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Mientras miles y miles de refugiados llegan como pueden a El Dorado europeo, dejando en el camino a muchos seres queridos muertos o desaparecidos, los “señores de la guerra”, es decir, la alianza terrorista OTAN dirigida por EEUU, en la que también está integrada España, ha perpetrado estas últimas semanas una insolente demostración de fuerza imperialista en nuestros propios morros. Treinta y seis mil soldados pertenecientes a más de 30 países han participado en unas maniobras que, bajo el nombre de “Trident Juncture 2015”, se han desarrollado por tierra, mar y aire en España, Portugal, Italia, el Atlántico y el Mediterráneo.

Unas operaciones militares que, según Jean-Paul Palomeros, jefe del Comando Supremo Aliado de Transformación (estructura a cargo de las maniobras), han sido las más importantes “desde el fin de la Guerra Fría y, posiblemente, de la historia de la OTAN”. ¡Ni más ni menos! Por su parte el ejército español, fiel lacayo del amo yanqui, ha desplegado esos días belicosos unos 8.000 efectivos, incorporados en 20.000 unidades localizadas en distintas bases y campos militares del territorio español como los de San Gregorio (Zaragoza), Chinchilla (Albacete), Sotomayor (Almería), Sierra del Retín y Rota (Cádiz), Base Aérea de Albacete, Base Aérea de Son Sant Joan (Palma de Mallorca), Base Aérea de Torrejón (Madrid) y Base Aérea de Zaragoza. Una ostentosa –y además muy costosa– exhibición guerrera que, para los charlatanes de la OTAN, ha servido “para demostrar la capacidad de la alianza militar para responder a las nuevas amenazas para la seguridad mundial”. Pero ¿de qué amenazas se trata? y, sobre todo, ¿de qué seguridad estamos hablando, señores imperialistas?

Un peligro para la Humanidad.

Tras la desaparición de la Unión Soviética en 1991, sólo Estados Unidos quedó como superpotencia mundial, rompiéndose de ese modo el equilibrio político-militar existente, y permitiendo igualmente que el Tío Sam, a partir de aquel momento, pudiera hacer lo que más conviniera a sus intereses. Y así ha sido, y lo peor, así es todavía. A lo largo y ancho de estos últimos 25 años las injerencias políticas y las invasiones militares se han sucedido sin tregua ni descanso en países como, por citar sólo unos ejemplos, los que conformaban la antigua Yugoslavia, Irak, Afganistán, Egipto, Libia y ahora la asolada y maltrecha Siria. En todos y cada uno de esos países, el imperialismo ha justificado su intervencionismo para acabar con malvados dictadores y restablecer la paz, la democracia y la libertad. Sin embargo, la horrible realidad en la que ha dejado sumidos a esos países demuestra la falacia y el cinismo de tales propósitos.

Hoy, estos “señores de la guerra”, que acaban de pavonearse militarmente por gran parte del territorio nacional, y que instalan misiles y bases militares por doquier, quieren hacernos creer que esos pueblos esquilmados, saqueados por ellos mismos, constituyen una amenaza para la seguridad mundial. Qué cara más dura, por no decir otra cosa. Es la OTAN, que aseguraba desaparecería cuando ya no existiera el Pacto de Varsovia, quien representa un verdadero peligro para la Humanidad. Su arsenal armamentístico lo prueba. Un arsenal también dirigido, en caso de necesidad, contra la clase obrera, no lo olvidemos. En consecuencia, sin ese agresivo bloque militar, sin ese despliegue bélico sin precedentes en la historia, sin esas injerencias en países que lo que necesitan es desarrollo económico y bienestar social, no habría, como contrapartida, atentados desesperados en lugares y países insospechados. Pero el capitalismo tiene razones que no siempre la razón entiende: una, explotar al ser humano (a las y los trabajadores); y otra, expoliar las riquezas del Planeta para su exclusivo beneficio. Y para eso tiene la OTAN, su brazo armado imperialista.

José L. Quirante