El restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba anunciado internacionalmente el pasado 17 de diciembre sin que el gobierno de la isla renuncie a ninguno de sus principios es, ante todo una gran victoria de la diplomacia cubana y un éxito personal del presidente Raúl Castro.

El cinismo y la hipocresía en los medios de comunicación burgueses no tienen límites, tampoco en los gobiernos capitalistas que los controlan y amamantan. Ocultación de información, manipulaciones, trolas y engaños son el pan nuestro de cada día; el todo envuelto y presentado en bandeja de plata para consumo de telespectadores, radioyentes o simples lectores. En cada ocasión, y como si de un concurso a ganar se tratara, esa fauna abyecta rebasa cotas de descaro insospechadas hasta ese instante.

Confieso que cuando inicio esta crónica me siento enormemente influenciado por el espeluznante relato que sobre el exterminio de indios y de esclavos negros hace el escritor norteamericano Howard Zinn en su obra maestra La otra historia de los Estados Unidos, de 1492 a nuestros días.

 

Acostumbrado a escribir crónicas para Unidad y Lucha en las que la razón, la ironía y la denuncia procuran mezclarse armoniosamente para producir en el lector/a una reflexión crítica sobre el tema planteado, he de admitir hoy que la horrible masacre perpetrada hace unas semanas por el sionismo más inhumano contra el pueblo palestino, sólo estimula en mí primigenios sentimientos de odio y rencor.

“Cuando yo muera todo debe quedar atado y bien atado, balbuceó el decrépito dictador en su lecho de muerte. Juan Carlos, a quien yo he amaestrado a imagen y semejanza mías –prosiguió el chaparro con voz atiplada– continuará el mandato que yo he mantenido férreamente durante 39 años defendiendo el condenado capital y la venerable iglesia católica.

Los graves acontecimientos políticos ocurridos hace unas semanas en Ucrania y en Crimea me sugieren sobre todo que la URSS (para quien no lo sepa o lo haya olvidado, Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas) no debió desparecer nunca. Por una razón convincente, porque en esas circunstancias el imperialismo yanqui y sus lacayos de la Unión Europea se lo pensarían dos veces antes de cometer ciertas fechorías que cada vez ponen al mundo al borde de peligrosas conflagraciones.