
El verano es una época de noticias ignoradas. Ciertamente, poner el foco en unas cosas, oscurece otras, pero en verano esto sucede con más fuerza. Entre el mundial, los incendios y la “invasión” de Ceuta, el relato continua desplazando la subjetividad dominante a la derecha. Pero en el flujo de informaciones ignoradas, conviene destacar algunas noticias que demuestran la tendencia represiva que nos imponen.
El pasado agosto, el gobierno alemán amplió las competencias de los servicios secretos para hacerlos más operativos frente a las amenazas terroristas. Hasta ahora, los servicios secretos recogían información, a partir de ahora, su capacidad para espiar, hackear y manipular datos aumentará para protegernos de un terrorismo en el que, tal vez, nosotros mismos estemos incluidos. Más significativo es lo de Francia. El pasado julio, la Asamblea Nacional aprobó, por 313 votos frente a 199, el proyecto de ley que establece el uso legítimo de las armas de fuego por parte de la policía, es decir, la policía no tendrá que justificar por qué dispara, más bien, habrá que demostrar por qué se es disparado. Ahora bien, la impunidad de la policía no es novedad. Las garantías legales frente a la excesos policiales pocas veces tienen efecto. El uso desproporcionado de la fuerza suele acabar archivado, solo la presión popular logra que estos casos tengan más recorrido (veremos en qué acaba el caso Haitam o el caso Nahel en Francia). Entonces, por qué esta ley ahora.
Especulemos un poco por qué ser de gatillo fácil va a estar amparado por ley. Podría ser populismo reaccionario. Si la extrema derecha es favorita, entonces la enfrentamos siendo más fascistas. Por fin habrá mano dura, el buen ciudadano puede dormir tranquilo. Así nos ganamos el corazón aspiracional del burguesito blanco que curiosamente siempre sortea los controles “aleatorios” de la policía, el que nunca tiene que ver en el hipermercado como le sigue el de seguridad por todos los pasillos. Antes, lo que hacia quedar bien, era defender los derechos, aunque luego fuera falso, ahora, lo que da votos es lo contrario.
Por otro lado, la medida no es efectista, es escandalosamente represiva. No busca atajar la delincuencia que supuestamente nos asola. La delincuencia y la violencia policial se retroalimentan, la delincuencia no surge de la naturaleza maligna de algunos sujetos, razas o culturas, es estructural al capitalismo, cuya generación continua de pobreza encuentra en la delincuencia una perfecta válvula de escape, además de un excelente argumento ideológico. Más bien, será para adelantar las nuevas prácticas del poder, es decir, para ir preparando el terreno para cuando las protestas por los recortes, no ya de las prestaciones, sino directamente en los derechos, se masifiquen y el autoritarismo del estado burgués termine definitivamente con el mito del estado social y de derecho.
Una última reflexión. De dos voces que nos hablan desde el otro lado de la blanquitud, Achile Mbembe y Frantz Fanon. La necropilítica, propia del imperialismo en su fase de descomposición, no es unicamente la agenda de guerra, es cómo directamente se decide la muerte mediante la asfixia territorial, la destrucción de los recursos, el urbanismo genocida con demoliciones y barreras físicas que consiguen desplazar, aislar y liquidar a poblaciones enteras. El control sionista de los territorios palestinos, o la política migratoria y de fronteras, son un ejemplo. Es el poder colonial como gestión generalizada del capitalismo, en el que la violencia no es una irrupción repentina, es el modo en el que el sistema se construye. En superficie, no es violencia disparar a un criminal porque la etiqueta lo justifica, y es ahí donde reside su verdadera violencia.
Eduardo Uvedoble












