Ana Sirgo Suárez nació el 20 de enero de 1930 en Lada. De familia minera y de militantes comunistas, contaba 1 año de edad cuando se proclamó la II República y fue una niña de la guerra evacuada a Catalunya en 1937.

Tras la derrota republicana será acogida por unos parientes, mientras su padre, Avelino Sirgo, el “Matemático”, integraba la guerrilla y la resistencia antifranquista, al que únicamente volvería a ver en una ocasión. Mientras,  su madre estaba presa en la cárcel de Arnao.

La dura supervivencia de aquellos años 40 de posguerra, de hambre y represión sobre quienes perdieron la guerra hizo que nunca fuera a la escuela y que desde niña trabajara en lo que hubiera para hacer frente a la miseria. Su vida y su lucha, ambas son un todo inseparable, ha estado marcada por su origen de clase. Con pocos años fue enlace con la guerrilla y activa militante en el Partido Comunista.

Casada y madre con diecinueve años, siguió activa en la resistencia antifascista, la militancia comunista clandestina y las luchas obreras de Asturias. De las huelgas mineras de 1956 y 1957 a los años sesenta del siglo pasado, donde los mineros fueron la punta de lanza del nuevo movimiento obrero y el prototipo de la resistencia obrera al franquismo, las mujeres tuvieron un papel no menos heroico que ellos. Decenas desafiaron la implacable represión: Anita, Tina, Celestina, Carmen, Eufrasia, Morita, Mª Luisa, Delfina, Enedina, Paquita…

Anita apoyó activamente las huelgas, formó parte de piquetes de mujeres, recogió víveres y ayudas para presos políticos, deportados y despedidos, se entrevistó con autoridades civiles y eclesiásticas, recogió firmas por la amnistía, se encerró en la catedral de Oviedo y en el Palacio Arzobispal, repartió propaganda, acogió dirigentes clandestinos en su casa…

Tras su participación  en la conocida como “huelgona” de 1962,  donde organizó piquetes de mujeres para cerrar el paso a esquiroles, cortando carreteras y enfrentándose a la Guardia Civil cuando hizo falta, fue detenida, torturada y rapada. Sufrió prisión y, junto a “Tina” Pérez, recibió la solidaridad internacionalista clamando por su libertad.

Incansable luchadora, es referente de compromiso, lucha y dignidad, pues hasta el final de su vida, un 15 de enero de 2024, siguió teniendo la misma ideología, militando en las mismas causas y apoyando la lucha antifascista.

Con más de ochenta años decía: “yo sigo diciendo que hay mucho que hacer todavía, ¡mucho! Yo la pena que tengo, que ya soy vieya y poco puedo hacer, pero hasta que me muera estaré ahí, como si na más que sirvo que de parapeto, pero hay que seguir luchando, hay que salir porque a casa no nos traen nada, porque muches coses de les que conseguimos les estamos perdiendo. Y ye que no nos movemos”.

Ana Muñoz

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