Esto explica por qué es necesario este racismo para el sistema de explotación: como Rendueles ha señalado desprovistos de las riquezas con las que podrían haber obtenido sus medios de vida, las poblaciones de los territorios expoliados se ven obligadas a competir por un trabajo en el que sean explotadas pero que al menos les dé un salario. Y puesto que el empleo se genera en otras partes del mundo pasan a ser vidas prescindibles para el capital lo que las obliga a huir.
La política de la UE de cara a sus clases trabajadoras ha estado marcada por un neoliberalismo extremo que ha cercenado derechos laborales y externalizado a terceros países, con el consiguiente declive de los sectores que generaban empleos de mayor calidad y su rol de cara amable del capitalismo internacional sólo trata de esconder la pervivencia de un neocolonialismo igual de brutal. Una muestra de dicho neocolonialismo es su apuesta por las renovables que no acaba de avanzar pues está lastrada por la dependencia de materiales de los que no dispone y depende para su suministro de importaciones de países en vías de desarrollo, donde -sobre todo en África- la cada vez mayor competencia con Rusia, China y EEUU ha hecho que varios países africanos abandonen la órbita europea. La automoción presenta límites similares: competencia con otros bloques de mayor pujanza (China en el mercado de baterías y la producción de vehículos eléctricos y EE. UU. posicionándose con fuerza a través de la Inflation Reduction Act).
En cambio, la coyuntura bélica ha girado en una línea más favorable a los intereses del capital europeo en los últimos tiempos. Tenemos la inversión de 1500 millones de euros para coordinar e impulsar la industria militar común, que puede parecer poco pero como las propias autoridades europeas explican se trata de una cantidad que se dedica sólo a la planificación, pues el gasto militar como tal depende de los Estados miembros. Y aquí tenemos otra muestra clara de quién manda de verdad (los capitalistas y no la cacareada ciudadanía) pues, al igual que cuando hubo que salvar a los bancos privados de su inminente quiebra, ahora se va a aumentar el gasto militar en todos los países de la UE sin cortapisas, pudiendo saltarse de nuevo los “estrictos y obligatorios” límites al gasto público que se fijaron: evidentemente son límites inamovibles cuando se habla de cosas tan poco importantes como la salud, la educación y los servicios sociales, pero todo cambia si se habla de cosas serias como bancos y empresas del sector de la defensa. No se debe olvidar que de las diez mayores empresas armamentísticas del mundo la mitad son europeas. Y que la UE siempre ha dado por hecho que podría disponer de los materiales de sus antiguas colonias que los poseen en abundancia y condenadas ahora a nuevas formas de expolio.
Resumiendo: históricamente nos encontramos en un momento de auge de la política racista y Europa no es una excepción: la necesidad de incrementar la explotación neocolonialista va estrictamente vinculada a la política verde, a la militarización de las fronteras y de las relaciones internacionales. De esta forma se incrementa la presión sobre los países periféricos y sus poblaciones se ven obligadas a incrementar la migración, lo que a su vez da argumentos a la derecha política para exigir el aumento de la militarización. La tormenta perfecta.
Marcos M. Rodríguez Pestana








