
Miserablemente miserable es la miseria en la misa de la mística impuesta a través de los canales de comunicación oficiales y habituales del sistema sobre la situación de los presos palestinos que debe soportar la mayoría de la población del espacio occidental de este planeta llamado Tierra. Por encontrarnos por azar molecular en el “Paraíso Terrenal” de los derechos humanos, nos hemos convertido, sin demandarlo, en las víctimas de tan selecta narración, donde debemos trabajar nuestra consciencia para evitar el “amén” de su litúrgica “palabra divina” pervertida, para insertarnos en el mundo de lo humano, de los mortales.
Los corresponsales en el lugar de los hechos, pero sólo se localizan en el lado del ocupante sionista, se corresponsabilizan de la corresponsable responsabilidad de los medios masivos para mostrar la verdadera “Verdad rebelada” sin rebeldía hacia una Biblia dada para ser abrazada con Fe; no es necesario conocer, sólo es obligatorio creer.
El tratamiento bellaco del mensaje transmitido ofrece una crueldad que, oscuramente, abunda en el objetivo genocida del pueblo palestino. Nos hallamos nuevamente ante el trabajo constante para perpetuar la imagen del terrorismo del ocupado que atenta contra el orden del “ejército democrático” que llega para civilizar a las hordas. Se emplea un vocabulario escogido con especial incidencia en el factor polisémico que se utiliza en las declaraciones de las comparecencias públicas.
Dispone la entidad sionista de un brazo ejecutor de represión que cuenta con el consentimiento de la llamada “comunidad internacional” para aplicar tortura a los detenidos palestinos. El Tribunal Supremo se constituye en el brazo jurídico del sionismo al amparar este método con sentencias que eximen de condena penal a los “profesionales” que lo emplean. Desde 1999 rige este terrorismo que únicamente se aplica para proteger la ocupación.
En el intercambio de prisioneros asistimos a una ética y una estética antagónica entre la Resistencia palestina y la del ocupante sionista. Más allá de la victoria de la guerrilla antisionista para forzar este intercambio, se guioniza el documental diario que los medios han aprendido a utilizar. Es otro elemento de la batalla de las ideas en la lucha de clases que pretende conducir al odio general a los palestinos.
Uno de los objetivos de la acción del 1 de octubre realizada por el Eje de la Resistencia, ha tenido como consecuencia una visibilidad de la cantidad de palestinos presos en las cárceles sionistas. El intercambio de prisioneros se ha realizado con una proporcionalidad más alta en favor de los negociadores palestinos, porque los capturados por parte del Tzáhal se han producido por la represión ejercida sobre los sobrevivientes de las zonas criminalmente bombardeadas, y, sin haber pasado por ningún tribunal, no cumplían ninguna condena; es una más de tantas ilegalidades del régimen sionista que bien pueden ser calificadas como personas secuestradas, suponiendo una clara expresión del terrorismo impuesto todos los días sobre la población palestina. En realidad, no se dispone de ningún dato oficial sobre estos palestinos que incluyen niños y adolescentes que ya conocen en propia carne los métodos execrables que emplean los represores.
Contrariamente, los retenidos en la memorable acción del 1 de octubre, han recibido un trato de respeto, aplicándoseles los acuerdos del Convenio de Ginebra que rige desde 1949 alusivo al dispensario que merecen los prisioneros de guerra. Los liberados por los acuerdos de intercambio han llegado a transmitir en muchos casos un real agradecimiento, con muestras de cierto afecto que desmontan lo que algunos pueden proferir como “síndrome de Estocolmo”. Sus sinceras declaraciones, en un perfecto estado de salud de la mayoría de estos rehenes, se imponen a la rastrera y aberrante narrativa de los media.
La incontestable realidad es la superioridad moral y ética de las fuerzas populares del Eje de la Resistencia sobre el ocupante sionista. Esta sustantividad se plasma en conceptos de humanidad que abundan en la justa causa del pueblo palestino para luchar contra el enemigo sionista que, a pesar de la despreciable calificación que utilizan los dueños del terror mediático, son capaces de centrar sus respuestas exclusivamente en el ámbito militar del ejército que actúa como “bestias pardas” embriagadas y dopadas.
En la atmósfera corrompida del sector de la comunicación, la conversión de la información en propaganda se ejecuta militarmente con las balas mágicas de la mentira, la falsedad y el escarnio. Estas sí son “armas de destrucción masiva”.
Víctor Lucas








