Recientemente, el presidente del comité de empresa de la fábrica de Duro Felguera en Gijón celebraba, con manifiesta alegría e incluso algarabía, que dicha fábrica haya sido designada, dentro de los planes de reconversión para la guerra, para la construcción de carros de combate. Más adelante hablaremos de este caso y de los llamados “obreros pertenecientes a la aristocracia obrera”.

De entrada, abordemos el análisis desde posiciones marxistas: ¿para qué necesita el capital el rearme?

La fabricación de armamento, con o sin políticas explícitas de rearme, es una necesidad del Estado, y bajo la dictadura del capital, se impulsa con mayor fuerza.

Alejemos nuestro análisis de las teorías de la intelectualidad al servicio del capital, quienes hoy derraman cubas de tinta y ocupan espacios televisivos, proclamando todo tipo de posiciones políticas e ideológicas que están lejos de las verdaderas razones y objetivos del rearme.

El rearme, lejos de ser un simple “presupuesto de defensa”, no siempre está orientado a una guerra inmediata. Es, en realidad, una expresión máxima de la lógica del capital, que Karl Marx analizó con profundidad.

Veamos el asunto desde una perspectiva científica y hagámonos las preguntas adecuadas: ¿Qué hay detrás de las políticas de rearme?

Rearme como desvío de plusvalía

  • Marx (Capital, Libro I): la plusvalía extraída de la clase obrera puede destinarse a (a) acumulación productiva, (b) consumo parasitario o (c) gastos improductivos.

  • El rearme pertenece al último grupo: capital que se consume sin reproducción.

“El capital que se invierte en armamento no reproduce ni valor ni fuerza de trabajo; es un gasto improductivo que se financia con la plusvalía robada al proletariado” (Marx, Teorías sobre la Plusvalía).

  • Ejemplo actual: el plan europeo de rearme 2025-2030 prevé 800 000, De los que al Estado español les corresponden un mínimo de 79.000 millones, ya el primer año al 5% del PIB. Este dinero es plusvalía que deja de transformarse en escuelas o hospitales y se convierte en tanques y misiles

Rearme como salida a la crisis de sobre-acumulación

  • Marx (Libro III): cuando la tasa de ganancia cae, el capital busca sectores de “alta absorción de capital” que no saturan el mercado interno.

  • La industria armamentista cumple esta función:
    Alto coeficiente técnico (mucha maquinaria, poco trabajo directo).
    Demanda garantizada por el Estado, fuera de la lógica del mercado privado.

  • Esto explica “la aplicación de la economía del rearme”: la deuda pública se dispara, pero la tasa de ganancia se sostiene a costa de inmediatos y futuros recortes sociales

Rearme como ideología de guerra permanente

  • Marx y Engels (Manifiesto Comunista) : el burgués “necesita constantemente nuevos mercados y, por tanto, barbarie armada”.

  • Lenin lo sistematiza: el imperialismo es el capitalismo en su fase monopolista y belicista.

  • Consecuencia directa: el rearme no es una “política” aislada, sino la forma extrema de la dictadura del capital sobre el planeta.

Guerra como ideología que disfraza la dictadura del capital

  • Marx y Engels, Manifiesto Comunista (1848): “El burgués encuentra en la guerra la coartada perfecta para desmantelar todas las conquistas obreras al grito de ‘emergencia nacional’.”
  • Ejemplo: la “ley Habilitante” de 2023 que suspende el derecho a huelga en sectores “estratégicos” (aeroespacial, puertos, energía).

Síntesis en una frase de Marx

“El capitalismo lleva en sí la guerra como la nube lleva la tormenta” (El 18 Brumario de Luis Bonaparte).

Todo lo expuesto nos lleva a la conclusión de que, el rearme actual no es un accidente: es la tormenta que el capital necesita para sobrevivir a su propia crisis.

 


Y ante estas verdades, debemos hacernos la pregunta: ¿qué papel, qué postura les corresponde mantener a los sindicalistas de clase?

¿Es acaso la del presidente del comité anteriormente mencionado? Porque no se trata simplemente de una falta de formación teórica , lo cual ya sería grave, sino de algo aún más preocupante: él, como tantos otros, sabe perfectamente que ese armamento será destinado, en su gran mayoría, al uso contra poblaciones indefensas. Ejemplo claro: la Palestina ocupada. Armamento que se utilizará para reprimir a pueblos y naciones que luchan por liberarse del yugo colonizador del imperialismo. Armamento que, llegado el momento, será empleado para reprimir a la propia clase obrera en su país. Tal vez algún día, las tanquetas que él y sus compañeros construyen lo martiricen. Quién sabe.

Esta aristocracia obrera mantiene sus privilegios incluso en los momentos en que la crisis del capital se agudiza. Consciente o no, es beneficiaria del expolio al que el capital somete al Sur Global. La deslocalización industrial permite a las multinacionales extraer ingentes cantidades de plusvalía, en países colonizados o dependientes, que, en gran parte, se utilizan para mantener la paz social en las metrópolis: salarios, prebendas, favores a trabajadores, sindicalistas y demás fauna izquierdosa que, en apariencia, se presentan como aliados, pero que en la práctica no dudan en apuñalar por la espalda a las y los trabajadores.

A estos privilegiados solo los motiva su situación personal. Desde su egoísmo centrado y con niveles de hipocresía que desbordan los océanos, jamás se alinearán con los desposeídos, con los asesinados por las armas que ellos mismos fabrican. Intentarán hacer creer que la producción de armamento es un proceso inocuo, desligado del crimen genocida en Palestina, de las guerras de rapiña del imperialismo, de la muerte de cientos de miles, de millones de seres humanos.

Ante las declaraciones eufóricas de este miserable empleado de los intereses del imperialismo, el resto de las y los sindicalistas deberían haber respondido con firmeza: ¡En mi nombre, no!

¿O acaso el sindicalismo actual, en general, entiende que su misión histórica se limita a garantizar el salario y nada más? ¿Comparte entonces la alegría de este miserable, celebrando que el patrón capitalista les asegure el sueldo a través de la muerte?

Sin dilación alguna, hay que insistir: otro sindicalismo es necesario. Las masas se juegan sus vidas.

Otro sindicalismo es necesario. Uno que no celebre las migajas que el patrón capitalista les arroja, migajas que hoy vienen envueltas en la sangre de niños, ancianos y mujeres indefensas de la Palestina ocupada, del Yemen, de Malí, de Sudán, de Siria, del Líbano, y del pueblo del Donbás, bajo los ataques de la dictadura fascista alimentada por la OTAN y la Unión Europea.

Guerras y más guerras del imperialismo anglo-sionista, cuyos ejércitos son dotados y equipados con armas fabricadas en los centros industriales donde obreras y obreros son convertidos en herramientas al servicio del imperialismo criminal.

Los sindicatos de clase deben denunciar la postura servil y egoísta de sindicalistas que, como el señor Javier Rodríguez, miembro destacado del sindicato CSI (Corriente Sindical de Izquierdas), celebran la fabricación de armas destinadas a fortalecer los ejércitos imperialistas.

El Partido Comunista de los Pueblos de España (PCPE), sin duda alguna, lo ha hecho y lo seguirá haciendo cada vez que se dirija a las masas trabajadoras. Es imperativo convocar una Huelga General Política, que dé inicio a la insurrección obrera capaz de poner fin a este sistema criminal.

Juan J. Sánchez

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