En este artículo se pretende ilustrar en mayor o menor medida el impacto medioambiental que el ser humano provoca en su entorno y lo necesario que es tomar consciencia al respecto. La actividad industrial y el consumo de recursos naturales a una escala nunca antes conocida pone en jaque a toda la especie humana y a la gran mayoría de animales y plantas que componen la biosfera, cada año se ven reducidos los números de estas especies debido a la explotación de los recursos naturales y la consiguiente desaparición de los hábitats, amén de otras muchas especies que se han extinguido o están en peligro de desaparecer para siempre poniendo en peligro el equilibrio de los ecosistemas donde cada una tiene un papel determinante en los procesos naturales que modifican su entorno.

Es curioso cómo el último caso de un jugador expulsado de un equipo de fútbol ha levantado cierto revuelo. Cierto, porque si hubiese sido de un neonazi como Zozulya o como tantos otros como Soldado, Negredo, o Pepe Reina, los ríos de tinta de los ultraconservadores medios de comunicación futbolística habría inundado hasta el Atlántico.

Hace poco vimos cómo se condenaba a la afición del Rayo Vallecano por llamarle nazi a un nazi. Una paradoja difícil de entender, puesto que si alguien considera que ser nazi es un insulto, ¿cómo es posible que defienda esa ideología?

Los seres humanos somos animales de opinión. Una fuerza interna nos impulsa a exponer con vehemencia lo que consideramos verdades; algo que pareciera natural si no fuese por un simple detalle: hasta ahora ningún humano ha demostrado tener la verdad absoluta sobre nada

Foto: Obra El pensador, de Marcelo Pogolotti

Hace unos días, salí a la calle y alguien me dijo: «Caramba, muy bueno ese artículo que publicaste. A todo el mundo le ha gustado». Media cuadra después otra persona me haló por la manga: «Muy malo ese artículo que publicaste. Todo el mundo lo está criticando». Tras el instante de perplejidad, recordé una máxima de Nietzsche: «El mundo real es mucho más pequeño que el mundo de la imaginación».

La apresurada y clandestina huida de Juan Carlos I fuera de España lleva a pensar que existe algún problema grave que amenaza con un nuevo escándalo mayor a la familia de los Borbones.

No cabe la menor duda de que hoy el bloque de poder en España tiene un grave problema con la monarquía y, en términos más precisos, con Juan Carlos I.

Y no es una cuestión menor. Para el actual sistema de dominación en España la monarquía es una especie de imprescindible clave bóveda, que hace posible que se mantenga la estabilidad de la totalidad del edificio opresor La llamada Transición, y la ópera bufa del golpe de estado del 23 F, no habrían sido posibles si la monarquía no se muestra colaboradora para jugar todos los papeles (con Franco, contra Franco, con Tejero y sus secuaces, contra Tejero finalmente), para que al final todos (o casi todos) los poderes fácticos decidieran situarlo como “baluarte de la democracia”. Hay que reconocer que en el golpe de febrero del 81 las dudas de Juan Carlos I se prolongaron demasiadas horas, hasta que lo convencieron de cuál era el bando ganador, y decidió ponerse a la cabeza, después de mucho sopesar.

Se agrava la crisis general (estructural) del capitalismo y se agudiza la agresividad del imperialismo.

El nuevo ciclo de la crisis capitalista, que ya se estaba iniciando desde hace más de un año, se ha acelerado con el estallido de la pandemia de la Covid-19. El escenario mundial es de caída generalizada de los principales indicadores económicos, aumento desmesurado del paro y el empobrecimiento de amplios sectores de la clase obrera. Todos los indicadores se sitúan a la baja, si bien el capital financiero (Black Rock y otros fondos buitres, así como monopolios transnacionales como Amazon, Google, Microsoft, etc.), aprovechan el momento para adueñarse de nuevos sectores económicos, que se encuentran más debilitados en esta situación, y aumentan de forma importante su poder y su control sobre sectores cada vez más amplios de la economía.

Imagen: Bilderandi

Las cifras de vehículos que circulan por el estado español son enormes. Sobre una población de unos 46 millones de habitantes tenemos un parque móvil de casi 35 millones de vehículos. Los datos de 2019 que ofrece la DGT son de vehículos registrados con el pago del seguro al día. Concretamente cuentan 34,5 millones de los que la mayoría son turismos (24,5 millones), seguidos de camiones (2,5 millones), furgonetas (también 2,5 millones), motocicletas, autobuses y tractores. Estas son cifras de vehículos de carretera. Falta añadir toda clase de embarcaciones a motor, así como aviones, avionetas y helicópteros. Nos sale a casi un vehículo por habitante y cuando decimos uno por habitante no hay que olvidar que se incluyen niñas y niños, ancianas y ancianos, personas que no conducen por problemas físicos o psicológicos, personas en prisión, personas que por su situación económica no pueden permitirse coche ni moto, personas que por decisión militante no usan vehículos a motor para desplazarse, personas hospitalizadas, etc.

Ante la actualidad del análisis y propuestas que se contienen en la Declaración conjunta publicada el pasado 30 de Julio, volvemos a publicarla de forma destacada para reiterar nuestra exigencia de que se garantice la seguridad de alumnos y docentes en el nuevo curso que empezará en septiembre.

 

Desde hace meses el profesorado está poniendo de manifiesto su preocupación por la vuelta a las aulas en septiembre, así como su malestar ante la falta de medios destinados a garantizar la salud del alumnado y, como no, también de ellos mismos como docentes y del conjunto de la Comunidad Educativa.

1.- La pandemia generada por el Covid-19 y la actual crisis económica capitalista interactúan y se retroalimentan.

La actual crisis económica ya estaba presente y operando cuando emerge la pandemia. No fue la pandemia la que originó la crisis. Pero la pandemia le da una impronta particular a la crisis económica, lo que la convierte en una crisis sui generis.

Por ejemplo, la pandemia ha acelerado la quiebra de empresas industriales, comercios y empresas de servicios.

 

IMAGEN: Peggy_Marco.Pixabay.

A la vista de la COVID-19 se pueden hacer muchas reflexiones. No soy médico ni virólogo por lo que no soy quien para poner en duda la existencia ni su sintomatología ni su gravedad. Lo que sí sabemos es cómo el capital está aprovechando esta enfermedad: mayor represión en todos los ámbitos.

Pero hay más. El presidente Lukashenko, ese que ha ganado las elecciones en Bielorusia “haciendo trampas”, no como Bush en la Florida, no, sino obteniendo más del 80% de los votos, ha dicho que tomar la medida de confinar a la población es un plan del FMI para desactivar todos los países y endeudarlos, obligándolos a tomar las medidas que ellos quieran para acceder a los préstamos. Desde aquí nuestro apoyo a Lukashenko y a la victoria en las elecciones con el apoyo del partido comunista de Bielorusia.