir, acabar, destruir el capitalismo pero, ¿qué significa esto?, ¿qué implica? ¿Destruir el capitalismo significa destruir todo lo que conocemos ahora?

Cuando hablamos de negar (uso este término en vez de todos los anteriores) el capitalismo no hablamos de una negación cualquiera, sino de una negación dialéctica.

Aplastar un mosquito, o triturar un grano de trigo puede tener sentido si buscamos dormir tranquilos o hacer harina, pero es una negación mecánica que implica que lo que existía acaba y, en otras palabras, se pone fin al desarrollo. “En dialéctica, negar no significa decir simplemente `no´, o declarar inexistente una cosa, o destruirla por cualquier procedimiento” (Engels).

La negación dialéctica no supone solo la destrucción de lo viejo, sino también la conservación de los elementos viables de las anteriores fases de desarrollo, una conexión entre lo viejo que se va y lo nuevo que viene a reemplazarlo.

Cuando sobre las ruinas del régimen capitalista se construye una sociedad socialista, la “negación” del capitalismo no significa destruir todo lo que el ser humano creó bajo este sistema. El capitalismo es injusto y sin duda se recordará como una etapa gris de la Historia pero durante un tiempo permitió al humano crear artilugios, obras… impensables en otras épocas, desde la máquina de vapor hasta las vacunas. Todos hemos admirado el Guernica de Picasso, o nos hemos quedado boquiabiertos ante un rascacielos en Nueva York o hemos volado con una canción de Bob Marley, para gustos los colores; pero no debemos desprestigiar todas estas obras, que un día pertenecerán al pueblo (aunque a las Barbies les deseo un oscuro rincón en el fondo del vertedero de la Historia). De todo esto que el capitalismo creó, lo que es aprovechable, lejos de ser destruido por la revolución, sirve de base para el nuevo avance y la construcción del socialismo; aun que solo sea para no repetir los mismos errores o simplemente para mirar atrás y darnos cuenta de lo idiotas que éramos.

En su etapa final, el capitalismo no solo no permite si no que obstaculiza el progreso: no se crean vacunas porque el maquillaje es mejor negocio, se envían ejércitos a matar por petróleo, los países de África que exportan mas oro y diamantes son los más pobres, nos educan como maquinas y la educación de hoy en día no se preocupa por estimular la creatividad de los niños… todo esto hace que cada vez más gente se dé cuenta de que el capitalismo en sí ya supone una traba hacia el progreso, la paz y la igualdad de oportunidades; y se incorpore a la lucha del Partido Comunista por la superación de esta fase histórica.

Como decía Lenin, el socialismo “no es algo que salta de no sabemos dónde” sino que “ha de ser el desarrollo legitimo de las reservas de cultura que la humanidad acumuló bajo el yugo de la sociedad capitalista.”

Mikel Tapia