Marx y Engels han enseñado a la clase obrera a formarse un criterio propio de las reales relaciones materiales de la sociedad en su desarrollo, las únicas que pueden determinar si lo deseado es también posible y si lo posible es también históricamente necesario. El socialismo representa los esfuerzos del proletariado por establecer su dictadura de clase para librarse de la actual forma de producción. En lugar de programas políticos basados en los intereses de clase, se elaborarían programas nacionales. Se consagraría el sabotaje a la lucha política unitaria llevada a término por el proletariado en cada Estado, sustituyéndola por una serie de luchas nacionales estériles. Ese es el significado principal de la resolución socialpatriota.
En el Congreso de Londres se aceptó por unanimidad la resolución que confirmaba las simpatías de los socialistas por todas las nacionalidades oprimidas y el reconocimiento de su derecho a la autodeterminación. Antes del Congreso no había ninguna duda sobre la simpatía y la compasión de los socialistas con respecto a los pueblos oprimidos, porque esos sentimientos se desprenden de la misma concepción socialista del mundo. Igual de claro estaba (y lo sigue estando para los socialistas) el derecho de cada pueblo a la independencia, porque ese derecho también se desprende de los principios elementales del socialismo. Como único remedio a la opresión nacional, invitó a los obreros de todas las naciones afectadas a no dedicarse cada uno en su país a edificar Estados independientes capitalistas, sino a unirse a las filas del socialismo internacional para acelerar la creación del sistema socialista que eliminará radicalmente, al mismo tiempo que la opresión de clase, cualquier otro tipo de opresión, incluida la opresión nacional.
Los socialpatriotas tienen en común con todos los utópicos pequeñoburgueses que consideran el descubrimiento de hechos históricos discordantes con su utopía como una prueba de indignidad personal de los que hacen tales descubrimientos.
La necesidad de poseer, además, el aparato de un Estado de clase independiente, que es un arma para oprimir a los obreros, en las circunstancias actuales, y teniendo en cuenta el carácter utópico de esta aspiración, no puede ser un interés real de los obreros, sino que se basa en una concepción pequeñoburguesa del mundo, tan extraña a los intereses reales del proletariado como al socialismo científico en general.
La dialéctica de la historia ha demostrado que no hay verdades ni derechos “eternos”.
Cuando los liberales de la Escuela de Manchester exigen que el trabajador asalariado sea abandonado a su suerte en su lucha contra el capital en nombre de la “igualdad de los ciudadanos”, nosotros desenmascaramos este cliché metafísico que no hace más que camuflar la más manifiesta desigualdad económica, y exigimos de una forma radical la protección legal de la clase trabajadora asalariada, rompiendo abiertamente con “la igualdad ante la ley” de tipo formal.
En base a los presupuestos generales del materialismo histórico, la posición de los socialistas respecto a los problemas nacionales depende, en primer término, de las circunstancias concretas de cada caso. El problema nacional en cada país cambia de carácter con el tiempo, y esto significa que deben realizarse nuevas y diferentes evaluaciones del mismo.
El concepto “nación”, como una entidad política y social homogénea, en realidad es una de esas categorías de la ideología burguesa a las que la teoría marxista sometió a una radical revisión.
En una sociedad clasista, “la nación”, como entidad política y social homogénea, no existe.
En la esfera de las relaciones económicas, la clase burguesa representa los intereses de la explotación, el proletariado, los intereses del trabajo. En el terreno de las relaciones legales, la piedra angular de la sociedad burguesa es la propiedad privada. Los intereses del proletariado exigen que los hombres desposeídos se emancipen de la dominación de la propiedad. En el área judicial, el proletariado defiende el principio de tener en cuenta la importancia de las influencias sociales sobre el individuo. Las clases poseedoras tienen su visión del mundo, representada por el idealismo, la metafísica, el misticismo, el eclecticismo; el proletariado moderno tiene su propia teoría, el materialismo dialéctico.












