Así titulaba en 1975 el grupo Supertramp uno de sus más destacados álbumes.  Una pregunta retórica con la que miraron de frente las consecuencias del, entonces embrionario, proceso de desindustrialización y de ataque a los derechos laborales y sociales de las masas trabajadoras propiciado por el sector dominante de la burguesía británica a partir de la conocida como Crisis del 73 o Crisis del Petróleo.

Un proceso con réplicas en todas las economías capitalistas que contó con referencias inequívocas en personajes de tan ingrata memoria para el movimiento obrero y popular como Pinochet, Thatcher, Reagan o Milton Friedman.  Fueron años de intensa lucha de clases entre un movimiento obrero dispuesto a defender los derechos arrancados años atrás a la burguesía, frente a unos monopolios necesitados de implementar procesos de privatización y financiarización de la economía que actuasen como contratendencias con la que superar la creciente caída de la tasa de ganancia y nivelar sus balances.

Años complejos en los que la socialdemocracia en sus más variadas versiones, mutó definitivamente en un avezado gestor de los intereses de los monopolios y pasó a desarrollar disciplinadamente  todos los ajustes sociales demandados por el gran capital.  Años de confrontación, pero también de claudicación por el avance de las políticas de aceptación del mal menor que, a través de múltiples pactos sociales, acabaron integrando a gran parte de las organizaciones políticas y sindicales naturales del movimiento obrero –incluidos todos los partidos eurocomunistas- en las estructuras institucionales de sus estados.

Su dependencia política y económica del estado burgués, provocó que abandonaran  las posiciones de clase necesarias para proyectar la defensa de los intereses y necesidades de las masas trabajadoras en el marco del proceso de lucha por el Socialismo.

Años de derrotas y retrocesos que alcanzaron su cénit con la disolución de la URSS y la derrota temporal del Socialismo en el Este de Europa.

Pues bien, años después, cuando tipos como Netanyahu, Milei, Trump, Lagarde o Narco Rubio por nombrar solo a alguno de los más significativos personajes que caracterizan la decadencia civilizatoria imperialista, ya están sometiendo a la Humanidad a un acelerado proceso de Guerra Global Total, es más necesario que nunca que, esta vez sí, los partidos comunistas respondamos con firmeza a su violenta ofensiva, pues no hacerlo ya sabemos los resultados tan negativos que tiene.

La actual Cruzada del capitalismo internacional contra la clase obrera y los pueblos, cuya punta de lanza es la permanente campaña de criminalización del comunismo y de los partidos comunistas, no puede quedar sin una réplica por nuestra parte a la altura de las exigencias que, en este momento, impone el desarrollo de la lucha de clases a las organizaciones de Vanguardia.

En momentos cruciales de la Historia como el actual, evadirse de las responsabilidades y mirar hacia otro lado esperando que el temporal amaine,  no es una opción factible. Camuflar esta posición de derrota bajo el discurso de la necesidad de frenar a la ultraderecha y limitar nuestras propuestas a  una mera defensa de la formalidad institucional burguesa, tampoco lo es en ningún caso. La alternativa, una vez más, no es elegir entre Kerenski o Kornilov.

LA ALTERNATIVA ES EL SOCIALISMO.

Todo análisis materialista de la realidad actual del Capitalismo en su fase de desarrollo imperialista, demuestra que sus elevados niveles de violencia, obedecen a la necesidad de defender con todos los recursos a su alcance, la posición hegemónica que le permite sostener su dominación. No es una violencia gratuita la que ejercen por doquier, ni responsabilidad de determinados dirigentes hacerlo; muy al contrario, es necesario no caer en la trampa y  confrontar firmemente con ese discurso erróneo mostrando bien a las claras que, por su carácter estructural, no es un asunto que se resuelve con nuevos liderazgos, sino con un cambio de sistema

Igualmente, para valorar la urgencia civilizatoria de una alternativa socialista, es imprescindible tener en cuenta otros elementos que, sumados  a la crisis de acumulación de capital, que es el hecho material fundamental de la situación de crisis general del Capitalismo, generan nuevos factores de desestabilización del hegemón occidental que precipitan su decadencia y aceleran su violencia. La  creciente realidad multipolar en torno al eje China, Rusia, Irán, RPD Korea, la crisis de los hidrocarburos y minerales estratégicos impulsada por la agresión yanqui/sionista a Irán y la quiebra del flujo comercial que ello conlleva, son, junto a la crisis climática, alguno de los factores de ahondan la quiebra innegable de un sistema cuya existencia es sinónimo de barbarie.

Llegados a este punto en el que la actualidad de la consigna de Socialismo o barbarie, queda superada por la de Socialismo o nada como afirmara en su momento el Comandante Fidel Castro; se acaba el tiempo y ya no hay espacio para la tibieza. Es ahora o nunca.

Trabajemos para unir nuestras fuerzas a la de todos los aliados con los que, desde este mismo momento, podamos avanzar en la articulación de un amplio y diversos Frente Mundial Antiimperialista en el que los partidos comunistas actuemos con una voz propia acorde a la correlación de fuerzas, pero nunca subsumidos a la de otros actores políticos. Acordemos con ellos una plataforma de acción fundamentada en los acuerdos políticos básicos: defensa de la Paz, respeto a la soberanía e independencia de los pueblos, rechazo a los bloqueos y sanciones, contra la OTAN y las bases yanquis, rechazo al incremento de los gastos militares...y trascendamos nuestras consignas y posicionamientos a todas la estructuras del movimiento obrero y popular.

Parece obvio, pero son muchos los años en los que esta proclama mil veces repetida e incuestionable, no pasa de ser un llamamiento retórico vacío de una realidad práctica que trasciende a la lucha de clases.  

Seamos los partidos comunistas quienes asumamos esta responsabilidad de darle un giro de 180º a esta situación.  Demos ese paso práctico y, al mismo tiempo que estaremos cumpliendo con una tarea de primer orden propia de nuestro carácter de organizaciones de Vanguardia, estaremos construyendo en la práctica la cada vez más necesaria y exigible  coordinación comunista en Europa y en el Mundo.

 No hay tiempo que perder. Llegó la barbarie, luchemos por el Socialismo.

Julio Díaz.

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