
A lo largo de este mes de marzo de 2026, en el sector del metal de Cádiz, sobre todo en las factorías de Navantia de Cádiz, Puerto Real y San Fernando, se ha venido desarrollando una campaña de denuncia (una más) por la existencia de “listas negras” de la patronal para la contratación de personal. En estas “listas negras” están los nombres de aquellas trabajadoras y trabajadores que, en algún momento, se han significado en las luchas reivindicativas que la clase obrera viene manteniendo contra la patronal en defensa de derechos tales como que se respete el convenio del sector vigente en cada momento o que se respeten las normas de prevención de riesgos laborales, etc. A aquellas trabajadoras y trabajadores que aparecen en tales listas se les niega sistemáticamente el acceso al trabajo en las grandes (y menos grandes) factorías y talleres del metal, obligándolos a tener que emigrar a otras zonas del Estado o del extranjero para poder vender allí lo único que poseen, su fuerza de trabajo a cambio de un jornal con el que mantenerse. En esta campaña llevada a cabo, principalmente, por sindicalistas con una larga experiencia en ser represaliados, se han estado recogiendo firmas entre la población, se mantienen conversaciones y contactos con diversas personalidades de la política municipal y autonómica, y se plantean acometer diversas acciones para eliminar esa lacra de las “listas negras”.
Pero tales prácticas por parte de la patronal no son nuevas en absoluto. Tales prácticas, conjuntamente con otras muchas, se vienen realizando desde el mismo momento en que el Capitalismo, según la famosa frase de K. Marx, “viene al mundo chorreando sangre y lodo por todos los poros”.
La burguesía, dueña de los medios de producción, necesita maximizar sus beneficios (plusvalía) a costa de quienes tienen que vender su fuerza de trabajo, el proletariado. Evidentemente, no permite ni lo ha permitido nunca, que la clase obrera se organice y defienda sus derechos, por muy elementales que estos puedan parecer. El patrono ve, con esa hipócrita moral suya, con enconado odio a cualquier trabajadora o trabajador que se atreva a reclamar algo más de lo que él está dispuesto a pagar o ceder. Lo entiende como un ataque directo a su posición de dominio.
Así pues, como no puede prescindir de la totalidad de la clase obrera, pues sin ella, el burgués, como el parásito que es, se muere de hambre, señala a los elementos más conscientes y rebeldes, y les niega el acceso a los talleres, fábricas y factorías, con la intención de que tales elementos no propaguen el peligroso virus de la emancipación entre el resto de trabajadoras y trabajadores. Esta es la esencia de las “listas negras”.
Ahora bien, ¿qué hacer para que esta odiosa práctica sea erradicada?
Naturalmente, las y los comunistas saludamos las acciones reivindicativas que la clase obrera emprenda, pero asumimos también la responsabilidad, como tarea esencial, de clarificar la situación histórica en que vivimos y cuál la táctica y la estrategia correcta para este momento. En este sentido, mientras que la clase obrera no se cuestione seriamente la propiedad privada de los medios de producción por parte de la burguesía y siga acudiendo a una u otra facción de esa burguesía (no olvidemos que la actual socialdemocracia, PSOE, SUMAR, IU, etc. son parte del entramado ideológico burgués), para resolver sus problemas, estará batallando bajo un pabellón que es ajeno a sus intereses.
El Partido Comunista debe resaltar la necesidad que tiene la clase obrera de contar con un discurso político e ideológico independiente del de la burguesía y sus fieles colaboradores, es decir, bajo pabellón propio; explicando que la única forma de garantizar la erradicación de las prácticas mafiosas de la patronal pasa por la erradicación de la propia patronal y su sistema capitalista, pasa por la construcción de una economía planificada en la que los medios de producción pasen a ser de propiedad colectiva.
F.J. Ferrer












