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Profundizando en la atomización y fraccionamiento del movimiento obrero y sindical del estado español, que ha sido una de las causas principales de su bancarrota, (y en el abandono de la línea clasista que ha sido la otra causa principal), la nueva organización sindical impulsada por Podemos quedó inscrita en el Registro de organizaciones sindicales el pasado 31 de octubre bajo el nombre "Somos Sindicalistas".

 

Como siempre que la dictadura del capital enfrenta una grave crisis de legitimación y sumisión social, en que proliferan las luchas obreras y se tejen entre ellas "peligrosos" lazos de unidad, el oportunismo acude en ayuda sacando al mercado el antídoto. Llama a la clase obrera a agruparse en torno a las vacuas e inofensivas consignas del interclasismo, le señala falsos enemigos y falsos aliados y le rellena el cargador de balas de fogueo que impidan y retrasen el avance de la conciencia y la organización de la clase para cumplir su objetivo histórico.

Pocas veces puede basarse el conocimiento de alguien en lo que este alguien dice de sí mismo. Serán los hechos, (hechos como el muy previsible apoyo a SOMOS desde los medios de propaganda de la burguesía), los que se encarguen de zanjar cualquier debate sobre el verdadero carácter del ¿nuevo? proyecto sindical.

Sin embargo, del documento fundacional denominado "Primer borrador de los principios ético-sindicales de SOMOS" se pueden extraer importantes claves que arrojan mucha luz sobre los futuros desarrollos y los propósitos que le dan origen.

Lo primero que llama la atención en él son las omisiones. La ausencia absoluta de una plataforma reivindicativa mínima, de un análisis por somero que sea de las condiciones actuales de la explotación de la clase obrera, de, como mínimo, una mención a la existencia de esta misma clase, es un mal comienzo para una organización que se llama a sí misma sindical.

En esta especie de manifiesto ético se hace, en cambio, un hincapié especial e insistente en la cuestión de las subvenciones a sindicatos con fondos públicos. Sin duda algo más que un guiño demagógico destinado a desviar el tiro de la justa ira popular ante la corrupción , que se atiene rigurosamente a algunos conocidos mandamientos: no mencionar nunca a la clase empresarial como principal agente de la corrupción (su socio capitalista), nunca reconocer que la corrupción es inherente al sistema y que el capitalismo ES robo y se engendra en el robo; y nunca dejar entrever siquiera que la subvención a las organizaciones sindicales es una conquista del movimiento obrero. Indudablemente los sindicatos para conservar su independencia deben generar medios económicos propios a través de su afiliación y de su trabajo militante entre la clase. Pero el dinero público no es un regalo del Estado burgués a las organizaciones obreras, sino la devolución a la clase obrera de una ínfima parte de las riquezas que ésta produce y le son robadas por ese mismo Estado y la patronal. Con la renuncia a este derecho legítimo lo que se pretende es que las organizaciones obreras carezcan de los medios necesarios para defender los derechos de los trabajadores frente a los monopolios, a los poderes y organizaciones empresariales multinacionales, capaces de pagarse los mejores abogados, de comprar a los mejores jueces y de presionar, poner y quitar a los gobiernos de todas las administraciones tanto locales como autonómicas, estatales o europeas.

Más aún, llevado al extremo, el cuestionamiento de la subvención de la administración llevaría a cuestionar la propia conquista de la Negociación Colectiva. Ésta vincula a todos los trabajadores de la empresa, sector o ámbito; tanto afiliados como no afiliados. ¿Propondrá SOMOS que cuando un sindicato negocie un convenio, sea de aplicación exclusivamente a los afiliados de ese sindicato? ¿Que el resto de trabajadores no afiliados se negocien "su" convenio, cada uno por separado pagándose su abogado particular, o bien que paguen por adherirse al negociado por el sindicato?

