Es la hora de los pueblos, estamos en un momento crucial. El imperialismo yanqui-sionista supone la mayor amenaza a la humanidad, el genocidio palestino, los ataques indiscriminados al Líbano y ahora a Irán, la constante amenaza a la Revolución Cubana y el secuestro del presidente legítimo de Venezuela y su compañera son muestras de ello. Es el momento de unir luchas y ponerlas bajo una bandera común de solidaridad internacionalista y ruptura con el actual Régimen del 78 en España, es el momento de devolverle a la bandera de la República el contenido popular que siempre ha tenido. En este artículo analizaremos la situación del movimiento republicano en el Estado español y el papel que deben jugar los y las comunistas para que la lucha por la República sea rupturista y una muestra de solidaridad internacionalista.

El movimiento republicano en el Estado español se encuentra ante una gran debilidad política. La posición de los sectores de la izquierda socialdemócrata – PCE, PODEMOS, etc.- de evitar articular un movimiento republicano que se estructure con el objetivo de superar el Régimen del 78 sumerge a la lucha por la República en el ámbito memorial y folklórico. El actual movimiento carece de un contacto con los problemas de las masas, se centra en actividades de tipo reivindicativo pero que no enlazan con la realidad de la clase trabajadora y las clases populares.

La socialdemocracia de izquierda cuida, mantiene y se disputa entre ella las iniciativas estatales por la República como bala en la recámara, para usarla en un hipotético maquillaje del Estado español. Esto se demuestra con su insistencia sobre la posibilidad de un referéndum desde el Régimen del 78 hacia una República para culminar un hipotético movimiento democratizador en el Estado. Esta táctica “democratizadora” no es nueva, tiene un amplio recorrido histórico en nuestra historia al hundir sus raíces en las consecuencias de la perdida de las colonias españolas a finales del siglo XIX. Esta táctica ha sido rescatada por oportunistas de toda calaña bajo cualquier forma: la empleó Carrillo en la Transición, pero con rojigualda; la emplea hoy el nacionalismo interclasista de Bildu en Euskal Herria y fue la esencia política del “procés”: recordar los momentos próximos al referéndum, buscando arrastrar a las masas abrazando el término “República” por su carácter popular. El movimiento republicano bajo el dominio político de esta facción de la socialdemocracia es una de las balas en la recámara del bloque oligárquico-burgués para salvar el Estado español.

Esta facción de la socialdemocracia, incluyendo a algunos grupúsculos autodenominados “comunistas”, no les interesa construir República. La apuesta política que buscan articular por la República está vedada en este momento por la perfecta conjunción actual entre Borbón - gobierno de progreso -clase dominante. Esperan ondear la bandera de la República de forma decidida cuando puedan sacar rédito político. Ejemplos de este oportunismo los observamos ya en otras luchas, como la vivienda o contra la OTAN y las bases.

Es obligación de los y las comunistas articular la respuesta ideológica, política y organizativa. Nuestro objetivo es crear tanto organización por la República como vincular a los colectivos y organizaciones republicanas ya existentes con la lucha de la clase trabajadora y los sectores populares. Debemos evitar que la socialdemocracia arrastre a los comunistas y a todos esos compañeros que están por la República a ser una comparsa de sus intereses, para ello debemos realizar la batalla política, evitando posiciones sectarias e izquierdistas que nos aíslen en nuestro entorno local y estatal.

Debemos unir la lucha por la República con la solidaridad de los pueblos. La bandera tricolor debe acompañar a las de Palestina, Líbano, Cuba o Venezuela, debe estar presente en las marchas que se realizan contra las bases yanquis y de la OTAN, debe ser la bandera que nos acompañe en los conflictos obreros y en la lucha frente a la privatización de las conquistas obreras.

La orientación política en la lucha por la República es fundamental. El elemento determinante es que la participación en el movimiento republicano se fundamente en la lucha contra la monarquía, la ruptura con el Régimen del 78 y la clase social que lo sustenta. La transformación de la lucha por la República de folklórica a rupturista nos permitirá ligarla a las masas y desenmascarar a aquellos que solo buscan mantener una serie de estructuras y colectivos para tratar de ofrecer un salvavidas al actual estado de las cosas.

El PCPE tiene clara su apuesta y proyecto estratégico: la República Socialista Confederal. Entendemos que la realidad impone un único camino, que es la lucha por el socialismo, más en un momento de decadencia absoluta del orden burgués al que solo le vale la guerra para subsistir, dándole igual hasta su orden legal internacional. Esto también es una lucha ideológica que tenemos que abordar con nuestros compañeros/as de viaje, mediante el debate y la práctica militante en el frente, con la máxima flexibilidad táctica, pero con el mayor rigor estratégico. Una posible III República que barra la monarquía fruto de la voluntad popular sería un salto cualitativo, sin duda alguna, pero si esa III República no es más que el maquillaje al Estado español y a su clase dominante nos encontraremos ante otra estafa hacia nuestra clase, la clase trabajadora.

Avanzar hacia una ruptura con el Régimen del 78 y hacia la República es sinónimo de construir el Frente Obrero y Popular por el Socialismo. Los proyectos revolucionarios, aquellos que luchan por una forma de Estado que transforme la actual estructura de clases, son determinantes para acabar con la parcialidad de las luchas y el movimientismo. Unir las luchas y organizarlas hacia un proyecto revolucionario y de clase es la única forma de construir una nueva forma de republicanismo asociada inseparablemente a la clase trabajadora, la autodeterminación de los pueblos y la solidaridad internacionalista. La República Socialista Confederal es la forma de Estado para construir el socialismo en España y la única forma de Estado que puede ejercer una solidaridad internacionalista auténtica con los pueblos y su soberanía. Luchemos desde el presente para articular nuestra apuesta de futuro.

A. Moreno.

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