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Hoy, 10 de septiembre, conocíamos la noticia de la muerte de Emilio Botín, presidente del todopoderoso Banco Santander.

Bisnieto, nieto, sobrino, hijo, hermano y padre de banqueros. De su padre heredó el Banco Santander.

 

Emilio Botín se ha convertido durante años en una de las imágenes más clásicas del capitalismo patrio. El Banco Santander, su empresa insignia, es el primer banco español y el decimoctavo del mundo por volumen de activos. En 2013 su capitalización en bolsa era de 73.735 millones de euros, convirtiendo al ‘banco de las ideas’ en la primera empresa española y el decimoprimer banco del mundo. Además desde 2014 es considerada la marca española más valiosa y la 43 del planeta, con más de 20.000 millones de dólares en valor de marca.

En 2011 Forbes fijó su fortuna en 846 millones de euros, cifra a todas luces inferior de la real si tenemos en cuenta, por un lado, los beneficios obtenidos en los últimos años de crisis (pues el Banco Santander ha doblado en varios ejercicios sus beneficios del año anterior) y todo el dinero no declarado, pasado a otros nombres, en negro… que suelen tener estas grandes fortunas para evitar el pago de impuestos.

Curiosamente esa fortuna sólo le sirve para ser el decimotercer español más rico y el 1.075 del mundo (datos de 2012) Estos datos nos ayudan a situar en qué niveles de riqueza se mueve la oligarquía de este país (si sumamos su fortuna y la de los 12 precedentes hacen un total de 50.036 millones de euros. Para verlo más claro, un trabajador que cobre el SMI deberá trabajar más de 6.000 años para alcanzar esa fortuna sin contar sus gastos).

Por todo ello y mucho más Botín era conocido entre la clase obrera. Además de los suculentos dividendos que le dejaba su empresa que recibió por herencia, se ganó el ‘cariño’ de los trabajadores por muchas otras buenas obras para su clase social.

Quizá la más conocida sea la fama ganada por el Banco Santander como uno de los bancos más duro con el gran problema de los desahucios en este país. Mientras el Banco Santander anunciaba en septiembre de 2013 un aumento de un 77% de los beneficios respecto al año anterior echan a familias trabajadoras de su casa por no pagar una hipoteca abusiva, precisamente creada para poder quedarse con la vivienda y una deuda de por vida que aumenta exponencialmente mes a mes.

También es conocido entre los jóvenes por su programa de becas, donde permite a los jóvenes ser esclavizados por salarios de miseria en PYMES. Especialmente insultante fue su programa anunciado hace un par de años para jóvenes del medio rural que desearan salir de ese ámbito y formarse en estudios superiores.

Independientemente de sus acciones, ¿alguien es capaz de imaginar cuánto dinero son esos más de 70.000 millones del Banco Santander?, ¿cuánto se podría hacer con todo ese dineral junto a la fortuna de sus doce ‘colegas’, los más ricos del país? ¿Cuántas familias comerían, cuantos hospitales mejorarían sus servicios, cuantas escuelas contarían con calefacción este invierno, cuantos padres, madres, abuelos y niños no dormirían en la calle? 

Durante estos días los medios de la burguesía intentarán maquillar la vida de Emilio Botín hablando de su infatigable trabajo que le llevó a ser uno de los hombres más poderosos del sector bancario cuando lo cierto es que Botín simplemente tuvo suerte de nacer en esa familia y vivir toda su existencia de las rentas. Aunque también hay que darle el mérito que se merece: supo situar a un banco creado en el siglo XIX en la cima del capitalismo monopolista; expoliando a la clase obrera y fagocitando a la pequeña burguesía.

Ahora se habla de una de sus hijas como la heredera del banco porque lo cierto es que la muerte de Botín no va a suponer ninguna mejora en la vida de la clase obrera. Su fallecimiento supone la desaparición de una de las figuras más emblemáticas del sistema financiero y por ende del capitalismo, pero no la destrucción de su poder, fortuna y explotación. La saga continúa, a Botín muerto, Botín puesto.