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Desafiando a los otros dos candidatos, con vaqueros nuevos, postinero y reluciente que daba gloria salió elegido el Secretario General del PSOE. Nosotros, de los tres bandos contendientes, apostábamos por Pedro porque es evidente que la facha y el empaque de Pedro estimula a la hora de sentarse a ver un telediario.

Estábamos acostumbrados a Rubalcaba, un hombre tan triste, tan mohíno, tan fúnebre y de un gesticular tan rutinario que la elección de Pedro nos reintegró nuestra maltrecha credulidad en la capacidad de los socialistas para el suministro de líderes seductores y con buena estampa pero en esta ocasión los socialistas se salieron y se han echado un Secretario muy garboso.

Tras el visto bueno al figurín nos pusimos al acecho esperando que el nuevo Secretario nos desvelara sus primeras intenciones.

Pedro Sánchez en toda su integridad ha dicho impasible que quiere liderar el cambio en España y recuperando el pulso modernizador del “socialismo” se propone ganar las elecciones con las clases medias, pero además ha anunciado que el PSOE será el partido de la izquierda !El que avisa no es traidor!

Para compendiar el pensamiento Sánchez en cuatro líneas, lo que el “compañero” quiere viene a ser esto: ronear con la derecha, enarcar los lomos y para retomar el pulso modernizador implantar la política que Felipe González aplicó en los 80.

No se eche, pues, a broma que lo que promete el mozalbete no es moco de pavo.

!Ostras Pedrín! Nosotros nos hacemos cábalas y los sesos agua y no acertamos a entender de qué izquierda habla. Si las aviesas intenciones del nuevo Secretario General encerraran el propósito de almacenar el voto de los trabajadores tendríamos que decirle !No nos hagas eso, hombre! Pero no, por fortuna, el compañero no piensa sustraernos votos, él sólo busca votos cuyo precinto acreditativo esté rotulado por las clases medias.

Pedro Sánchez sabe que la Reforma laboral se hizo a pachas entre PP y PSOE, en la reforma express de la Constitución también tuvieron mucha sincronía, ambos partidos son cumplidores y respetuosos con la política europea, en la política de privatizaciones todo es conformidad y concordancia por eso es natural que Pedro corriera raudo y veloz a vaciarse las carnes a la Moncloa para frotarse las manos con Mariano Rajoy. Han sido muchos años de trabajo paciente y oscuro y, quieras o no, eso une.

Pero este Secretario General del PSOE viene con mucha inspiración y quiere olvidar las bajezas de sus predecesores, él va a lograr acercar el centro a la izquierda y la izquierda a la derecha y la derecha al centro. Igual que Arquímides precisaba una palanca para mover el mundo, Pedrín necesita un punto de apoyo, el apoyo de Felipe González, para mover el PSOE y nosotros lo vemos muy bien, porque entendemos que están pasando por un estado de necesidad y de reflujo y nos afligiría mucho que desapareciera del panorama político un partido con tantos años de cuento, perdón, quise decir de historia..

Pero lo que nos sobrecoge y nos convulsiona es que el Secretario añore tanto los tiempos de Felipe González. Claro, en aquellos días todavía Pedrín no había echado los dientes y el pobre, que no había bailado la yenca, no sabía reconocer lo que era la izquierda, la derecha y el centro pero cuando se convirtió en hombre y subió al Olimpo del PSOE, desde las alturas presenció la conservación intemporal del partido y se dijo !coño, esto es jauja! Si Zapatero se sostuvo y Felipe sigue tan campante, yo desarrollando el mismo repertorio me eternizo en el cargo.

Y ahí tenemos al compañero Sánchez, embrujado por el espíritu de Suresnes, apolíneo y jactancioso, arrebujado en la sombra de Felipe González, empecinado en dirigir un partido socialista, socialista, requetesocialista, moderno, muy, muy moderno y democrático, democrático, empalagosamente democrático, un partido remozado, fresco, rejuvenecido, un partido liberado del marxismo, que el marxismo incomoda a las clases medias y Pedro Sánchez tiene muy presente las palabras de su ídolo cuando se desgañitaba diciendo que el marxismo es incompatible con la modernidad.

Telva Mieres