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Las noticias del último mes fueron tantas y tan arremolinadas que nos ha producido mucho quebranto decidir el tema para esta insignificante columna. Dudábamos entre las mortajas y las opulencias. No sabíamos si atender a los difuntos o a los que duermen y reposan a pierna suelta con sus ahorros en Suiza.

Temíamos herir de soslayo a nuestros considerados lectores tratando las dolorosísimas pérdidas de Isidoro y Emilio y nos llenaba de pesadumbre retratar al Honorable Pujol estafando con esas manitas gordas y blancas. La bondad y la afabilidad de nuestra pluma, que siempre huye de las pendencias, hace en esta ocasión un esfuerzo por encolar en este espacio a tan eximios personajes y rebanarlos de una sola cuchillada.

In principio creavit Deus caelum et terram y cuando todo era gozo y algarabía ¡ay! que se ha muerto Botín ¡Mecagonlalecheputa! Don Emilio Botín que para nosotros era como un padre. Un hombre de paz, amistad y concordia que para asegurar su sustento fue presidente de un Banco, un hombre cuya honestidad y buena voluntad le condujeron al capital financiero para defender a los pobres, socorrer a las viudas y amparar a los sintecho. Dicen que un ataque al corazón le guadaño la vida, ¡oigan! que no fue por un pepinazo, ni por un torpedo, ni por un obús, ni por un barreno. No. Aunque no venga a cuento, hay quien dice que el perecimiento fue debido a que el nudo de la corbata roja actuó como ventosa y le estrujó un ganglio, otros especulan con la hipótesis de que una hedionda sardina se le atrincheró en el píloro y le hizo la gran jugada pero la cosa es que se quedó como un pajarito tendido sobre la camita. A pesar de la enorme tristeza, la heredera, apuesta y decidida se apresuró a hacerse cargo del tinglao y afortunadamente siguen saliendo los dividendos, que con una pérdida así, a veces se hace complicada la extracción de beneficios.

Dos jornadas enteras, todas las horas del día y de la noche abrasados por la pena y cuando nos encaminábamos al entierro, de repente ¡plaff! nos dicen que Isidoro Álvarez con un suspirito se fue a hacer guardia junto a los luceros, o sea que también la espichó. Con las innumerables veces que nosotros le habíamos encomendado a Dios... y Dios nos paga con la felonía de llevárselo tan pronto. Qué septiembre más arrasador. Nosotros se lo decíamos “Isi, tú después de las rebajas palmas que esos almacenes suponen para ti un terrible sacrificio”. Tenía últimamente impasible el ademán y un color achocolatado que no nos gustaba nada, menos mal que para acallar las bocas maledicentes y calumniosas que denunciaban EREs encubiertos y reducciones salariales, su sobrino Dimas Gimeno, un joven experimentado falangista, bien conjuntado y con camisa nueva hará que vuelva a reír la primavera que por cielo, tierra y mar espera el Corte Inglés.

¡Qué berrinches! Pero como no hay pena que no nos alcance a nosotros, lo que nos produjo un sobresalto interior grandísimo fue lo del Molt Honorable Senyor, que lo hacíamos gozando de su jubilación y nos lo trincan con la posesión de unos cuantos millones en Suiza. Por culpa de una novia despechada, se han empecinado en averiguar la procedencia de esos dineritos, y es que no entienden que una familia numerosa necesita muchas perras para defender su cocidete. ¿Quién no tiene una cuenta en Andorra por pequeña que sea? ¿Qué trascendencia tiene recibir una herencia de un progenitor? ¿Qué tiene de malo el blanqueo de capitales? ¡Por Dios! Ni que el Honorable fuera Bin Laden... un poquito de manga ancha, por favor, que llevamos una racha que no puede una tomarse una cervecita en paz... entre infartos, insuficiencias y dineros de dudosa procedencia, están acabando con nuestra salud.

Hombre, son casos distintos, porque los difuntos tuvieron en vida negocios muy cristianos y con unas plegarias y unos padrenuestros les resolvemos la pepeleta, pero lo de Pujol es más desgarrador para nosotros porque tal como él mismo dijo no encontró el momento adecuado para declarar. El President tiene una esposa muy posesiva y muy dominantona que no lo deja moverse y cuando los periodistas trataban de averiguar cositas sobre su vituperado marido, la Senyora se puso en jarras y para no pisarles los hígados de forma suave y muy decorosa les espetó : “¡Sí, para declaraciones estamos. Váyase a la mierda!”

Si no fuera por el luto y porque el dolor nos atenaza teníamos parranda para una temporada. ¡Qué risa, qué risa!

Telva Mieres