Incertidumbre, inseguridad y el teléfono siempre con batería, así es cómo se definiría el empleo de la sanidad pública en estos tiempos que vivimos. La incertidumbre de si mañana continúo con mi contrato, la inseguridad de si me trasladan a otro servicio porque se contrata lo justo (o menos) y me van moviendo para reforzar un área y desproteger otra. Y siempre alerta porque ayer se terminó mi contrato y en cualquier momento me pueden llamar.

Va a ser que no. Va a ser que la lucha de clases no entiende de confinamientos ni de pandemias.

Ya lo decía Marx, que la lucha de clases es el motor de la historia.

De los primeros en demostrarlo en “nuestro” estado de alarma fueron los 5000 trabajadores de la Mercedes en Vitoria, la empresa más grande de la provincia vasca, que paralizaron la producción en protesta por la falta de medidas de seguridad contra el coronavirus. Esto fue el 16 de marzo, día 3 del estado de alarma. Muchos otros destacamentos organizados de la clase obrera demostraban la importancia de la defensa de sus derechos de manera temprana.

 

Es de común dominio que el sistema de producción capitalista sufre crisis cíclicas durante las cuales la clase obrera sufre de una forma mucho más agudizada la violencia organizada de la burguesía, la cual necesita imperiosamente exprimir al máximo la fuerza de trabajo que la clase obrera se ve obligada a vender para mantener intacta su tasa de ganancia, recortando salarios, derechos laborales, sociales y todo lo que sea necesario para continuar subsistiendo, siempre a costa de parasitar a la clase obrera y demás sectores populares. 

La situación de inseguridad que vivimos en la provincia de Tarragona tanto los trabajadores de las empresas como los habitantes de las diferentes poblaciones es de extrema gravedad. Cabe destacar la importancia del Complejo Petroquímico Industrial de Tarragona, ya que es uno de los más grandes de Europa con una concentración de empresas muy elevada.

Sin olvidar las centrales nucleares de Ascó que cuenta con dos reactores y Vandellós, a unos 40 y 60 km de Tarragona respectivamente.

A la histórica grave lista de problemas ambientales, de seguridad, los intentos por silenciar los de salud e incidentes, hay que sumar los ocurridos en los últimos meses que ya han hecho colmar el vaso: la fuga de amoniaco en la empresa Carburos Metálicos con el balance de 1 muerto (el trabajador de Torreforta Nono), un herido grave y varios heridos leves. Y el más reciente de la empresa Iqoxe situada delante del barrio de Bonavista con el trágico resultado de tres muertos y siete heridos.

Del SOC al SAT, o cómo organizar desde el campo a la ciudad

Lo que en el estado español se llamó crisis (12 % de desempleo) en Andalucía era algo habitual antes de 2008. El Medio Rural andaluz vivía en una precariedad que se extendió al sector terciario, de la misma manera en la que ya lo sufría el mundo rural con los jornaleros: Sufrimos la jornalerización del empleo.

Estas líneas se escriben a escasos diez días del primero de mayo de 2020. La fecha más importante del año para la clase obrera internacional va a tener este año en el estado español unas condiciones especiales.

No nos encontraremos en las calles, ya que el gobierno de la oligarquía intentara evitar que la clase obrera pueda manifestar su posición de clase ante la situación de opresión y sobreexplotación que padecemos. La mayoría lo vamos a pasar en nuestras casas, en confinamiento por las medidas de restricción de movimiento que se pusieron en marcha el pasado 14 de marzo. Unas medidas puestas en marcha por el gobierno al no poder controlar la expansión del coronavirus. Un virus que ha puesto en jaque al sistema capitalista y nos ha enseñado de una manera más clara todavía las contradicciones de este sistema criminal. Nos ha mostrado la verdadera fuerza de la clase trabajadora que es la que crea realmente la riqueza y que si se queda en casa la economía de un país colapsa irremediablemente. Motivo por el que este gobierno gestor del capital nos envía al trabajo al tiempo que nos mantiene confinados. Nos ha mostrado la situación criminal de muchas de las residencias de mayores que se han convertido en un negocio al que poco le importan las vidas humanas. Nos ha mostrado la importancia de nuestra sanidad pública.

El milagro del campo español tiene un secreto a voces, la explotación de la mano de obra jornalera. Sol a sol y luna a luna hombres y mujeres, con salarios irrisorios y sin derechos laborales, riegan con su esfuerzo las fincas e invernaderos que han hecho  inmensamente ricos a los amos y patronos. Del oro rojo de Huelva, a la aceituna de prácticamente toda Andalucía, pasando por frutas y verduras de Almería y Murcia, vendimia o ajos en Castilla la Mancha, naranjas en el País Valenciano…, nos podemos encontrar con unas condiciones laborales terribles, por no hablar del hacinamiento y las zonas de viviendas (por llamarlas de algún modo) donde vive la población temporera. De nada sirven leyes ni convenios, en las fincas agrícolas se  vive mayoritariamente al margen de todo ello. La connivencia de los organismos que debieran evitar que eso suceda, hace que se acaben normalizando esas situaciones de sobreexplotación y, que únicamente nos enteremos de los casos más graves.  

No lo tendrá fácil la Ministra de trabajo si de verdad quiere abordar un cambio en la actual legislación de autónomos y no se queda en una venta de humo como nos hicieron con los despidos en situación de baja, donde han aumentado la indemnización en lugar de prohibirlos, como deberían haber hecho. Pero sin duda tienen muy buenos comunicadores, nos han vendido que ya no puedan despedir. Esperemos que con los autónomos no vuelvan tomar el pelo a miles y miles de trabajadores que hoy deben prestar su relación laboral en situaciones “alegales”.

Traemos aquí, a esta sección de Unidad y Lucha, un ejemplo que debería figurar en cualquier manual de formación de un sindicato decente que pretenda formar a sus cuadros, a sus delegados y delegadas y representantes. Para ilustrar de manera clara cuál es la labor de un sindicalista de verdad, de alguien que da la cara en la defensa de los derechos de sus compañeros y compañeras, único objetivo este de toda persona que un día decide presentarse a unas elecciones sindicales en su centro de trabajo. Cosa básica que desgraciadamente se debe  volver a recordar de vez en cuando.