
En enero de 2026, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, declaró a Cuba una «amenaza poco común y extraordinaria» para la seguridad de EE. UU. – una designación que permite al gobierno estadounidense imponer restricciones económicas integrales tradicionalmente reservadas para adversarios de la seguridad nacional. El bloqueo de EE. UU. contra Cuba comenzó en la década de 1960, poco después de la Revolución Cubana de 1959, pero se ha intensificado con los años. Sin ningún mandato del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas – que permite sanciones bajo condiciones estrictas –, Estados Unidos ha mantenido un bloqueo ilegal y unilateral que intenta forzar a países de todo el mundo a interrumpir el comercio básico con Cuba. Las nuevas restricciones se concentran en el sector petrolero. El gobierno estadounidense amenazó con aplicar aranceles y sanciones a cualquier país que venda o transporte petróleo a Cuba.
El 3 de enero, Estados Unidos atacó a Venezuela y secuestró al presidente Nicolás Maduro Moros y a la diputada de la Asamblea Nacional Cilia Flores. Con 150 aeronaves militares estadounidenses sobrevolando Caracas, EE. UU. informó al gobierno venezolano que, si no aceptaban una lista de exigencias, básicamente convertirían el centro de Caracas en la Franja de Gaza. El resto del gobierno, sin poder de negociación en la conversación, tuvo que hacer efectivamente una concesión táctica y aceptar las demandas de EE. UU. Una de esas exigencias era que Venezuela dejara de exportar petróleo a Cuba. En 2025, Venezuela contribuía con aproximadamente el 34% de la demanda total de petróleo de Cuba. Con el petróleo venezolano fuera de juego a corto plazo, Cuba ya preveía un problema grave.
Pero eso no fue todo. México suministraba el 44% del petróleo crudo importado por Cuba en 2025. La presión de Washington sobre Ciudad de México para que cesara sus exportaciones de petróleo a Cuba aumentó, lo que significaría que casi el 80% de las importaciones de petróleo de Cuba desaparecerían.
En una llamada telefónica entre la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, y Trump, él afirmó que le dijo que dejara de vender petróleo a Cuba, pero ella lo negó, diciendo que los dos presidentes solo conversaron en términos generales sobre las relaciones entre EE. UU. y México. De cualquier forma, la presión sobre México para que interrumpa sus envíos de petróleo ha sido considerable. Sheinbaum enfatizó que México debe poder tomar decisiones soberanas y que el pueblo mexicano no cederá a la presión de EE. UU. Cortar el suministro de combustible a Cuba causaría una crisis humanitaria, por lo que Sheinbaum dijo que su gobierno no aceptaría la exigencia de Trump.
La política brutal de Trump efectivamente ha cortado gran parte de las importaciones de petróleo de Cuba, lo que ha creado una gran crisis energética en la isla de 11 millones de habitantes. Hay apagones continuos, escasez de combustible para hospitales, sistemas de agua y transporte, y racionamiento de electricidad. Debido a la falta de combustible de aviación, varias aerolíneas comerciales – como Air Canada – han suspendido sus vuelos a La Habana.
Las Naciones Unidas han advertido que la campaña de presión de EE. UU., especialmente la política de restricción de combustible, amenaza el suministro de alimentos y agua, hospitales, escuelas y servicios básicos de Cuba. Funcionarios de la ONU, incluido el Relator Especial de la ONU para los Derechos Humanos en Cuba, han condenado el endurecimiento del bloqueo por parte de EE. UU. como una medida que perjudica directamente a los ciudadanos comunes. Señalaron que las restricciones dificultan que los hospitales obtengan medicamentos esenciales, que las clínicas de diálisis funcionen y que los pacientes accedan a equipos médicos, agravando la crisis sanitaria en la isla. El Relator Especial calificó la política de «punitiva y desproporcionada», enfatizando que viola el derecho internacional y profundiza las dificultades socioeconómicas. La ONU instó a Estados Unidos a suspender las sanciones y priorizar las exenciones humanitarias, enfatizando que el diálogo y la cooperación – y no las medidas coercitivas – son necesarios para proteger las vidas y los derechos humanos de los cubanos.
Un grupo de expertos en derechos humanos de las Naciones Unidas condenó la orden ejecutiva de Trump como una «grave violación del derecho internacional» y «una seria amenaza al orden internacional democrático y equitativo». Argumentaron que la orden de Trump busca coaccionar a Cuba y a terceros países con amenazas de sanciones comerciales y que tales medidas económicas extraterritoriales corren el riesgo de causar graves consecuencias humanitarias. Su declaración dejó claro que ninguna norma del derecho internacional permite que un Estado imponga sanciones económicas a terceros países por mantener relaciones comerciales legítimas, y pidieron al gobierno de Trump que revocara la orden ilegal. La Asamblea General de la ONU ha votado abrumadoramente en contra del bloqueo cada año desde 1992, a menudo con solo EE. UU. e Israel en contra.
