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Por nada del mundo quiero yo hacer juicios temerarios y mucho menos malmeter en los asuntos de una infanta de España que bastante tiene la pobre con soportar los inconvenientes de su linaje para además tener que verse menospreciada por los errores de otros.

A ver, la cosa está confusa, pero vamos a tratar de explicarla porque hay mucho malnacido pidiendo explicaciones y al final el runrún va a llegar a oídos de su padre y se va a liar la marimorena, porque su progenitor es un hombre recto, cabal, discreto y de muy buenos ademanes pero como anda delicado de salud y tiene el cuerpo lleno de prótesis, sabe lo es el dolor de huesos y no está dispuesto a consentir que a la infanta le den patadas en la espinilla porque una hija duele mucho y una coz en la espinilla también. Vamos a analizar, pues, el sujeto del conflicto.

Hasta hace unos días, cada ciudadano tenía un carnet con un numerito, o sea, un hombre un carnet, una mujer una carnet, un guardia civil un carnet, un obispo un carnet, una infanta un carnet y así sucesivamente, sendos carnets con sendos números, uno para cada uno. Hasta ahí todo está claro. Pues no, señores, la realidad es muy otra. Resulta que una señora, cuya gracia es Rufina, tiene el mismo DNI que Doña Cristina Federica Victoria Antonia de la Santísima Trinidad de Borbón y Grecia (capital Atenas). A mí no me digan que el funcionario que les expidió el carnet  no tenía un  problema de estrabitis de muchísimos bemoles....

 Las venturosas damas comparten el mismo número de documento; el 00000014-Z, lo que es, sencillamente, una putada. La muy bruja (nos referimos, claro está, a la anónima señora) tenía trece fincas con sus arbolitos, sus matas y sus aligustres y alguien le ofreció unos eurillos por la venta de esa hacienda. La señorona que debía ser una arpía infame, pensando que más valía pájaro en mano que ciento volando, buscó notarios, registradores de propiedad y fedatarios que rubricaran el negocio y cuando contó euro a euro hasta llegar al millón y medio dio por cerrado el trato. Como la muy pécora era una joven emprendedora (Rufina) y se había comprado junto a su esposo, que andaba embarcado en empresas de mucho lucro, una casita, hizo una reformita, contrató a unos búlgaros que tiraron tabiques, alicataron, echaron gota, revistieron y acuchillaron el parqué de tal manera que dejaron la chocita hecha un palacete, hasta el punto que acordaron llamar a la chabola Palacio de Pedralbes.

Y ya ven lo que son las coincidencias, vidas tan distintas unidas por un mismo número de DNI...

Pero las cosas son claras y diáfanas, ante todo deben saber ustedes que los funcionarios de la Agencia Tributaria son los culpables de todo. ¡Vamos! a quién se le ocurre  atribuir a una infanta de España y olé la venta de propiedades que no son de ella, en qué cabeza cabe asignar a la hija del novio de Corinna el mismo número de DNI que a una Rufina cualquiera. A nosotros no nos cabe en la cabeza que se comentan estos disparates tan afrentosos contra la Casa Real. Nosotros pasamos a revelar a ustedes que se ha estudiado el caso a fondo y que pueden eliminar cualquier sospecha, las miradas acusadoras que convergen en la infanta están cargadas de morbo y de mala fe. Ella no ha sido, lo han dicho Notarios, lo han dicho Registradores,  lo ha dicho la Fiscalía, lo ha dicho la Agencia Tributaria, lo ha dicho Montoro, lo dice Roca Junjent que fue un padre de la Constitución, sólo falta que se pronuncien los veterinarios...

Ya está bien de agravios. Ya está bien de imputaciones, achaques y acusaciones. ¡No hay derecho! Como el Rey sufriera un desenlace fatal por estas maledicencias... nosotros no podríamos soportarlo, ¡Tan grande es la devoción que le profesamos...! pero, desde luego, a doña Rufina se le cae el pelo...

Telva Mieres