
4. Por un FMA que necesariamente debe ser un referente de acción política práctica de masas.
Muy vinculada al desarrollo de las alianzas, la acción decidida de las organizaciones comunistas en pro del FMA debe darse de forma acordada y coordinada, para transformar la correlación de fuerzas que, en ese espacio concreto de la lucha política y social, está hegemonizada por el reformismo. La prioridad es avanzar en la superación de las dinámicas de encuentros internacionales que no trascienden a la agenda de trabajo de las diversas estructuras de organización del movimiento obrero y popular en cada país. Impulsar una práctica militante comunista antiimperialista en el seno de los sindicatos y organizaciones vecinales, juveniles, culturales, feministas, etc., transmitiendo en ellas las orientaciones acordadas previamente en los espacios de encuentro antiimperialista, no solo es la única manera de construir en lo concreto el FMA, sino la forma más eficaz de superar la hegemonía reformista y hacer eficaces los encuentros que se realizan.
Solo de esa manera, que propicia la recuperación de valores internacionalistas y solidarios, se incorporarán a la lucha antiimperialista las masas llamadas a protagonizarla en cada formación social.
Ese es el reto que los partidos comunistas deben asumir cuando se habla de unir luchas para alcanzar victorias. No se trata solo de unir a quienes ya están incorporados al trabajo internacionalista a modo de una “coordinación” de militantes de distintas matrices, sino sobre todo de volver a hacer del internacionalismo proletario la gran bandera planetaria de la lucha revolucionaria del movimiento obrero y popular en la diversidad de todas sus expresiones y realidades.
Sin duda, será la consecución de ese propósito internacionalista, la verdadera forja de una sólida conciencia antiimperialista a la ofensiva, capaz de proyectarse más allá de la dinámica actual de acción/reacción frente a las agresiones en las que el enemigo imperialista siempre mantiene la iniciativa y el oportunismo la hegemonía de la respuesta.
5. La consideración del marxismo-leninismo como un cuerpo de conocimiento en permanente desarrollo, capaz de interpretar la realidad en su totalidad material para transformarla, exige que, en medio de la interesada proliferación de pseudo-teorías revolucionarias y/o enunciados talmúdicos disfrazados de leninismo - todos ellos absolutamente funcionales al imperialismo por igual -, se tenga la capacidad de fundamentar en la teoría marxista-leninista la totalidad de los análisis y posiciones - tácticas y estratégicas que adopten los partidos comunistas en el desarrollo de los propósitos antes enunciados.
Recuperar la iniciativa en el proceso hacia la articulación del FMA, no solo exige denunciar como ajena al marxismo-leninismo la bazofia teórica de la llamada “pirámide imperialista”, sino que impone confrontarla decididamente en los espacios en los que se pretende imponer.
6. Ni guerra entre pueblos, ni paz entre clases.
La lucha por la Paz, junto a la defensa de la soberanía e independencia de los pueblos y naciones, debe estar en la base del programa del FMA que impulsemos las organizaciones comunistas.
No una paz cualquiera, sino una paz articulada en torno a una lucha antiimperialista y de clase, que tenga como objetivo derrotar al imperialismo y al capitalismo, como sistema de dominación y explotación.
Es necesario un impulso por la paz que, frente a la escalada bélica, demuestre al pueblo trabajador que el único interés de la guerra es sostener las ganancias del capitalismo internacional, a costa de su vida y del empeoramiento de sus condiciones de trabajo.
Una lucha por la paz enmarcada en la lucha de clases, que transforme el belicismo imperante en un fuerte movimiento revolucionario de clase.
Julio Díaz.