El bloqueo de EE. UU. ha tenido un grave impacto en el paradigma de desarrollo de Cuba. Desde el inicio del bloqueo, hace más de 60 años, EE. UU. le ha costado a Cuba 171 mil millones de dólares o, ajustado por el precio del oro, 2,1 billones de dólares. Entre marzo de 2024 y febrero de 2025, el gobierno cubano estima que el bloqueo causó alrededor de 7.500 millones de dólares en daños, un aumento del 49% en comparación con el período anterior. Si consideramos la cifra de 171 mil millones de dólares, el pueblo cubano pierde 20,7 millones de dólares al día o 862.568 dólares por hora. Estas pérdidas son graves para un pequeño país que intenta construir una sociedad racional basada en valores socialistas.
Respuesta de La Habana
El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, condenó enérgicamente las medidas más estrictas de EE. UU. como una «guerra económica» y argumentó que la política estadounidense tiene como objetivo debilitar la soberanía de Cuba. El gobierno cubano lo llama «bloqueo energético» y enfatiza que la escasez en la isla es resultado directo de las políticas coercitivas de EE. UU. En respuesta, la Revolución Cubana implementó planes de emergencia, incluido el racionamiento de combustible para priorizar servicios esenciales, como hospitales, sistemas de agua y transporte público. Cuba también anunció directrices estatales para gestionar el suministro reducido de energía, incluido el cambio a fuentes de energía alternativas y renovables, cuando sea viable. El gobierno chino donó equipos para la construcción de parques solares de gran escala en Artemisa, Granma, Guantánamo, Holguín, Las Tunas y Pinar del Río. A largo plazo, China ayudará a Cuba a construir 92 parques solares para añadir 2000 megavatios de capacidad solar. Para ayudar a las familias en áreas remotas, el gobierno chino envió 5 mil kits solares para la captación de energía en tejados. Combustible de México y Rusia, así como de otros países, está en camino a Cuba. La política de aislamiento de Trump no ha tenido éxito total.
El gobierno cubano afirmó que está en contacto con Washington, pero aún no mantiene conversaciones directas de alto nivel. El presidente Díaz-Canel dijo que su gobierno dialogaría con Estados Unidos, pero solo bajo tres condiciones importantes. Primero, que el diálogo sea respetuoso, serio y sin presión ni condiciones previas. Segundo, que el diálogo respete la soberanía, la independencia y el sistema político de Cuba. Por último, el gobierno cubano no está dispuesto a negociar la Constitución cubana (revisada en 2019) ni el compromiso de Cuba con el socialismo. Si Estados Unidos insiste en discutir cualquiera de estas tres cuestiones, no habrá diálogo. La resistencia de la Revolución Cubana a estos temas está enraizada en su historia, ya que la propia Revolución fue un acto de resistencia contra la reivindicación de control de EE. UU. sobre el Hemisferio Occidental a través de la Doctrina Monroe de 1823 (renovada por Trump en 2025 con su Corolario). Esta resistencia ha sido contagiosa, construyendo una resistencia latinoamericana al imperialismo estadounidense desde la década de 1960 hasta el presente – incluso en el corazón del proceso bolivariano en Venezuela.
La marea airada
América Latina está atravesando una transformación rápida y peligrosa. País tras país – desde Argentina hasta El Salvador – ha elegido formaciones políticas de extrema derecha para el poder. Son líderes que se han comprometido con fuertes valores sociales conservadores (enraizados en el crecimiento del cristianismo evangélico reaccionario en las Américas), con un ataque implacable a los pobres mediante una guerra contra el crimen (moldeada por una teoría que exige la detención de cualquier criminal potencial y su encarcelamiento, una política pionera de Nayib Bukele, de El Salvador) y con un giro pronunciado hacia la civilización occidental, que incluye una orientación proestadounidense y contra China (este sentimiento oscila entre la celebración de la cultura occidental y el odio al comunismo).
«La resistencia de la Revolución Cubana a estos temas está enraizada en su historia, ya que la propia Revolución fue un acto de resistencia contra la reivindicación de control de EE. UU. sobre el Hemisferio Occidental a través de la Doctrina Monroe de 1823 (renovada por Trump en 2025 con su Corolario).»
El surgimiento de la extrema derecha de un tipo especial parece que se mantendrá en el poder durante una generación, si logra sacar a la izquierda del poder en Colombia, Cuba, México, Nicaragua y Venezuela (en Brasil, esa derecha ya ha tomado el control del Legislativo).
Los ataques paralelos a Venezuela y a Cuba forman parte de la contribución de Estados Unidos a este ascenso de la Marea Airada en las Américas. Trump y sus compinches desearían instalar líderes como Javier Milei en las Américas, como parte del Corolario Trump a la Doctrina Monroe. Es esto lo que reaviva la idea de soberanía en las Américas. Cuando el rapero puertorriqueño Bad Bunny cerró su actuación en el Super Bowl de EE. UU. con una celebración de todos los países de las Américas y citó cada uno de ellos, ese gesto fue, por sí mismo, parte de la batalla por la idea de soberanía.
La Revolución Cubana resiste al imperialismo estadounidense, pero bajo una gran presión. La solidaridad con Cuba es por el pueblo cubano, por la Revolución Cubana, por la realidad de la soberanía en las Américas y por la idea del socialismo en el mundo. Esta es ahora la línea de frente de la lucha contra el imperialismo.
Otros Medios: Artículo republicado en el marco de un acuerdo con Globetrotter, editado por AbrilAbril.











