La JCPE en una charla sobre salud mental.
Llevamos ya largo tiempo hablando de la salud mental en la juventud de extracción obrera y popular. Hace unos meses el suicidio de una menor que sufría acoso en un colegio concertado de Sevilla y las rápidas reivindicaciones por parte de un sector de la movilización, quizás no del todo acertadas y cercanas al oportunismo, volvieron a traer el debate a nuestra juventud comunista.
Las preguntas en estos casos son muchas. Desde las responsabilidades; la realidad de esos protocolos; las nuevas formas relacionales, que también posibilitan nuevas formas de acoso en las redes sociales; hasta la justicia; la educación… todo ello partiendo de un caso doloroso e individual. Las reivindicaciones y el trabajo por parte de los colectivos juveniles en la línea de salud mental no puede ser simplemente una respuesta a estos casos, debe tener una implicación real y presente en todas nuestras reivindicaciones.
En concreto, en la educación es necesaria una perspectiva de salud mental, no solo por casos dolorosos como este, de bullying. Son necesarias menores ratios de alumnos por aula y, claro, protocolos para casos de bullying, pero antes de eso, un profesorado que realmente esté formado para trabajar con adolescentes, no simplemente para transmitir los conocimientos de una asignatura. Esto solo nos conduce a una instrucción, no a una educación para personas. Es fundamental la presencia de perfiles no docentes en los centros de estudios, desde psicólogos, pedagogos, logopedas, trabajadores sociales, mediadores comunitarios, a un largo etcétera, según las necesidades concretas del alumnado. Una escuela que educa, que pone al alumnado en el centro, no solo la forman profesores. Es la educación en la que creemos y por la que luchamos.
Según el informe sobre el suicidio en jóvenes en el Estado español, el suicidio es la tercera causa de muerte entre los adolescentes y jóvenes mayores de 10 años y menores de 30 años, implicando el 9.34 % de las muertes. No podemos quedarnos en el bullying, en la carestía de la vida, en la falta de futuro. El análisis seguramente requiere de una observación más amplia y a mayor distancia de la que tenemos ahora mismo, pero lo que tenemos claro es que la salud mental es una cuestión de la juventud de extracción obrera y popular.
Todas las generaciones tienen puntos comunes fruto de los ciclos del modo de producción capitalista y sus crisis, los más recientes y que afectan a la juventud serían, la crisis del 93, del 2008, hasta la pandemia de COVID-19. El impacto de la pandemia en la juventud es sistemático, profundo y desproporcionado. La COVID-19 ha cambiado por completo la forma en que nos relacionamos, afectando no solo nuestra salud física, sino también nuestra salud mental y profundizando la miserable situación laboral que vivimos la juventud de todo el mundo. En la juventud, la pandemia tuvo un efecto inmediato en la educación (imposibilidad de educación presencial, dificultades para acceder a la educación en línea) y bienestar mental (se produjo un aumento de los problemas de salud mental entre la juventud, debido a la preocupación tanto por la pandemia como por la crisis económica y social derivada). Esto se confirmó con el récord en el registro de suicidios en 2020, convirtiéndose en la segunda causa de muerte en el Estado para personas entre 15 y 29 años. Entre 2019 y 2021 ya se habían duplicado las demandas de consulta con especialistas en salud mental.
A la Juventud de extracción obrera y popular no nos queda otra que organizarnos para garantizar la única posibilidad de nuestra vida.
Edurne Batanero











