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En el otoño de 1938, en octubre, en Barcelona, recorrían en paso organizado la Avenida 14 de Abril los soldados, doctores y enfermeras de la Brigadas Internacionales. Era la despedida. Durante dos años habían luchado en las tierras de España hombres y mujeres de más de cincuenta países. Y en aquel momento, razones de Estado les licenciaban con honores. El gobierno de la República pretendía forzar un cambio que modificara el bloqueo y aislacionismo a que las potencias capitalistas la llevaban condenando desde el comienzo de la guerra. El gobierno contaba con el único apoyo de la URSS y lo poco que podía llegar del México de Lázaro Cárdenas. El nazifascismo internacional aliado en España y la colaboración tácita de los monopolios imperialistas y las democracias burguesas era un poder tremendamente fuerte, al que no obstante y contra todo pronóstico el heroico pueblo español resistía. La salida de los voluntarios internacionales buscaba forzar una ruptura en la permisividad internacional sobre la ayuda extranjera al bando sublevado. No fue así.

Mucho se ha escrito sobre las Brigadas Internacionales, de todos son conocidas sus gestas, el extraordinario significado y sentido simbólico que les ha hecho trascender en la Historia, con mayúscula, de los pueblos. Cuando el 28 de octubre de 1938, hace 75 años, cientos de miles de trabajadores y trabajadoras se reunieron en Barcelona para despedir emocionadamente a los héroes de las Brigadas Internacionales, posiblemente no estaban siendo conscientes de la página que colectivamente estaban escribiendo, una lección para la clase obrera mundial de todos los tiempos.

Pero no debemos quedarnos en el símbolo, sino analizar el significado y la lección para el presente del recuerdo que nos dejan las Brigadas Internacionales. Por eso debemos tener en cuenta varias cuestiones políticas fundamentales. Hoy día, que la clase obrera de todos los países se ve azuzada en plena crisis estructural del capitalismo por discursos del odio a lo extranjero, por la xenofobia y el chovinismo iracundo, es obligatorio poner a voz en grito que el fin de dicha campaña no es otro que forzar la división de la clase obrera. El mensaje que hoy debemos mantener con insistencia es el de tolerancia cero contra quienes pretenden borrar la verdad de que la clase obrera es una única clase social mundial. A España llegaron hombres y mujeres de todos los continentes, razas y creencias a luchar y morir por la libertad y la independencia del pueblo español y por la de los trabajadores y trabajadoras de todo el orbe. Hoy que el desenlace final y monstruoso del sistema capitalista obliga a la emigración a millones de trabajadores, en una búsqueda desesperada por sobrevivir allá donde sea, el ideal del internacionalismo proletario es una obligación de conocimiento en las conciencias de quienes solo podemos ofrecer nuestra fuerza de trabajo para subsistir.

Otra de las cuestiones que la historia de la Guerra Nacional Revolucionaria de España nos dejó en el episodio de creación de las Brigadas Internacionales fue el propio proyecto y ejercicio de su constitución. Es de asombro la edificación de un ejército levado de todos los continentes, y cómo en tan solo unos pocos meses se reúne y forma en el mismo campo de batalla, venciendo hasta su llegada innumerables zancadillas en todas las fronteras, aduanas, puertos y estrechos del mundo capitalista. Cabe preguntarse ¿cómo fue posible esta hazaña? Con una organización excelente, es lógico responder. Pero ¿de dónde esta organización? En la Brigadas Internacionales del Ejército Popular de la República Española combatieron hombres de todas las sensibilidades ideológicas, comunistas, anarquistas, socialistas, antifascistas en general. Pero las Brigadas Internacionales no fueron una realización de concepción espontánea. Fue la Internacional Comunista la que idea y pone en práctica su creación. Y es a través de las Secciones de la Internacional Comunista de cada país –los Partidos Comunistas– como se pone en marcha la fabulosa empresa de un ejército proletario mundial que mandará sus primeros contingentes a la Guerra de España. De ahí salió la idea y la organización necesaria para llevarla a la práctica. Análisis político, unidad obrera y organización, esas fueron las claves del éxito. Cabe recordar con especial insistencia, en el momento presente, esta génesis de las Brigadas Internacionales, pues es el comunismo y sus organizaciones, los Partidos Comunistas y Obreros que siguen guiándose por el marxismo-leninismo, sobre quienes el sistema capitalista está operando hoy día una enorme campaña de propaganda y revisión historiográfica. La UE y el imperialismo estadounidense, con sus vastos aparatos de guerra ideológica, mantienen desde hace décadas, y reforzada y especializadamente en los últimos años, una campaña anticomunista que ha conducido a la directa prohibición en muchos países de toda forma de organización y propagación de la ideología del socialismo científico, mediante la ilegalización de partidos, la prohibición de toda muestra de simbología comunista, y mediante la revisión y el falseamiento historiográfico de forma sistematizada.

Hace 75 años, el pueblo español despedía a los Voluntarios de la Libertad con un deseo, les decía: ¡volved! En la tribuna, ante el desfile de los internacionales, Dolores Ibarruri –la revolucionaria, la que secuestraba las emociones del pueblo con su magnética voz, antes de que ella misma se dejase secuestrar por las fuerzas del oportunismo que terminaría dinamitando el movimiento comunista internacional– gritaba directa al corazón de todos los presentes: “No os olvidaremos; y cuando el olvido de la paz florezca, entrelazado con los laureles de la victoria de la República Española: ¡volved!.

Solo habrá una manera de hacer volver a los héroes de las Brigadas Internacionales, continuar la lucha que ellos comenzaron, y ganarla. Hacer la Revolución y que la República Española a la que alguna vez regresen sus herederos sea la única posible ya en este momento de la historia: la República Socialista.

Habrá que luchar día a día en las fábricas, en las escuelas, en todas las calles y centros de trabajo donde respira la clase obrera. Y recordar a los que nos precedieron, en Madrid, en Moscú, en La Habana, los que nos precedieron luchando en Corea y Vietnam, y en Berlín, y en tantos lugares…

El poeta comunista Luis Cernuda recordaba en verso, en 1961, el ejemplo de las Brigadas Internacionales. Había coincidido con un brigadista del Batallón Lincoln en el exilio. Y supo que un solo hombre que se mantenía firme aún en sus ideales, valía para mantenernos a todos en pie de lucha. Escribía: Recuérdalo tú y recuérdalo a otros … Nada importa que tan pocos lo sean / uno, uno tan solo basta / como testigo irrefutable / de toda la nobleza humana.

Héroes de las Brigadas Internacionales, 75 años después no os despedimos, os recordamos y os damos la bienvenida. Estamos de vuelta y vamos a vencer.

Eduardo Corrales