
Fue viendo “La infiltrada” (2024), película de la cineasta bilbaína Arantxa Echevarría sobre las vicisitudes de una agente de policía infiltrada en ETA para desarticular el comando Donosti, y su repercusión en la opinión pública, que pensé comentar en esta sección, excepcionalmente, dos filmes que versan también sobre el mismo tema: los años de plomo de la lucha contra ETA. Dos cintas que consideradas menores cinematográficamente tratan de tragedias mayores y de su impacto en la sociedad española. Una de ellas tuvo lugar el 10 mayo de 1981, tras el atentado de ETA en Madrid contra el teniente general Joaquín Valenzuela y unos meses después del intento de golpe de Estado del 23-F. Luis Montero García, Luis Cobo Mier y Juan Mañas Morales eran tres jóvenes que viajaban de Santander a Pechina, en la provincia de Almería, para asistir a la primera comunión del hermano de uno de ellos. En el trayecto fueron detenidos, torturados y calcinados en el barranco de Gérgal por la Guardia Civil que los consideró, sin prueba alguna, peligrosos etarras. La película, “El caso Almería” (1984), que es asimismo un excelente libro de investigación del periodista granadino Antonio Ramos Espejo, la dirigió Pedro Costa, y además de rendir justicia a los bárbaros hechos, demuestra cómo en un contexto social como el que recoge el filme se hizo una película valiente que desvela alguna podredumbre de las instituciones del Estado español. Hoy, seguramente, sería muy diferente.
Nunca más
“Lasa eta Zabala”, tampoco es una cinta para que habite en ella el olvido. Al contrario, es una película para recordar siempre – necesaria -, y como afirma Pilar, la hermana de Joxi Zabala, para que atrocidades como las cometidas con su hermano y con Joxean Lasa no se repitan nunca más. Lasa y Zabala, de 20 y 21 años respectivamente, independistas y modestos militantes de ETA, fueron secuestrados en Baiona (Francia) el 15 de octubre de 1983 por los Grupos Antiterroristas de Liberación (GAL), quienes los torturaron despiadadamente, asesinaron y sepultaron bajo 50 kilos de cal viva en un paraje conocido como Foia de Coves, en Busot, provincia de Alicante. Fue el primer acto de terrorismo de Estado ejecutado durante el primer Gobierno de Felipe González. Hasta aquí la historia. La película dirigida por Pablo Malo en 2014 como un thriller, centra su impresionante relato en el secuestro y torturas de los dos jóvenes vascos, y en el juicio de los directamente implicados en los crímenes: Enrique Rodríguez Galindo, general de la Guardia Civil, Ángel Vaquero, teniente coronel del siniestro cuartel de Intxaurrondo, Julen Elgorriaga, gobernador civil de Gipúzkoa y los agentes Enrique Dorado y Felipe Bayo. En total se les asignaron 365 años de cárcel de los que sólo cumplieron en prisión una ínfima y ultrajante parte.
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