Acabando 2025, el gobierno estadounidense publicó un documento así titulado, que en teoría sirve para marcar sus líneas principales de actuación en política internacional. A primera vista, el texto de la ESN está plagado de afirmaciones grandilocuentes sobre la excelencia de EE. UU., su superioridad económica, militar y civilizatoria respecto al resto del mundo. También abunda en loas a Trump, al que incluso señala como el “Presidente de la Paz” [sic] gracias a su “innovadora diplomacia”.

Ya desde el preámbulo se percibe la intención -no disimulada- de tratar de mantener el expolio imperialista mundial, en un intento desesperado por remontar su crisis sistémica general. Así, se felicita por un incremento en el gasto militar de un billón de dólares (un trillón anglosajón): ¡un uno con doce ceros detrás! Sigue el preámbulo instando a los países OTAN a llegar al gasto militar del 5 % del PIB, reafirmando la política arancelaria yanqui y reivindicando los bombardeos contra la República Islámica de Irán de junio de 2025.

El apartado ‘¿Qué queremos en y del mundo?’ es quizás el que mejor condensa las directrices de esta ESN. Recalca su prioridad por asegurarse control absoluto sobre (nuestro) hemisferio occidental”; es decir, el continente americano: hasta el punto de que -sin ningún rubor- reivindica explícitamente la Doctrina Monroe y le añade un énfasis al que denomina “corolario Trump”. Con el pretexto de combatir el “narco-terrorismo y el crimen internacional” sienta las bases para auto-justificar cualquier intervención armada en el extranjero, como pocas semanas después ya ha puesto en práctica en Venezuela. Asimismo, reafirma el recrudecimiento de las políticas anti-inmigración y no esconde el interés de los monopolios yanquis por evitar la influencia económica de terceros y garantizarse la propiedad de los recursos estratégicos, así como el control de las cadenas de suministro y las rutas de navegación. Por último, señala la importancia del dominio de las nuevas tecnologías: inteligencia artificial, computación cuántica y biotecnología.

Otras dos ideas destacadas son: la apuesta por impulsar todavía más el complejo militar-industrial y el rechazo a políticas orientadas a detener el desastre climático, medidas que “tanto han dañado a Europa, amenazan a EE. UU. y subvencionan a nuestros adversarios”.

El otro apartado fundamental del texto es el último, donde establece una jerarquía de prioridades de intervención yanqui: [1] El continente americano (“hemisferio occidental”), [2] Asia Oriental (“Indo-Pacífico”), [3] Europa, [4] Asia Occidental (“Oriente Medio”) y [5] África. 

Sobre América, la ESN afirma que durante décadas se desatendió la Doctrina Monroe, pero que les es fundamental fortalecer la presencia militar: contra las “amenazas urgentes”, para obstaculizar influencias de competidores exteriores y así garantizarse el control de recursos clave, cadenas de suministro y rutas estratégicas.

Sobre Asia Oriental, remarca que es “uno de los campos de batalla clave en lo económico y geopolítico”. Señala abiertamente a China como su principal competidora económica, lamentándose por el formato de las relaciones comerciales bilaterales desde hace décadas, así como por las importaciones a China también a través de terceros países (p.ej. México). Más adelante deja caer el tema del “robo de propiedad intelectual y espionaje industrial” y recalca la necesidad de involucrar a India para contener la creciente influencia económica china en Asia. Termina con un extenso apartado sobre “amenazas militares”, Taiwán y el acceso al Mar de la China Meridional.

Sobre Europa, traslada a sus socios OTAN europeos el grueso de la responsabilidad respecto a los costes de la guerra contra Rusia en Ucrania.

A Asia Occidental la relega a una posición de teórica baja prioridad, según los argumentos de que los suministros energéticos “se pueden lograr de diversas zonas-ya sabemos cuáles-, que “se ha debilitado a Irán”, confiando en la capacidad del sionismo de control sobre la región y la extensión de los Acuerdos de Abraham con los regímenes reaccionarios árabes para normalizar la entidad sionista.

Finalmente, a África le dedica tres breves párrafos, donde aboga por la penetración de los monopolios yanquis y la explotación de sus vastos recursos minerales.

Fernando

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