¿Imagina alguien a D. Manuel Azaña reclamándole la convocatoria de un referéndum a Alfonso XIII el 14 de abril de 1931? Pues bien, lo que no se le ocurrió al político de IR, ni a ningún otro dirigente político o sindical de la época, se ha convertido, ocho décadas después, en la propuesta política estelar del reformismo para iniciar un proceso constituyente que, aprovechando la experiencia “democrática” de estos últimos 39 años, nos conduzca a mayores cotas de soberanía popular en línea recta, y sin ruptura política alguna, de la monarquía parlamentaria del 78 a la nueva “república de todos los trabajadores” que nos libre del régimen del “bipartidismo monárquico” que denuncia J.L Centella en su comunicado tras la abdicación del rey, estableciendo una nueva categoría política absolutamente acientífica y absurda.

Desde que abdicara Juan Carlos I en su hijo Felipe hace unas semanas, hemos escuchado toda una serie de proclamas que tratan de transformar el estallido de movilización en una victoria de uno y otro tipo. Y en este camino han aparecido fundamentalmente dos proyectos: el del referéndum y el de la república socialista.

La pasada semana, el programa de Telemadrid Ciudadano Cake, se puso en contacto con los CJC para poder entrevistarles, con motivo de la irrupción en el panorama político de PODEMOS y de su líder Pablo Iglesias. 

Un sistema criminal en descomposición no desaparece poco a poco sin más, sino que hasta que la historia, mediante las manos del pueblo trabajador, no lo estrangula, aumenta su agresividad y con ello la violencia y la miseria que lo caracteriza.  

A lo largo de las pasadas elecciones europeas hemos vivido cómo en los diferentes medios de comunicación se hablaba de todo menos de política. En ninguno de los diferentes debates que hemos podido presenciar –por poner un ejemplo– se hacía referencia al Estado como instrumento de dominación de una clase sobre la otra, lo que resulta lógico, pues las distintas siglas que entraban en este circo pretendían gestionar dicho Estado y no destruirlo. 

El capitalismo español -inmerso en una profunda crisis general contra la que lucha la clase obrera-, busca salidas temporales a su quiebra estructural mediante la renovación institucional de la Jefatura del Estado. La clase obrera y los sectores populares de los pueblos y naciones de España, hemos de responder levantando la más amplia movilización popular contra este descarado intento de perpetuar la dominación burguesa en España.

Leyendo las tesis del Partido de la Izquierda Europea (organización de ámbito europeo a la que está adherido el PCE) o  las del propio PCE, podemos hacer las siguientes reflexiones:

La crisis institucional que afecta al sistema capitalista en España, ha colocado a las clases dominantes ante la necesidad de tomar la iniciativa de realizar cambios en la estructura del Estado burgués, para tratar de contener los efectos desestabilizadores de dicha crisis, y reconducir la situación a una nueva estabilidad para mantener la explotación sobre la clase obrera y los sectores populares.

El “Estado del Bienestar” surge tras la II Guerra Mundial como consecuencia de la lucha de los trabajadores por un lado y del temor de la oligarquía a los procesos revolucionarios (como el de la URSS) por otro. Desaparecido el llamado bloque socialista y proclamado la victoria total del capitalismo… las oligarquías pretenden recuperar el terreno perdido en su tasa de ganancia. En el contexto de la crisis de sobreproducción y sobreacumulación de capital, el instrumento para alcanzar ese objetivo. Es desmantelar lo público en beneficio de lo privado.