Desde el 7 de octubre de 2023, cuando el pueblo palestino decidió lanzar el primer contraataque desde hacía décadas al monstruo sionista, en respuesta al genocidio sufrido desde 1948, la Unión Europea está jugando a las siete y media: la clase obrera y los pueblos del mundo son sus contrincantes; Trump y Netanyahu se turnan para repartir; y las grandes corporaciones tecnológico militares mezclan, cortan y marcan la baraja. En estos momentos de crisis general del modelo de producción capitalista, de una crisis de sobreproducción irrecuperable, la Unión Europea debe jugar con cartas cubiertas, ir de farol y lucir una mueca de decepción y condena ante el genocidio perpetrado contra el pueblo palestino, porque su papel en la cadena imperialista es periférico y todavía depende de la ingenuidad del proceso electoral para legitimarse.

Sin embargo, todas las condenas formales y por escrito del genocidio no son nada comparadas con la inversión multimillonaria que están depositando al capital de la muerte, a empresas tecnológicas que dedican sus fuerzas productivas a elaborar armas, drones, inteligencia artificial aplicada al campo de batalla, robots militares, sistemas electrónicos de vigilancia, etc. Así lo ha mostrado el Observatori de Drets Humans i Empreses a la Mediterrànea. Existen nueve puertas de entrada de la tecnología sionista a Europa: el rearme europeo, la guerra en Ucrania, la inversión en Alemania, las ferias de tecnología y ciberseguridad, el softlanding en Chipre, la estructura financiera de Luxemburgo, la adquisición de empresas europeas, el acceso a programas de financiación europeos, y el ecosistema tecnológico empresarial de Barcelona.

No es posible para un Gobierno apoyar al pueblo palestino y mantenerse dentro de la estructura militar de la OTAN sin caer en una contradicción. Empresas sionistas como Elbit Systems o Rafael Advaced Defense Systems transfieren sus tecnologías y armamento a la OTAN desde hace años, beneficiándose de la contratación conjunta de armamento y otros productos militares y logísticos a través de la NATO Support and Procurement Agency (NSPA). Asimismo, permiten que empresas más pequeñas, pero en crecimiento, como NextVision, especializada en cámaras de alta precisión para drones, expandan su tasa de ganancia más allá de las ilegítimas fronteras de los territorios palestinos ocupados. De hecho, el 55 % de los beneficios de NextVision proviene del mercado europeo.

Asimismo, es necesario detenerse en el programa DIANA (Defence Innovation Accelerator for the North Atlantic), cuyo objetivo es impulsar la innovación tecnológica de doble uso con posibilidad de adquisición por parte de la OTAN. Cada año, el programa facilita a empresas emergentes y pymes el acceso a financiación, a centros de pruebas, y a referentes del sector militar. En cada una de las dos ediciones celebradas, se observan vínculos con empresas sionistas. En el 2024 se concedió a la estadounidense Zepher Flight Labs, especializada en diseño y producción de drones, que fue comprada un año más tarde por la sionista Heven Drones, que desarrollan drones propulsados por hidrógeno. Asimismo, en 2025 se premió a la británica SB Technologies, que comercia conjuntamente con la sionista XM Cyber, fundada por el exalto cargo del Mossad Tamir Pardo.

Este programa coopera con 20 ecosistemas de innovación y 180 centros de pruebas, entre los que figura el Instituto Nacional de Cibersegurdad de España. Desde 2023 ha participado en ferias de ciberseguridad en la Palestina ocupada (CyberTech Global 2025) y ha organizado jornadas con empresas sionistas, colaborando con algunas como Dream Security, fundada por Shalev Hulio.

Mientras la Europa de la equidistancia y, en especial, el Gobierno reformista PSOE-Sumar proclaman una falsa solidaridad con Palestina, el capital sionista se enriquece ante nuestras narices. Ya no pueden jugar al descubierto con esas cartas, porque Palestina ha ganado la batalla mediática y la clase obrera mundial se volcado en su defensa. Pero los pueblos del mundo no podemos seguir jugando a las siete y media: debemos dar un golpe en la mesa, tomar la baraja y ponerla al servicio de nuestra clase bajo control obrero.

Gabi

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