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Un elemento político de primer orden consiste en conseguir la total centralización del partido contra la invasión del reformismo/liquidacionismo/oportunismo (en adelante sólo oportunismo) en cualquiera de sus formas. Comités y células, todas y cada uno de las camaradas seamos un solo mazo para golpear y exterminar esta lacra, ahora preponderante dentro de la mayoría social a la que hemos de ganar para llegar a la dictadura del proletariado.

 

Porque, objetivamente, independiente de sus intenciones, independiente de la subjetividad que guíe a algún oportunista, el oportunismo -o dicho de otra forma las tropecientas mil maneras de ocultar y de falsear la realidad a la clase obrera, a la mayoría popular- es soporte político e ideológico del capital en aspectos fundamentales para el mantenimiento de su dominación:

  1. Ceguera irracional ante la explotación. Lo que conduce a

  2. Inexistencia de las clases. Sólo hay ciudadanos, gente, multitud, los de abajo,…. Desde ahí, y en buena lógica formal

  3. La lucha de clases no existe. Por tanto,

  4. El Estado no es de clase, al contrario: es neutral, aséptico, incoloro y hasta insípido. Esto conduce al sensacional descubrimiento del

  5. Régimen de organización política insuperable: La democracia parlamentaria representativa, y las instituciones que la acompañan (o sea el Estado del capital). Él no va más de la forma de Estado y de democracia.

  6. Y para rematar la faena y no queden dudas: Para, si llega el caso, no precisar posteriormente, ilegalizarlo y perseguirlo, se afirma la superfluidad del partido de la clase obrera, del Partido Comunista.

Dediquemos alguna atención al punto 5. Desde el Manifiesto Comunista sabemos que el poder de Estado proletario es la conquista de la democracia, el principio del fin de la explotación. Es decir la situación en que por parte de la mayoría social se satisfacen las ansias y necesidades de participación, deliberación con conocimiento, capacidad de decisión y control sobre lo decidido. El oportunismo es asimilable por el régimen burgués, al considerar ambos que la democracia parlamentaria es la culminación política de toda organización social. El oportunismo no considera que en el sistema normal de la dominación capitalista, el sistema parlamentario es la llave maestra ideológica sobre la que sustenta su dominación política y económica y desde donde legitima con absoluta naturalidad su creciente violencia de clase sobre la mayoría social. Las libertades cívicas, determinadas garantías jurídicas, las elecciones en su forma burguesa o las organizaciones sindicales han sido conquistas del movimiento obrero en lucha contra todo despotismo burgués, si bien incompetentes e impotentes para el derrocamiento del Estado burgués. Por contra, el oportunismo "moderno" únicamente constata la existencia de "defectos" en este régimen de dominación: corrupción, malversación dineraria, tráfico de influencias o sed infinita de beneficios del capital financiero, pero son fallos superables con organizaciones honestas y políticos de buena voluntad.

Es asumible porque sobre una dilatada base de repudio social surgen programas y personajes que absolutizan como supremo ese régimen estatal. Porque, en un acto de trileros, sitúan la democracia que necesitan las masas para acabar con la explotación (ya sabemos, participación, deliberación, control, etc.) en un lugar, un parlamento burgués hoy día más vacío de contenido democrático, donde simplemente no existe.Presentan un espejismo de la democracia en el lugar donde ésta no existe. El lugar desde el que jamás se podrá terminar con la explotación. Ofician pretendiendo que amplias mayorías sociales no sobrepasen el estado de ignorancia ideológica que les permita ver otro tipo y estilo de democracia, otro tipo de dominación y, por tanto, de Estado.

De ahí la preocupación y ocupación de la maquinaria burguesa por conseguir que la desafección, la radicalización de la lucha obrera y popular, la mayor conciencia de los trabajadores sean canalizadas por vías y hacia movimientos que determinen los bordes que no pueden ser sobrepasados. Que el sistema continúe indemne, permaneciendo intocable la explotación.

Aspiramos al poder obrero y suprimir la explotación. Conseguirlo significa derrotar política, teórica e ideológicamente el oportunismo. Entre nuestras mejores herramientas de lucha: teoría y organización máximas, para articular de manera concreta, clara y comprensible nuestra intervención ante unas masas a las que hemos de conquistar. Sabiendo las dificultades de esta "nueva" irrupción del oportunismo. Conscientes de que el combate al oportunismo es una acción central de la intervención partidaria.

Julio Mínguez