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Mucho se está hablando del nuevo grupo terrorista Estado Islámico. Su brutalidad contra kurdos, yazidíes, cristianos y chiíes centra los titulares de la prensa occidental, junto con la reciente ejecución por decapitación de un periodista estadounidense, han situado a esta organización terrorista, antes llamada Estado Islámico de Irak y Levante, como el enemigo número uno de occidente.

 

Esta organización surgió de la nada hace unos meses en Siria, desplazando y hasta combatiendo a otras organizaciones mercenarias que combatían al gobierno sirio como el Ejército Libre Sirio y el Frente de Al Nusra.

Mientras en Siria eran arrinconados, en Irak realizaron una serie de ataques que han puesto en jaque al gobierno iraquí, controlando importantes territorios, fundamentalmente ricos en agua, y hasta importantes pozos petroleros del norte.

Inmediatamente los Estados Unidos han intervenido nuevamente sobre Irak, en primer lugar forzando a dimitir al primer ministro Nuri Al Maliki, chií en principio aliado de Irán, forzando una recomposición del gobierno con criterios sectarios. En segundo lugar, bombardeando posiciones del Estado Islámico. En las últimas horas los EUA han situado a el EI como un peligro mayor que Al Qaeda y situando a Europa como el objetivo prioritario de posibles ataques y la necesidad de los EUA de atacar al EI también en territorio sirio.

Pero ¿quién es el grupo Estado Islámico? Es un grupo suní financiado sin restricción por Catar, aliado de los EUA, la UE e Israel. Promueve la restauración del califato islámico y ya han proclamado el Estado Islámico en los territorios que controlan. En la práctica han conseguido desmembrar Irak, un proyecto que ya planteó el ocupante norteamericano pero que no pudo ejecutar en su momento. Con la creación del Estado Islámico, Irak de facto ha dejado de existir, el Kurdistán iraquí ya funciona como un Estado, los territorios controlados por el EI pueden considerarse como territorio suní, y el estado Iraquí se ha convertido en un ente que apenas controla el sur del país, chií.

La división sectaria de Irak lo precipita a su desaparición, convirtiendo los recursos petroleros iraquíes algo mucho más accesible para el imperialismo atlantista, tanto los recursos del norte kurdo como del sur chií.

Las monarquías feudales árabes, fundamentalmente la saudí y la catarí, están promoviendo una recomposición del mapa de la región, en base a criterios sectarios e intentando promover la superioridad de los suníes realizando limpiezas étnicas en Siria e Irak. El objetivo final no es otro que garantizar al eje atlantista los recursos de la región, especialmente el petróleo y sus rutas de distribución.

El imperialismo nos vuelve a mostrar su cara más bárbara y asquerosa, demostrándonos nuevamente que solo es capaz de ofrecer a la humanidad guerra y miseria.

Ferrán Nieto