
Mientras se escribe el artículo la flota de los Estados Unidos ha secuestrado en aguas del Caribe un tercer petrolero procedente de Venezuela. Hace unas horas Donald Trump, el pirata naranja, declaraba que Venezuela debía devolver todo su petróleo a los Estados Unidos, amenazó también a Colombia y asesinó a cuatro civiles desarmados en una lancha en el Pacífico colombiano, ya van 99 civiles desarmados asesinados en las aguas del Caribe y del Pacífico.
Que la mayor potencia naval del mundo envíe su portaaviones más moderno y letal, el USS Gerald Ford y despliegue 40 buques de guerra más, entre destructores, submarinos, buques de asalto anfibios, cruceros portamisiles, 15.000 marines y soldados, bombarderos estratégicos B-52, cazas F-35, aviones de guerra electrónica… para asesinar a pescadores y civiles en lancha, parece, por lo menos, exageradillo.
Mientras, las empolvadas narices norteamericanas siguen aspirando como si no hubiera mañana y un ejército de zombis en busca de fentanilo y heroína vaga por las ciudades yankees.
No hay que ser muy inteligente para darse cuenta que esto no va de cocaína, si se es un poco avispado, no mucho después de que Trump exigiera a los venezolanos que debían devolver el petróleo norteamericano bajo el suelo de Venezuela, uno percibe que la cosa va de petróleo.
Realmente es la cocaína y el petróleo, y mucho más. Es el control de las rutas, flujos y capitales de la cocaína, es la obtención de petróleo a bajo coste. Pero es también y fundamentalmente la guerra con China, la guerra económica y la preparación para la guerra militar. El control de los recursos para alimentar una economía en declive, incapaz de remontar la tasa de ganancia, de recuperar sus áreas de dominio de dónde drenar recursos, capitales y vidas para alimentar un enfermo insaciable.
No es solo Venezuela, es Colombia, son los fascistas argentinos y chilenos, es Bukele, es Ucrania, es Palestina, Siria y el Líbano, es el Sahel, Burkina Faso, Marruecos y Argelia, India y Pakistán, Camboya y Tailandia… No hay rincón del mundo que no esté afectado por la violencia del imperialismo yankee que se resiste al empuje imparable de la economía china y un modelo multipolar, descentralizado y desdolarizado, un modelo en el que los EEUU no pueden existir como potencia imperialista hegemónica.
La guerra hoy se sigue librando en todo el mundo y Venezuela y Colombia son el siguiente espacio en pugna. Las mayores reservas de petróleo están en Venezuela y los EEUU las reclaman para sí, junto con inmensas reservas de gas, oro, coltán, bauxita y uranio.
También quiere que Colombia vuelva a ser su portaaviones, quiere su petróleo, su carbón, su agua y su biodiversidad. Quiere su cocaína, necesita su cocaína. También quiere impedir el canal seco colombo-venezolano que volvería inútil su control del canal de Panamá.
Los EEUU se preparan para atacar Venezuela (y Colombia), las fuerzas movilizadas son enormes y muy costosas. Desde el PCPE no podemos ejercer la solidaridad de una forma fragmentada, inconexa, ayer Palestina, hoy Venezuela, mañana quien sabe. Nuestra solidaridad debe ser antiimperialista, debemos mantenernos con Palestina, junto con Venezuela, Colombia, con Yemen y el eje de la resistencia, con Burkina Faso, contra el imperialismo yankee, contra el nazi sionismo, contra la OTAN y las bases, por la soberanía, contra la guerra, por la Paz y apoyando la resistencia de los pueblos en todas sus dimensiones.
Debemos organizar la resistencia contra el imperialismo, combatir la fragmentación de las luchas y la solidaridad, unificando resistencias y señalando al imperialismo como responsable, señalando a la socialdemocracia como cómplice. Somos antiimperialistas, estamos junto a Venezuela.
Ferran Nieto












