Es muy probable que esta frase ya haya desaparecido del imaginario, que la lógica de la aceleración, cualidad fundamental del llamado turbocapitalismo, la haya hecho desaparecer, borrada de la historia como tantas otras cosas. A fin de cuentas, quién se acuerda ya del cadáver del pobre Aylan, aquel niño que apareció muerto en una playa turca como consecuencia de una de las muchas crisis humanitarias de este miserable sistema, es más, y quién se acuerda ya de Renée Good o de Maduro, quién se acordará mañana de los muertos de hoy. Si el imperialismo ha logrado ahogarnos en la novedad infinita, en un perpetuo scrolling, consumiendo una y otra vez el mismo relato pero con nombres distintos. Cómo vamos a recordar aquel España va bien de hace 30 años, cuando lo popularizó aquel personajillo, tan miserable como despiadado, y que todavía nos ofrece titulares que demuestran su miseria moral, aquel führercito, como lo llamó Fidel. En aquella ocasión veníamos de la crisis del 93, los millones de parados, mezclados con los escándalos de corrupción, alimentaron la falsa conciencia de que todo era culpa de los políticos, que todo había sido un gran despilfarro y hacían falta cambios estructurales. Y allí estaba Aznar, continuando lo que había empezado Felipe González: la privatización de Telefónica, Repsol, Endesa, Iberia, Argentaria, también fue el boom del trabajo temporal y las ETTs, el boom inmobiliario, la LOGSE, la ley 15/1997, y luego el euro y todo lo demás. Las familias se endeudaban y el empleo estable era una quimera, pero España iba bien.
Hoy, la socialdemocracia en el gobierno saca pecho y nos repite y nos insiste de lo bien que va la economía, de la cantidad de empleos que hay, de las subidas del salario mínimo, del diálogo social, etc., pero el alquiler medio de un piso en un barrio pobre de Madrid, donde se concentra la clase obrera, supera el salario mínimo. Los precios suben, igual que la gasolina y la luz, y encima la aceleración del urbanismo antisocial que expulsa a las familias para convertir los barrios en ambientes cool para turistas. El transporte es deficiente, la vida social está degradada, comer sano es cada vez más caro, y no hablemos ya de cómo está la sanidad, o el estado de maltrato de la educación pública, o cómo para lograr cualquier titulito o acreditación, cualquier curso o máster te obliga a endeudarte. El informe FOESSA, elaborado por Cáritas, señala el aumento notable de la caída del nivel de vida. Y todo esto con una nueva versión del España va bien.
Por tanto, si en bonanza hay que pelear el salario, y en épocas de crisis es el primero que debe sacrificarse, si cuando la economía va bien es gracias a la patronal, que es muy competitiva y crea empleo, y cuando va mal, culpa es del pueblo trabajador que ha vivido por encima de sus posibilidades. Entonces, ¿no vive la clase obrera en una continua crisis? Cuánta mentira es capaz de aguantar un pueblo, cuánto de profunda puede ser la alienación, hasta qué punto puedes seguir pensando que las sardinas en conserva son entrecot, cuándo se van a dar cuenta los pobres de que no son ricos. Cuando sabes que tus padres, que nunca vivieron de lujo, siempre veranearon en su pueblo y hacían la compra según las ofertas del DIA o del PRYCA, vivirán mejor de lo que tú podrás, es momento ya de retomar esa famosa máxima que dice los proletarios no tienen nada que perder excepto sus cadenas. Y tienen un mundo por ganar.
Eduardo Uvedoble













