El desarrollo del sectarismo socialista y el desarrollo del movimiento obrero real se encuentran siempre en proporción inversa. Las sectas están justificadas históricamente mientras la clase obrera aún no ha madurado para un movimiento histórico independiente. Pero en cuanto ha alcanzado esa madurez, todas las sectas se hacen esencialmente reaccionarias. Lo caduco tiende a restablecerse y a mantener sus posiciones dentro de las nuevas formas aparecidas.

Bakunin: su programa estaba compuesto de retazos superficialmente hilvanados de ideas pequeñoburguesas arrebañadas de aquí y de allá: igualdad de las clases (!), abolición del derecho de herencia como punto de partida del movimiento social (morralla saint-simonista), el ateísmo como dogma obligatorio para los miembros de la Internacional, etc., y en calidad de dogma principal la abstención (proudhonista) del movimiento político.

Allí donde la clase obrera no ha desarrollado su organización lo bastante para emprender una ofensiva resuelta contra el poder político de las clases dominantes, se debe, por lo menos, prepararla para ello mediante una agitación constante contra ese poder y adoptando una actitud hostil hacia la política de las clases dominantes.

ENGELS: “TEORÍA DE LA VIOLENCIA”

El sometimiento del hombre a la servidumbre, cualquiera que sea la forma que presente, presupone en el avasallador la posesión de los medios de trabajo sin los cuales el sometido no le serviría de nada, y en la esclavitud presupone además la posesión de los medios de vida indispensables para mantener al esclavo.

La violencia es hoy día el ejército y la marina de guerra [y la aviación y el espacio actualmente] y ambos cuestan, como sabemos por dolorosa experiencia, “montones de dinero”. La violencia está condicionada por la situación económica, que es la que tiene que dotarla de los medios necesarios para equiparse con instrumentos y conservar éstos.

ENGELS: INTRODUCCIÓN A LA OBRA DE MARX “LAS LUCHAS DE CLASES EN FRANCIA DE 1848 A 1850”

La época de los ataques por sorpresa, de las revoluciones hechas por pequeñas minorías conscientes a la cabeza de las masas inconscientes, ha pasado. Allí donde se trate de una transformación completa de la organización social, tienen que intervenir directamente las masas, tienen que haber comprendido ya por sí mismas de qué se trata, por qué dan su sangre y su vida. Y para que las masas comprendan lo que hay que hacer, hace falta una labor larga y perseverante.

Lenin y Mao reconocían abiertamente que los intelectuales revolucionarios son imprescindibles al movimiento revolucionario. No es en modo alguno casual ni carente de importancia para las discusiones actuales el hecho de que los bolcheviques tuvieran que defenderse y abrirse paso entre las acusaciones de “intelectualismo” que se les hacían. Lenin desenmascaró las raíces reformistas de la teoría del “movimiento puramente obrero”: ¡El reformismo se ha envuelto siempre, en su fase de formación, en un velo de radicalismo verbal!

El análisis de clase es un instrumento de partido en manos de revolucionarios, los cuales se esfuerzan por averiguar mediante un estudio concreto de la situación de clase lo siguiente: qué capas sociales pueden ser ganadas en la actualidad o en un futuro próximo para la lucha revolucionaria, contribuyendo con ello a un cambio de la correlación de fuerzas favorable a la revolución, o bien qué capas sociales y con qué política pueden ser neutralizadas.

El desarrollo revolucionario ya no va más de la huelga general a una sublevación militar; parte más bien de acciones de comandos, pasando, mediante la creación de centros de resistencia, a la formación de milicias, a la desorganización y desmoralización de las fuerzas armadas de la represión, logradas a través de una pequeña guerra, larga y agotadora.

Puede que el poder del Estado burgués sea debilitado por el auge del movimiento de masas, pero de ninguna manera será aniquilado de este modo, si el ímpetu de las masas se disipa en el juego de la contrarrevolución, el capital se verá en seguida más fuerte, saliendo más vigoroso de la contienda, erigirá una dictadura fascista y restaurará la “paz laboral” en los términos dictados por los propietarios.

Se puede constatar en todos los países industrializados de Occidente la tendencia a poner punto final al servicio militar generalizado, formando unidades de élite para combatir sublevaciones y acciones de guerrillas, sustituyendo a los soldados proletarios por asesinos profesionales con un equipamiento y entrenamiento técnico perfectos. La fraternización de un ejército profesional con las masas revolucionarias es puramente utópica.

Parece que crece la tendencia a cerrar los ojos a las condiciones militares de una revolución, en el mismo grado en que el aparato represivo se especializa en la liquidación de disturbios y sublevaciones.