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Los acontecimientos se suceden en Ucrania a una velocidad vertiginosa después del golpe de Estado auspiciado por la UE y los EEUU contra el gobierno de Viktor Yanukovich. A la reciente integración de la península de Crimea en el territorio de la Federación Rusa le están siguiendo las sucesivas creaciones, mediante referéndum, de las denominadas Repúblicas Populares de Donetsk y Lugansk, cuyo destino todavía es incierto en tanto que Rusia parece plantear que todo pasa “por un diálogo real entre el gobierno de Kiev y los representantes de las regiones”, según rezaba recientemente un comunicado del ministerio de Exteriores, y no por un proceso similar al de Crimea.

 

La proclamación de nuevas repúblicas en la zona no debe entenderse bajo el prisma de los procesos nacionalistas burgueses que conocemos por esta zona de Europa, sino como respuesta al carácter del gobierno de Kiev: golpista, oligarca y apoyado en organizaciones nazi-fascistas como Svoboda o Pravi Sektor, ésta última responsable de la matanza de 42 personas en la Casa de Sindicatos de Odessa (al suroeste del país) a primeros de mayo.

Las palabras de miembros de la organización ucraniana Borotba (Lucha) son muy esclarecedoras para entender los porqués de esta situación: “Ayer mucha de esta gente quería ser parte de Ucrania –y todavía quieren serlo. No obstante, no pueden y no quieren obedecer las órdenes de políticos usurpadores no electos del lejano Kiev que enviaron tanques contra su pueblo, desatando una sangrienta guerra civil. El resultado del referéndum está claro, y no es culpa de notables “agentes de Putin”– el Kremlin únicamente está aprovechando muy bien las políticas militaristas y agresivas de la Junta”.

¿Qué es lo que está viendo el pueblo de las regiones orientales de Ucrania? Fundamentalmente cómo los militares ucranianos y las fuerzas de choque nazi-fascistas matan en la ciudad de Slaviansk, cómo los representantes de organizaciones de izquierda son golpeados y vejados dentro y fuera la Rada (Parlamento) de Ucrania, como es el caso de Petro Symonenko, Secretario General del PCU. La población en estas zonas, mayoritariamente de origen ruso, ve cómo el gobierno golpista de Kiev lanza una ofensiva contra la lengua rusa en Ucrania y cómo pretende beneficiar a oligarcas con grandes empresas en la zona mediante la aplicación de las medidas exigidas por el FMI y la UE.

En términos geopolíticos es Rusia la principal beneficiaria de esta situación. A Vladimir Putin también le interesa mucho esa identificación entre Rusia y el pasado soviético. En el sentir popular de amplias capas de los antiguos países socialistas late sin duda el recuerdo de la época soviética en la que ni el paro ni los fascistas eran una amenaza. Putin maneja con habilidad esta memoria colectiva para fortalecer a una Rusia que no tiene ningún parecido con la Unión Soviética y, sin duda, la aparición de estas nuevas repúblicas es un golpe importante para los intereses del imperialismo occidental, pues altera sustancialmente los planes de la UE y EEUU encaminados a lograr el máximo aislamiento por el frente occidental a un enemigo, Rusia, que cada vez tiene un papel más activo en la pugna interimperialista. 

Por todo ello se hace necesario que se fortalezcan en Donetsk y Lugansk los sectores obreros y populares que actualmente tienen un importante papel en el desarrollo de los acontecimientos. En Lugansk se empiezan a nacionalizar empresas, es cierto que principalmente las vinculadas a los oligarcas pro-occidentales, pero es un paso, y en Donetsk existe un importante debate acerca de la nueva constitución de la república, donde Borotba vuelve a denunciar que “La República Popular del Donetsk debe ser de facto un estado social. Si no es así será solo una segunda edición de Ucrania tal como la conocimos tras 1991, solo que cambiando el nacionalismo ucraniano por el ruso. La asociación "Borotba" llama a la RPD a no ir a remolque de las fuerzas conservador-clericales, a las cuales apoya una minoría de la población. Eso es un callejón sin salida, una vía al desastre". 

Pero también es necesario y urgente que se fortalezcan las fuerzas obreras y populares en Ucrania pues, sin una perspectiva clasista, existe el riesgo evidente de que el pueblo ucraniano se vea atrapado en las disputas entre capitalistas, lo que sin duda sería dramático.

Á.G.