Por tanto, la teoría del valor es especialmente útil para tratar correctamente el fenómeno de la financiarización. Una presentación ampliamente difundida es decir que los capitales tienen la alternativa de invertirse en la esfera productiva o de colocarse en los mercados financieros especulativos, optando entre ambos en función de los rendimientos esperados, pero uno no puede enriquecerse en Bolsa más que sobre la base de una punción operada sobre el plusvalor, no pudiendo el movimiento de valoración bursátil autoalimentarse indefinidamente. El retorno de lo real remite a la explotación de los trabajadores, que es el “verdadero fundamento” de la Bolsa: el crecimiento de la esfera financiera y de los ingresos que produce no es posible más que en proporción exacta al aumento de la plusvalía no acumulada.

Clásicamente, una de las objeciones dirigidas a la teoría del valor es que los salarios representan una fracción cada vez más reducida de los costos de producción (del orden del 20 %). Pero aquí no se encuentran los denominados equipamientos que incorporan en sí mismos trabajo asalariado y esta baja de salarios directos corresponde igualmente a una externalización de ciertos servicios o la subcontratación de ciertos segmentos productivos, llegándose a un 60 % de la parte representada por los salarios en el conjunto de las empresas, cifras que verifican que la fijación de los patrones sobre la masa salarial corresponde a una concepción muy pragmática de la relación de explotación.

Por otro lado, las teorías de la “nueva economía” concluyen que las nuevas tecnologías dejarán obsoleto el valor-trabajo. La determinación del valor de las mercancías por el trabajo socialmente necesario a su producción ya no correspondería a la realidad de las relaciones de producción. Las nuevas tecnologías introducirían cuatro grandes transformaciones en la producción de mercancías: inmaterialidad (una buena parte de las mercancías de la “nueva economía” son bienes y servicios inmateriales, la mercancía moderna tiende a convertirse en virtual), reproductibilidad, indivisibilidad y rol del conocimiento (en palabras de Yann Moulier-Boutang, en el capitalismo cognitivo el conocimiento se convierte en el recurso principal del valor y el lugar principal del proceso de valorización).

Con respecto a la inmaterialidad, debe recordarse que lo que da fundamento a la mercancía es una relación social ampliamente independiente de la forma concreta del producto: es mercancía lo que se vende como medio de rentabilizar un capital.

Con respecto al rol del conocimiento, ya Marx señalaba que “la acumulación del saber y de la destreza, de las fuerzas productivas generales del cerebro social, es absorbida así, con respecto al trabajo, por el capital, y más precisamente del capital fixe, en la medida en que este ingresa como verdadero medio de producción al proceso productivo”. Se ve que en el ámbito del marxismo la idea de que el capital goza de la facultad de apropiarse de los progresos de la ciencia y del conocimiento no tiene nada de nuevo. Ya Marx explica que el capital “por un lado despierta a la vida todos los poderes de la ciencia y de la naturaleza, así como de la cooperación y del intercambio sociales, para hacer que la creación de la riqueza sea (relativamente) independiente del tiempo de trabajo empleado en ella”. Es en este sentido, que el capital es una relación social de dominación. La escuela pública no se refiere a ninguna otra cosa que a esta forma de inversión social, como la captación del trabajo doméstico como factor de reproducción de la fuerza de trabajo. La idea misma de distinción entre trabajo y fuerza de trabajo en el fondo se basa en esto.

Secretaría de Formación

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