
El Ministerio de Defensa español ha intensificado en los últimos años su presencia en los institutos de secundaria de los barrios obreros. Las charlas de reclutamiento presentan el alistamiento militar como una salida profesional estable, una oportunidad de formación y un camino hacia un futuro económicamente seguro para la juventud trabajadora. Sin embargo, la precariedad del soldado raso, la disciplina extrema y la subordinación a los intereses geopolíticos de la OTAN quedan deliberadamente fuera del discurso institucional.
En este sentido, las nuevas convocatorias de reservistas voluntarios dirigidas a la generación Z utilizan incentivos económicos diseñados para captar jóvenes en situación de vulnerabilidad. De hecho, las indemnizaciones diarias se calculan como multiplicadores del SMI, llegando hasta los 2400€ brutos/mes. Esta cifra resulta irresistible para aquellos que provienen de entornos donde el paro juvenil alcanza porcentajes alarmantes y donde las perspectivas laborales se reducen a ocupaciones precarias y mal remuneradas.
Esta dinámica no es nueva y, de hecho, recuerda a algunos episodios de la historia contemporánea. Por ejemplo, el sistema de levas que operó entre 1909 y 1912 se basaba en una discriminación de clase clara y cristalina. En aquellos años, durante la guerra de Melilla, la denominada redención en metálico permitía a las clases acomodadas pagar para librarse de ir a morir al Rif, de manera que los obreros se convertían en los únicos enviados al frente. Por otro lado, a pesar de que la reforma de la Ley de Reclutamiento de 1912 se vendió como universal y equitativa, en realidad creó la figura del soldado de cuota, que facultaba a los hijos de familias adineradas a reducir drásticamente el tiempo de servicio civil y elegir destino. Esta continuidad histórica nos muestra que la militarización selectiva de la juventud de extracción obrera y popular constituye una constante estructural del Estado español.
Esta constante histórica se reproduce ahora en el contexto europeo. Por un lado, Alemania ha impulsado en enero de 2026 una modernización de su servicio militar que reinstaura el cuestionario obligatorio de aptitud para todos los jóvenes además de imponer restricciones de salida del país a los varones de entre diecisiete y cuarenta y cinco años, unas medidas que constituyen un peligroso paso hacia un retorno del reclutamiento forzoso. Francia, por su parte, ha tenido que cancelar a principios de 2026 el Servicio Nacional Universal, un proyecto que prometía cohesionar a la juventud pero que ha fracasado estrepitosamente al mostrar las condiciones de precariedad impuestas a los participantes. Ambos casos son sólo algunas evidencias palpables de la deriva militarista de la Unión Europea.
Frente a esta deriva, resulta imprescindible desmontar la propaganda que pretende envolver de patriotismo y deber cívico lo que no es más que una instrumentalización de los cuerpos jóvenes al servicio de la OTAN. Las guerras imperialistas buscan someter a otros pueblos en pro de los intereses de la burguesía, y en sus trincheras siempre mueren los y las proletarias. El discurso de la clase dominante busca deliberadamente fracturar la conciencia de clase al presentar a la clase trabajadora de otros países como enemigos, cuando en realidad comparte las mismas condiciones de explotación. Este mecanismo de división ha sido utilizado históricamente para desviar la ira popular hacia chivos expiatorios exteriores y para impedir que la clase trabajadora se organice y reconozca sus intereses comunes más allá de las fronteras estatales.
Por ello, la única respuesta coherente ante esta ofensiva militarista es la solidaridad obrera internacionalista y la negativa rotunda a convertir el propio cuerpo en instrumento de la burguesía. Los y las jóvenes trabajadoras de España, de Alemania, de Francia o de cualquier otro país europeo no tienen nada que ganar en los conflictos que la OTAN promueve. La emancipación de la clase obrera no pasará nunca por los cuarteles ni por las misiones internacionales, sino por la organización y la lucha colectiva por unas condiciones de vida dignas que no dependan de la caridad del Ministerio de Defensa. De este modo, es vital denunciar esta deriva y luchar por alternativas dignas y seguras para la juventud de extracción obrera y popular.
Guillem Rullo












