Más que por el recurso al conocimiento el capitalismo contemporáneo se caracteriza por una estructura particular de costos en un creciente número de sectores: una aportación inicial de fondos importante y concentrado en el tiempo en la que los gastos de trabajo cualificado ocupan un lugar creciente, una desvalorización rápida d ellas inversiones que hace necesario amortizar y rentabilizar en un período corto, costos variables de producción o de reproducción relativamente débiles, y la posibilidad de apropiación casi gratuita de la innovación o del producto.
Rullani tiene razón cuando dice que el valor del conocimiento no depende de su rareza sino que “se deriva únicamente de las limitaciones establecidas, institucionalmente o de hecho, al acceso del conocimiento. El valor de cambio del conocimiento está entonces totalmente ligado a la capacidad práctica de limitar su libre difusión. Es decir, limitar con medios jurídicos (patentes, derechos de autoría, licencias, contratos) o monopolistas la posibilidad de copiar, imitar, reinventar, aprehender los conocimientos de otros”.
Más que la emergencia de un nuevo modo de producción lo que se muestra es la brecha de una contradicción absolutamente clásica entre la forma que toma el desarrollo de las fuerzas productivas (la potencial difusión gratuita) y las relaciones de producción capitalistas que buscan reproducir el status de mercancía. Ya Marx señaló esta contradicción mayor del capital: ”por un lado despierta a la vida todos los poderes de la ciencia y de la naturaleza, así como de la cooperación y del intercambio sociales, para hacer que la creación de la riqueza sea (relativamente) independiente del tiempo de trabajo empleado en ella. Por el otro lado se propone medir con el tiempo de trabajo esas gigantescas fuerzas sociales creadas de esta suerte y reducirlas a los límites requeridos para que el valor ya creado se conserve como valor. Las fuerzas productivas y las relaciones sociales -unas y otras aspectos diversos del desarrollo del individuo social- se le aparecen al capital únicamente como medio, y no son para él más que medios para producir fundándose en su mezquina base. De hecho, empero, constituyen las condiciones materiales para hacer saltar a esa base por los aires”.
André Gorz resume en una fórmula la incoherencia: “el capitalismo cognitivo es la contradicción del capitalismo”. Las mutaciones tecnológicas muestran que este modo de producción, como señaló Marx “ha alcanzado en su desarrollo de las fuerzas productivas una frontera pasada la cual no puede sacar plenamente partido de sus potencialidades más que superándose hacia otra economía”. Para salir de esta contradicción Marx señaló que “es necesario que sea la propia masa obrera la que se apropie de su plustrabajo. Cuando haya hecho esto (dicho de otro modo, la revolución social) es cuando se llega al punto en que no es en ningún modo el tiempo de trabajo sino el tiempo disponible lo que es la medida de la riqueza”.
El capitalismo de hoy se distingue por un proyecto dogmático doblemente reaccionario de transformar en mercancía lo que no lo es o no debería serlo. Es doblemente reaccionario porque afirma a la vez la voluntad del capitalismo de regresar a su estado natural borrando todo lo que había podido civilizarlo y revela su incapacidad profunda para hacerse cargo de los nuevos problemas que se plantean a la humanidad.
Secretaria de Formación del PCPE












