Sofía nació en la Rusia de 1850, en el seno de una familia aristocrática en la que, a pesar del rechazo de su padre a que las mujeres se formaran, recibió la influencia rica y variada de otros miembros de su familia. Su hermana Anna, activista socialista, la cual contribuyó a la conformación del pensamiento crítico de Sofía, y sus tíos fueron los que les descubrieron el mundo de las matemáticas del que se sintió parte enseguida, llegando a empapelar su habitación con las notas de cálculo diferencial e integral de Mikhail Ostrogradski a la edad de 11 años.

A pesar de la negativa de su padre a que se formara, Sofía continuó aprendiendo de forma autodidacta hasta que un profesor local, viendo el talento excepcional que poseía, comenzó a darle clases particulares.

Pero en la Rusia zarista no había lugar para una mujer pionera que trataba de hacerse un hueco en un mundo de hombres, por lo que la única solución que Sofía encontró a sus 18 años, para poder continuar sus estudios, fue un matrimonio de conveniencia sin el que le hubiera sido imposible obtener el pasaporte.

Fue entonces cuando emigró a Alemania para inscribirse en la Universidad de Heidelberg, donde tampoco le permitían inscribirse por ser mujer, pero sí logró recibir clases privadas de grandes matemáticos. Fue en esta época donde escribió su tesis doctoral que le valdría el doctorado en matemáticas por la Universidad de Gotinga, el primero otorgado a una mujer de esta universidad; así como a demostrar el que hoy es conocido como Teorema de Cauchy-Kovalevskaya.

Su lado más político la llevó a pasar una temporada en París apoyando la Comuna, y acabó viajando a Estocolmo, donde finalmente logró convertirse en profesora de la Universidad de Estocolmo, a pesar de las múltiples críticas que recibió.

Mientras ocupaba su puesto en la Universidad fueron muchos sus logros académicos, llegando a recibir el premio Bordin de la Academia de Ciencias de París en 1888. Se convirtió en una gran figura de los círculos intelectuales de su época llegando a dedicarse también a la literatura.

Una científica que consciente de su posición y los logros que había conseguido los utilizó para apoyar la causa socialista y feminista. Una pionera que abrió camino para muchas mujeres en el campo de la ciencia y que demostró que las mujeres no sólo somos de letras y que el mundo de las ciencias no es solo para hombres.

Inés Andreu Ferrer

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