La demagogia antisindical sólo busca la desprotección total de los trabajadores y únicamente beneficia al gobierno y a la patronal. Sobre este punto SOMOS se expresa taxativamente en su manifiesto ético: "Renunciamos a cualquier subvención institucional". Más aún: "Además presionaremos al Estado para que se anulen todas la subvenciones a sindicatos por entender que su mal uso es uno de los aspectos que más han decepcionado a la 'sociedad' "

"Ahora bien, lo que también debemos a la 'sociedad' (otra vez la "sociedad", ese conglomerado amorfo donde están, juntos y revueltos, explotadores y explotados) es la renuncia a los trabajadores/as liberados". De acuerdo, a condición de que la patronal renuncie PRIMERO a las legiones (decenas de miles) de profesionales altamente especializados que tiene contratados a jornada completa y trabajando profesionalmente para ella y contra nuestros intereses.

"Las fuentes de financiación exclusivas de SOMOS serán las cuotas y donaciones de nuestros/as simpatizantes". Si parte de estos simpatizantes son grupos empresariales monopolísticos como los que patrocinaron el acto de Podemos en el RITZ el 23 de junio, se puede aventurar que al nuevo proyecto sindical no le va a faltar de nada sin necesidad de ninguna subvención pública. Más aún cuando SOMOS se declara abierto a incorporar empresarios a sus filas, bajo la definición de "trabajadores emprendedores".

“SOMOS pretende ser innovador y moderno al crearse sin ningún condicionante estructural ni ideológico.” El sindicato de Podemos no sólo no menciona ni una vez a las clases en su documento fundacional. Como en su momento lo hizo el Sindicato Vertical, dice renunciar a la ideología, la relega al ámbito privado, es decir, individual, por lo tanto, a la clandestinidad y a su desactivación como herramienta colectiva para estudiar la realidad y transformarla. “Entendemos que la ideología debe quedarse en el ámbito de lo personal para no condicionar el objetivo social”.

Los intentos de proclamar el fin de las ideologías, de las clases, de la lucha de clases, son muy anteriores al nacimiento de SOMOS y PODEMOS.

En los años 60 Bell proclamó el agotamiento de las ideologías. Habermas consideraba superada la propia lucha de clases, y Gordon Brown anunció "el fin del ciclo de auge y recesión" que la terrible crisis de principios de siglo XXI se encargó de desmentir trágicamente, y en 1989 FUKUYAMA fue más allá proclamando EL FIN DE LA HISTORIA. Claro que Fukuyama era un alto mando del Departamento de Estado de los USA.

La ideología, como las clases, no deja de existir porque se niegue su existencia ni dejan de ser ideológicos los discursos del oportunismo aunque se finja lo contrario. Una organización de trabajadores y trabajadoras "sin" ideología está impregnada de la ideología de la clase dominante y a merced de ella. Eso quiere para la clase obrera ese engendro mediático que es Podemos y su brazo sindical.

Las ideología obrera es parte de la conciencia social, es el sistema de ideas basado en las condiciones de la vida material que permite a la clase obrera comprender e interpretar la realidad y transformarla revolucionariamente. Sacudirse el yugo de la explotación.

Es curioso que todo augurio sobre la decadencia o muerte de "las ideologías", en general, ha tenido en su punto de mira a una ideología en particular. La de la clase revolucionaria. En los años 60 Bell decía: “Hemos sido testigos durante la década pasada del agotamiento de las ideologías decimonónicas y, CONCRETAMENTE DEL MARXISMO...”

La negación de la ideología encubre la aceptación de la ideología dominante, de la ideología de la clase dominante. El discurso anti-ideologías busca el desarme ideológico de la clase obrera y su genuflexión ante la ideología del enemigo de clase.

“La doctrina de Marx suscita en todo el mundo civilizado la mayor hostilidad y el mayor odio de toda la ciencia burguesa (...). Y no puede esperarse otra actitud, pues en una sociedad erigida sobre la lucha de clases no puede haber una ciencia social “imparcial”. De un modo o de otro, toda la ciencia oficial y liberal defiende la esclavitud asalariada, mientras que el marxismo ha declarado una guerra implacable a esa esclavitud. Esperar una ciencia imparcial en una sociedad de esclavitud asalariada, sería la misma pueril ingenuidad que esperar de los fabricantes imparcialidad en cuanto a la conveniencia de aumentar los salarios de los obreros, en detrimento de las ganancias del capital.”

Lenin, V. I. Tres Fuentes y Tres Partes Integrantes del Marxismo

Marina Quintillán