
Desde hace años se está impulsando una campaña orquestada y pagada por grandes capitales y la reacción política a través de las redes y medios con tendencias como las Tradwife, el Body count, los movimientos prolife y el “avivamiento” religioso, por un lado asistimos a la misoginia de siempre bautizada ahora con anglicismos y adornada de supuestos parabienes sociales siendo realmente una respuesta del capital a su crisis estructural.
El último año en el Estado español ha dejado una realidad evidente: la crisis del capitalismo no es neutral, su componente de clase y de género es claro, las grandes empresas mantienen beneficios millonarios y el capital protege sus intereses, y las mujeres de la clase trabajadora soportan las consecuencias mediante salarios más bajos, mayor precariedad y una creciente carga de trabajo de cuidados.
A pesar de la discursiva machista de que las mujeres robamos el trabajo, los datos tozudos muestran que el pilar económico de la ofensiva mayor son la explotación y la precariedad. El 73% de los contratos a tiempo parcial y el 60% de las personas que ganan menos del SMI son mujeres. Los sectores feminizados - cuidados, limpieza, hostelería, teleoperadoras, grandes superficies - son los que han perdido más poder adquisitivo con la inflación de 2024-2025.
Otro mantra repetido hasta la saciedad es que “las mujeres hemos llegado demasiados lejos”, pero el Estado sigue descargando el trabajo de cuidados en las mujeres, otro pilar de esta ofensiva: la transferencia de los cuidados al ámbito familiar. Con listas de espera de 8 meses en dependencia e insuficiencia de recursos, recortes en centros de día, deterioro de la sanidad pública y la falta de escuelas infantiles son las mujeres quienes cargan con ese trabajo invisible, gratuito y sin reconocimiento, permitiendo que el sistema continúe funcionando a costa de su tiempo, su salud y su de desarrollo personal y laboral.
Otro idea apocalíptica es "crisis demográfica = las mujeres no quieren ser madres" responsabilizando al feminismo de problemas como la baja natalidad, ocultando las verdaderas causas: la precariedad laboral, los bajos salarios, el acceso casi imposible a la vivienda y la ausencia de políticas públicas de socialización de cuidados.
La ofensiva tiene otro pilar: la lucha ideológica, con avance de posiciones reaccionarias que pretenden cuestionar conquistas históricas del movimiento feminista y obrero mediante ataques a los derechos sexuales y reproductivos, la educación afectivo-sexual, el derecho al aborto, la legislación contra la violencia machista o el reconocimiento de la igualdad de género, no solo pretende modificar determinadas leyes, sino desplazar el debate político hacia posiciones conservadoras y reforzar un modelo de familia tradicional que sustituya al Estado en la provisión de derechos sociales.
Esto no es casual ni cultural, responde a la necesidad del capital y sus representantes de hacer pagar la crisis a la clase trabajadora, y dentro de ella, a las mujeres con mano de obra barata, dócil y sin derechos. Avanzar en la organización de la clase y las trabajadoras dando la batalla ideológica por el Socialismo es el camino, porque los derechos conquistados no son irreversibles, o se defienden en la calle y en los convenios o se pierden.
Tatiana Delgado.












