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La DANA y la Huelga General, entre la indignación y la organización

La DANA ha dejado una huella de destrucción e impotencia en el País Valenciano. Pero la verdadera tragedia no es solo meteorológica: es política, económica y social. Las consecuencias mortales y los daños materiales no son obra de la naturaleza, sino de un sistema capitalista criminal que antepone los beneficios de unos pocos a las vidas y derechos de la mayoría.
La catástrofe en el País Valenciano ha sido el detonante de una movilización que cristalizó el pasado 29 de mayo. Esta jornada de huelga general se plasmó como un grito de indignación colectiva ante la criminal gestión de una tragedia anunciada. Pero también como una oportunidad para reafirmar que solo la lucha organizada puede arrancar justicia social para la clase obrera y los sectores populares.
La huelga es, y ha sido siempre, una de las herramientas más poderosas del movimiento obrero. Su convocatoria no debe entenderse como un fin en sí mismo, sino como un medio para abrir procesos de acumulación de fuerzas que apunten hacia la transformación radical del sistema capitalista. En este sentido, el pasado 29 de mayo ha sido una fecha de combate, de afirmación de nuestra fuerza colectiva frente a los gestores del capital que han dejado morir a cientos y sumido en la miseria a miles.
Desde hace décadas, los gobiernos de turno —tanto del Partido Popular como del llamado Botánico, compuesto por PSOE y Compromís— han cedido ante los intereses especulativos: abandonando obras de prevención, desmantelando infraestructuras públicas y convirtiendo el territorio en un escaparate turístico para las grandes fortunas. Han preferido construir macroproyectos y urbanizaciones en zonas inundables antes que proteger las vidas de la clase trabajadora. ¿El resultado? Pueblos arrasados, cientos de muertos, viviendas destruidas y una respuesta institucional que llega tarde y mal. Las alertas no se atendieron, la prevención fue inexistente, y la reconstrucción promete ser otro festín para las constructoras. Esta huelga también ha sido contra todos ellos.
Sin embargo, no podemos alimentar falsas ilusiones. Una sola jornada, aunque combativa, no basta. Lo hemos visto antes: la desmovilización tras una huelga sin continuidad solo fortalece a quienes quieren que todo siga igual. La justicia para los afectados por la DANA no llegará por la vía institucional ni con promesas vacías. Será el resultado de una estrategia sostenida de organización y confrontación.
Por eso, debemos entender esta huelga como una trinchera más en la lucha de clases. Como una convocatoria para señalar a todos los culpables —pasados y presentes— y para exigir no solo ayudas inmediatas, sino un cambio profundo: en el modelo de desarrollo, en la distribución de la riqueza y en el control popular sobre la producción y los recursos.
El 29 de mayo reforzó nuestras redes de solidaridad, nuestras estructuras de autoorganización y nuestras convicciones revolucionarias. No como una jornada aislada, sino el principio de una ofensiva prolongada por el poder obrero y la justicia para quienes todo lo han perdido.
Por nuestros muertos, por los barrios devastados, por las comarcas arrasadas, por nuestra dignidad: el pasado 29 de mayo llevamos a cabo esta huelga para no perdonar ni olvidar.
Es más necesario que nunca avanzar hacia una nueva sociedad donde no sean los mercados, sino la clase obrera, quien decida el futuro. Una sociedad socialista, basada en la solidaridad, la planificación colectiva y el respeto al territorio. Porque si todo lo producimos, todo lo decidimos.
Por una vida digna. Por la memoria de los muertos. Por la revolución.
¡Todo para el pueblo trabajador, nada para el capital!
MYGO
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- Escrito por MYGO
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