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A la burguesía española por primera vez, en esta etapa de la dictadura del capital en nuestro país, le falla el principal mecanismo de legitimación del que se ha dotado para perpetuarse en el poder: las Elecciones Generales.

Las Elecciones del 20D dieron lugar a un Parlamento que resultó de difícil manejo por las clases dominantes y, a pesar de los diversos intentos y de las distintas variables posibles, finalmente el acuerdo de Gobierno no fue posible, y se convocan nuevas Elecciones para el 26J.

 

Los resultados del 20D fueron la expresión de la crisis económica de sobreacumulación que estalló a nivel internacional en el verano de 2007, también de la crisis en la cúspide que ello generó en España y, también, resultado de las estrategias que las clases dominantes han desarrollado en estos años para tratar de mantener el control de la situación, y evitar el avance del conflicto social hacia unas coordenadas que quedaran fuera de su control.

En una etapa donde el capital se lanzó a una guerra generalizada contra la clase obrera, para descargar sobre ella todo el peso de la crisis, los centros intelectuales del sistema, y su potente aparato de agitación y propaganda -con la finalidad de evitar el avance de las posiciones de la clase obrera-, impulsaron toda una serie de movimientos que concluyeron en la creación de unas “nuevas fuerzas políticas”, que fueron presentadas como una renovación democrática del agotado y corrompido sistema de partidos, y como la gran esperanza que ilusionaba con resolver la situación de la clase obrera y del pueblo dentro de los agotados límites del sistema capitalista, sin necesidad de revoluciones de ningún tipo.

La operación resultó triunfante en el objetivo estratégico -anular a la clase obrera-, pero tuvo un error de precisión en los resultados inmediatos más concretos: formar un Gobierno.

Como balance general, las clases dominantes pueden estar satisfechas: se conjuró el peligro mayor, el conflicto social de clases.

Ahora, las cosas así, entra en función el pragmatismo que siempre ha caracterizado a las fuerzas capitalistas. Si hay que repetir las Elecciones, pues se repiten. La hegemonía del bloque histórico del poder -a pesar de todas sus dificultades actuales, que no son pocas- le permite aventurarse en ese proceso sin grandes preocupaciones.

El tiempo que queda hasta la jornada electoral del 26J deja todavía margen para reorientar a una cierta franja de votantes, y tratar de ajustar el resultado a una composición del Parlamento más manejable.

En cualquier caso el capitalismo español, en la situación actual, tiene varias opciones de Gobierno posibles, unas más de su gusto que otras, pero cualquiera de ellas se sujetará con más o menos contento a los dictados de los monopolios.

Con los previsibles resultados electorales del 26J, el nuevo Parlamento volverá a moverse entre las mismas tres opciones de Gobierno que plantearon las elecciones del 20D: 1) Gobierno del campo liberal 2) Gobierno de la gran coalición, y 3) Gobierno de la socialdemocracia, la vieja y la nueva.

La única opción que no podría manejar a su gusto el bloque de fuerzas dominantes en España, sería la de un avance significativo de las fuerzas obreras y populares representadas por el PCPE.

Por ello el PCPE estará en la batalla electoral del 26J para que la clase obrera tenga una opción propia.

La unidad de IU-PODEMOS deja clara su voluntad de formar Gobierno con la vieja socialdemocracia del PSOE. La oferta de Pablo Iglesias de presentar candidaturas conjuntas con Pedro Sánchez al Senado lo deja bien claro, por si alguien tiene dudas.

Nos enfrentamos a una nueva batalla ideológica, que desde las filas comunistas habremos de enfrentar en solitario, y con una gran confianza en la combatividad de la clase obrera. El PCPE tiene fuerzas para ello, y habilidad táctica para desarrollar todo tipo de soluciones imaginarias para multiplicar nuestras capacidades, y para vencer los muros de silencio que contra nuestras propuestas levanta la burguesía, y toda su cohorte de fuerzas políticas sumisas con diversos disfraces.

El PCPE irá con todas sus fuerzas a denunciar a quienes de forma más genuina representan y defienden a los interese del capital, pero igualmente combatirá a los partidos “engañaobreros”, que son fuerzas de gran utilidad para sostener este sistema capitalista con su demagógico discurso falsario.

Contra la dictadura de los monopolios, como organización de vanguardia de la clase obrera, el PCPE estará en esta batalla política combatiendo con todas sus fuerzas a la ofensiva. Y ello en simultáneo al proceso de celebración del X Congreso.

Una y otra batalla demostrarán el fuerte compromiso revolucionario del PCPE, y su capacidad para ser -una vez más-, la voz de la clase obrera.