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El 19 de junio de 1953 Ethel y Julius Rosenberg, poco antes de ser ejecutados en la silla eléctrica, escribieron a sus hijos: “…incluso en esta hora, cuando la vida se aproxima lentamente a su fin, nosotros creemos en esta verdad con una certidumbre que hace fracasar a los verdugos (…) la libertad y todo cuanto a la existencia de su felicidad se refiere debe ser, a veces, caramente adquirido (…) hemos comprendido perfectamente que la civilización no ha llegado todavía al punto en el que la vida debe ser salvada por simple amor a la vida (…) Recordaos siempre que nosotros fuimos inocentes y que no pudimos violentar nuestra conciencia…”

Se ha aprobado el llamado Ingreso Mínimo Vital (IMV) a “bombo y platillo”, con toda la pompa y la solemnidad necesaria instruida por el maestro de ceremonias Pablo Iglesias, donde emocionado explicaba la importancia del “momento histórico”.

El prestidigitador que prometió no hace tanto -a la última crisis- “el asalto a los cielos”, donde definía al PP y a los PSOE como “casta” y berreaba -con un contenido vacío pero con gran histrionismo- que “se tenía que hacer justicia a la “gente” del país que ya soportaba demasiado agravios” se conforma ahora con una medida de pura paliación de profundos y mucho más graves males que afectan al conjunto de la clase obrera.

 

La consigna central del PCPE, para la nueva etapa de la lucha de clases que ahora se inicia en el Estado Español, es: “SÓLO EL PUEBLO ORGANIZADO SALVA AL PUEBLO”

¿POR QUÉ ESTA CONSIGNA?

Los derechos y la dignidad de las personas deben ser los ejes centrales sobre los que se construya cualquier sociedad justa, por lo que es fundamental para la militancia comunista conocer y posicionarse en la defensa de aquellas personas cuyo sexo, género, identidad de género u orientación sexual no coinciden con las necesidades de perpetuación del patriarcado al servicio del capital y por esto son discriminadas, marginadas y/o violentadas.

 

De escándalo en escándalo anda la caterva telemediática en el mundo.

Cantantes, youtubers, actorcillos y hasta escritorcillos están mostrando la peor cara de quienes son aupados a la fama por el sistema.

La cuestión es sencilla, para ser famoso/a no hay que ser inteligente, ni siquiera tener formación, a veces, basta con tener buen físico, otras ni eso. Basta bailar al son de lo que el poder económico toca con su orquesta, el clientelismo puro y duro.

El 20 de junio del 1985 es una fecha que está grabada en la conciencia revolucionaria como una de las fechas en las que la clase obrera, organizada y dirigida principalmente por organizaciones las cuales en su programa recogían la necesidad de la derrota del capitalismo, derrota que sitúa a la clase obrera en condiciones de construir la sociedad socialista, confrontaron una de las más ricas y educativas experiencias de lucha que obreras y obreros han vivido.

Ahora que se evidencia el absurdo de gastar millones de euros en industria armamentística en lugar de material sanitario, I+D militar en lugar de investigación en salud, toneladas de combustible y aviones de guerra en lugar de recursos esenciales para la gente, ahora más que nunca gastos militares para presupuestos sociales.

 

La Fiscalía del Tribunal Supremo empieza a enterarse, por fin, de lo que es una convicción general en toda la opinión pública, nacional e internacional: Juan Carlos I cobró una comisión de 100 millones. Parece que en esta ocasión, que no es la única en que ha metido la mano, el empuje de un fiscal Suizo, que tiene alguna documentación facilitada por alguna amiga del Rey Emérito, ha obligado al apresurado movimiento del Fiscal del Supremo, para tratar de evitar que una vez más quede en evidencia la complicidad de la Justicia española.