
¿En las próximas convocatorias electorales (autonómicas, municipales y generales), el electorado que vota habitualmente a “las formaciones políticas situadas a la izquierda del PSOE”, y que defienden poder “cambiar las cosas en beneficio de la clase trabajadora desde la gestión capitalista”, se dejará de nuevo embaucar? ¿Tendrá la memoria tan corta como para olvidar las promesas incumplidas durante los gobiernos de coalición habidos en las dos últimas legislaturas, precisamente por esa “izquierda transformadora” que astutamente afirmaba querer “asaltar los cielos”, y ahora se emperifolla a toda prisa para repetir mandatos y volver a chupar del bote? ¿Prevalecerán otra vez esos argumentos insidiosos y arribistas? Caer nuevamente en la estrategia gatopardista de cambiar para que finalmente todo siga igual o en el manido principio de elegir el mal menor, son opciones torpes y cansinas, además de inoperantes para los intereses de los currantes. Primero, tras las manifestaciones masivas del 15M se urdió PODEMOS, realmente para canalizar el descontento popular y así obstaculizar la posibilidad de una opción política más radicalizada. Sin embargo, con el tiempo el hallazgo perdió fuelle: Pablo Iglesias, líder de los morados, se cortó simbólica y literalmente la coleta; sus ministros en el segundo gobierno Sánchez y sus diputados en la Cámara Baja se esfumaron por infructuosos, y por si fuera poco, en las últimas elecciones autonómicas no se han comido un rosco. Después, para proseguir el apuntalamiento del PSOE en su tercera legislatura y encandilar al personal, se inventó SUMAR, de la inefable Yolanda Díaz. En verdad, un apéndice de Izquierda Unida engordado con pocos ingredientes más. Y todos tan ufanos. Pero, ¿y lo de asaltar los cielos?, pues res de res, que es el léxico de moda. Sí, porque tras los últimos batacazos electorales de unos y otros, y ante las elecciones que se avecinan, urgía más bien remangarse y cavilar sobre “Que s’ha de fer?” (“¿Qué hay que hacer?”) con objeto de no periclitar y disiparse. Y a ello se ha prestado, con el apoyo inestimable y explícito del gobierno socialdemócrata y de ciertos medios de comunicación, el peculiar portavoz de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) en el Congreso, Gabriel Rufián.
Vender humo
¿Y todo ese ajetreo, para qué? ¿Para hacer desde el tendido lo que son incapaces de ejecutar en el albero? ¿Para confirmar la imposibilidad de cambiar porque es Pedro Sánchez quien corta el bacalao? Veamos las cosas como son, y menos vender humo. Concretamente, ¿qué ha cambiado en beneficio de la clase obrera y otros sectores populares con los gobiernos de coalición PSOE-PODEMOS y PSOE-SUMAR? ¿El problema de la vivienda? ¿Los desahucios? ¿El deterioro de la sanidad pública? ¿El coste de la vida? ¿La precariedad laboral? ¿Los reducidos salarios y las exiguas jubilaciones? ¿Nuestra pertenencia a la OTAN, al tiempo que el pacifista Sánchez clama sin que nadie le replique la creación de un ejército europeo “mañana mismo”? No, nada de esto cambiará obviando la lucha de clases. Es el capitalismo quien marca la pauta en todo, y no cederá en sus intereses vitales si nadie le rechista resueltamente. Insinuar lo contrario es engañar a la gente, mismo si esta es proclive a creerlo por lo de no comprometerse.
Por tanto, guste o no, sólo la opción revolucionaria, la que conciencia y organiza a la clase trabajadora en su acepción más amplia para acabar con el capitalismo y construir el socialismo, podrá terminar con tanta ignominia. Un espacio político que sólo los/as comunistas como vanguardia obrera pueden ocupar. Que podamos lograrlo de ti depende. Si no, habrá más de lo mismo por mucha salsa catalana que le echen. Para pensárselo antes de votar, ¿no os parece?
José L. Quirante












