Una lucha sostenida del movimiento vecinal grancanario

Los “guanartemes” eran los jefes de la organización social aborigen, en la isla de Gran Canaria. Hubo uno, converso, que, con el nombre de Fernando Guanarteme, fue quien rindió la isla a la conquista castellana. Valorado por unos como persona razonable, que optó por evitar sufrimientos mayores a su comunidad ante la desigual fuerza, y para muchos un simple traidor.

El barrio de Guanarteme, en la ciudad de LPGC, lleva una treintena de años resistiendo a los más duros ataques del capital especulativo inmobiliario, capital siempre apadrinado por la Corporación municipal de turno.

Guanarteme fue siempre un barrio obrero, perteneciente al antiguo municipio de San Lorenzo, obligado a integrarse en el de Las Palmas con la pistola encima de la mesa. Era éste un municipio con alcalde comunista, Juan Santana Vega, y con una fuerte organización obrera, en tiempos de la II República. Allí destacó el brillante dirigente Matías López, también fusilado por la dictadura anterior.

Zona industrial, donde estaban las factorías de pescado de Ojeda, y también la de Llinás. Lugar en el que en 1979 perecieron once obreros, en el pozo de Ojeda por gases letales.

Factorías donde estuvo trabajando El Corredera, en los años de su persecución, cuando era protegido por su pueblo frente a los sicarios franquistas.

RECOMPOSICIÓN URBANA, LA CIUDAD COMO NEGOCIO

En la ciencia urbanística se suele citar el ejemplo del París de las grandes avenidas, que tuvo su origen en la intervención del Barón Haussmann, por encargo de Napoleón III, cuando los revolucionarios/as se refugiaban en las intrincadas callejuelas. Las avenidas facilitaron la represión más eficiente de las masas revolucionarias, incluso a cañonazos.

Ahora la técnica urbanística recurre a procedimientos más sutiles, para desalojar a las poblaciones obreras cuando sus barrios quedan bien posicionados en el proceso de crecimiento de la ciudad. Es el caso de Guanarteme.

Situado junto a la magnífica playa de Las Canteras, en su extremo de poniente. Un terreno llano y bien conectado al sistema viario insular.

El procedimiento para la primera expulsión, 1985, fue aprobar una Ordenanza en el Plan General que prohibía construir en el típico solar de 150 m2 de superficie y fachada de seis metros o menos. La citada Ordenanza imponía una fachada mínima de 12 metros de longitud y superficie mínima del solar de 250 m2. Además se incrementó la edificabilidad, en primer lugar a cuatro plantas, y posteriormente a cinco y más plantas, obligatorias.

El resultado era que cualquier familia obrera de la zona no tenía posibilidad de realizar una construcción de esas dimensiones. En la que, además, se obligaba a comprar el solar colindante para cumplir las exigencias urbanísticas.

CAPITAL INMOBILIARIO Y ASUSTAVIEJAS

Con estas armas entraron en tromba los asustaviejas, que se fueron apropiando de una gran cantidad de solares en el barrio. Los nuevos pisos se vendían a precios astronómicos, en primera fila de playa. El Ayuntamiento siempre bloqueó cualquier concepción de construcción social de la ciudad.

Pero una parte de la tribu no se rindió, y organizó la resistencia, otra vez.

Una decidida Asociación de Vecinos movilizó al barrio, dio la batalla y, finalmente, en el año 2003 consiguió una sentencia firme del Tribunal Superior de Justicia de Canarias que anuló el Plan General en la zona. Una sentencia demoledora para la especulación, firmada por una jueza que tenía profundos conocimientos en materia urbanística, y los ejerció con rigor.

El negocio especulativo se resintió durante varios años.

Pero de nuevo el séptimo de caballería de la Corporación municipal vino al rescate de los afligidos asustaviejas. La oficina municipal de urbanismo se dedicó a estudiar la sentencia a fondo para inventar nuevas triquiñuelas y seguir con la expulsión del vecindario.

El mantenimiento de las luchas de masas en plazos largos es siempre una cuestión de gran complejidad. Aquí interviene el mismo cansancio, en procesos que se alargan diez y quince años, así como las deserciones inevitables. Guanarteme lleva hoy veintiocho años de lucha contra la especulación.

Aquí, otra vez en nuestra historia, volvió a hacer su aparición un nuevo Fernando Guanarteme que, en forma de Concejal de Urbanismo de PODEMOS hizo promesas de paz social y bienestar si se rendían las posiciones.

Poco tiempo hizo falta para descubrir la artimaña y el engaño. Entonces el colectivo vecinal vuelve de nuevo a la carga.

La promoción de un gran edificio en el barrio, que antes fue de Martín Fadesa (quebrada en 2008), y ahora es propiedad del caciquismo local, se ha convertido en la nueva trinchera para la defensa de los residentes en Guanarteme.

El citado Concejal de Urbanismo (Javier Doreste) fue tan temerario en su sumisión a los especuladores que creyó que podía hacer cualquier arbitrariedad urbanística. A esos puntos flacos del ordenamiento del suelo dirige sus armas el movimiento vecinal reactivado. Ahora el objetivo es la victoria definitiva.

DESTRUCCIÓN DEL TEJIDO SOCIAL

La estrategia del Ayuntamiento, como sicarios del gran capital inmobiliario local y foráneo, ha supuesto en estos años un fuerte ataque al tejido social del barrio. Muchas familias han terminado expulsadas a la nueva periferia de la ciudad. Llega al barrio gente sin ningún arraigo con el lugar, y que se asientan en el sitio en función exclusivamente de su poder adquisitivo.

La actuación de este Concejal-Guanarteme tuvo su impacto más extremo al cambiar el sistema de gestión del planeamiento en la zona. Al constatar que la iniciativa privada no conseguía desarrollar la compleja gestión urbanística, en esas piezas de complicado desarrollo, el Ayuntamiento decidió pasarlas a un sistema de gestión por expropiación municipal.

Se consuma la traición. Quien empezó prometiendo liberar al barrio de las garras del capital inmobiliario, y favorecer la permanencia de las familias de toda la vida, terminó arrodillado ante ese capital, impulsando la intervención expropiadora, como la forma más eficaz para expulsar a las familias de toda la vida.

Pero la reactivación del movimiento vecinal era la variable con que no contaba el converso. Con esa reactivación las posiciones de lucha regresan, y todavía no está dicha la última palabra. Si todo va bien, es posible que los buitres inmobiliarios sufran un nuevo revolcón, y volvemos a la casilla de salida. La partida aún se puede ganar. La lucha es el único camino.

No más engaños, no más traiciones. Confianza en las fuerzas propias, confianza en la lucha de clases a la ofensiva.

C. Suárez.

 

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