Según Wikipedia, la inflación "es el aumento sostenido y generalizado de los precios de los bienes y servicios en un mercado durante un período de tiempo, expresado en una determinada unidad monetaria. Cuando el nivel general de precios se incrementa, el poder adquisitivo de la moneda disminuye, ya que con la misma cantidad de dinero pueden adquirirse menos bienes y servicios".
Esta es una concepción «neutra» y hegemónica en las principales instituciones del capitalismo (FMI, bancos centrales...).
La definición en sí es correcta, pero superficial y centrada en las consecuencias. La causa del fenómeno no aparece. En esta cuestión es donde realmente encontramos el debate.
Para los monetaristas como Milton Friedman1, "la inflación es siempre y en todo lugar un fenómeno monetario", resultado de un crecimiento de la oferta monetaria superior al crecimiento de la producción real.
Marx no contraviene esta idea en su forma básica. En Contribución a la crítica de la economía política escribió: "si 14 millones de libras esterlinas representaran el total de oro requerido para la circulación de las mercancías y si el Estado lanzara a la circulación 210 millones de billetes, denominado cada uno libra esterlina, estos 210 millones de billetes se convertirían en representantes de oro por un monto de 14 millones de libras esterlinas. (...) Puesto que la denominación de libra esterlina designaría ahora una decimoquinta parte de la cantidad de oro anterior, los precios de todas las mercancías aumentarían en 15 veces y 210 millones de billetes de una libra esterlina serían efectivamente tan necesarios como fueron antes 14 millones...".
Sin embargo, la comprensión marxista del fenómeno es dialécticamente más rica, en el sentido de superar la cuestión meramente monetaria o técnica y apuntar al elemento estructural, que no es otro que el modo de producción capitalista y sus contradicciones.
Tal y como puede apreciarse en el escrito mencionado de Marx, el dinero funciona como equivalente general para medir el valor de las demás mercancías. Y, como tal mercancía, su valor está ligado al tiempo de trabajo socialmente necesario para producirlo (por ejemplo, en la extracción de oro).
La cuestión se complica con la aparición del dinero fiduciario (no respaldado por oro), que permite que los Estados emitan billetes sin respaldo en valor real. En este sentido, la inflación actual (en precios de alimentos, vivienda, energía...) tiene gran parte de su sustrato en las masivas emisiones de dinero que los bancos centrales crean de la nada. Es un papel sin respaldo de valor, pero que, entregado a los poseedores del capital, les permite comprar riqueza real y mantener la ficción de que el capitalismo sigue funcionando, ya que estimula la demanda y financia los gastos. Es una rapiña (desposesión) en toda regla que posterga y agudiza las contradicciones del sistema.
Para la clase obrera, representa una expropiación encubierta: los trabajadores reciben salarios nominales que valen cada vez menos, aunque aumenten, ya que lo hacen por debajo de la inflación y siempre con retraso respecto a la subida de precios. Por lo tanto, es un mecanismo que redistribuye la riqueza de los asalariados y las clases populares hacia los capitalistas y el Estado.
La desvalorización constante de la fuerza de trabajo a través de la inflación ralentiza la caída tendencial de la tasa de ganancia y da oxígeno al capitalismo. Obviamente, el empobrecimiento de las capas populares se da de forma paulatina y tiene un límite: la paciencia de la clase obrera y la toma de conciencia de su situación de sobreexplotación.
1 Milton Friedman (1912-2006) fue un economista, una de las principales figuras y referentes del liberalismo. Fue uno de los fundadores de la Escuela de Economía de Chicago, una escuela de economía neoclásica defensora del libre mercado











