
Hay dos tipos bien diferenciados de horas extras: Las que se realizan por circunstancias no previsibles o fuerza mayor, que son obligatorias, como puede ser una catástrofe y hay que reparar el sistema productivo y las que simplemente son circunstancias de la producción y deberían estar perfectamente reguladas estableciendo un tope de 80 horas anuales como máximo. En todo caso, el empresario está obligado a llevar un registro de ambas, que en raras ocasiones se hace.
¿Por qué quiere un empresario que sus trabajadores hagan horas extras? Para solucionar un problema de gestión de recursos humanos y de paso, si son ilegales o pagadas en negro, se evita contrataciones y pagar las cotizaciones a la seguridad social.
¿Por qué un trabajador quiere realizar horas extras? Seguro que no es porque le guste mucho su trabajo y con su jornada no tenga suficiente. Sin duda es porque no llega a fin de mes o está obligado por su empresario bajo amenaza de despido si no las realiza.
Parece evidente que las horas extras benefician al empresario que se ahorra costes y a las personas que tengan salarios bajos ya que con las horas extras pueden llegar a final de mes. Los datos contabilizados del INE son escalofriantes. Se realizan casi 7 millones de horas extras a la semana, de las cuales 2’6 millones no se pagan, ni a la seguridad social ni al trabajador o trabajadora. De este modo, los empleadores se ahorran 3.254 millones de euros al año por las horas extras no pagadas, lo que equivaldría a crear 170.000 empleos a jornada completa.
El Ministerio de Trabajo, el mismo que quiere reducir la jornada laboral, es quien publica estas cifras, los Sindicatos mayoritarios las conocen y no tienen rubor en denunciarlas en prensa, pero no en cada empresa, porque las plantillas se les tirarían encima.
Una de las funciones que corresponden a las organizaciones sindicales, según la constitución, es la capacidad de negociación colectiva, es decir, firmar Convenios colectivos que regulen las condiciones laborales, la jornada, los descansos, las funciones de cada categoría y también el salario de miles y miles de trabajadores. De los casi 1000 convenios que se han firmado en la última estadística, más de 225 eras sectoriales y el resto de empresa. La realidad de la negociación colectiva está cambiando, y lo que antes se firmaba previa asamblea de delegados y delegadas y de trabajadores en cada empresa, hoy, fruto de la burocratización se firman en los despachos, al margen de las personas a las que les afectará el Convenio. Por ese motivo, más del 15% de los y las trabajadoras cobran complementos para llegar al SMI. Es decir, CCOO y UGT firman convenios por debajo del Salario Mínimo.
¿Qué es el Salario Mínimo Interprofesional? Es la cuantía retributiva mínima que percibe el trabajador referida a la jornada legal de trabajo. Lo regula el Gobierno anualmente, previa consulta con las organizaciones sindicales y las asociaciones empresariales más representativas. Este salario se entiende referido a la jornada legal de trabajo en cada actividad.
Y este es el verdadero motivo por el que las trabajadoras y trabajadores hacemos horas extras, porque con los salarios que firman los Sindicatos aburguesados es imposible llegar a fin de mes, salvo que hagamos horas extras. Si en la negociación colectiva se aumentase los salarios de manera sustancial, no tendríamos que prolongar nuestra jornada laboral y se crearía empleo. Sin duda, la Paz Social de la que tanto presumen Unai Sordo y Pepe Álvarez la paga la clase obrera con las plusvalías que nos extraen y los beneficios son para el empresariado. Esos 3254 millones de euros que se ahorran al año, no es por su buena gestión, es por que nos lo roban con la sobre explotación. Si no se hiciesen horas extras, ni pagadas ni en negro, se tendría que contratar a casi medio millón de trabajadores. Basta de Pacto Social, la lucha obrera es el único camino.
Vicent Alcaraz











