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Un sistema criminal en descomposición no desaparece poco a poco sin más, sino que hasta que la historia, mediante las manos del pueblo trabajador, no lo estrangula, aumenta su agresividad y con ello la violencia y la miseria que lo caracteriza.  

 

Esa violencia y miseria es lo que hoy empapa la realidad que vivimos los trabajadores y trabajadoras, los sectores populares y los pueblos del mundo. Esa violencia y miseria es la que hoy genera en el estado español la desesperación de millones de familias abocadas a la privación de todo medio de vida, pero también generan la resistencia, cada día más organizada, del pueblo trabajador y es precisamente esa resistencia la que se convierte en el objetivo natural de este sistema criminal. Así la represión se convierte en un mecanismo habitual, como lo es la sobreexplotación, la precariedad y el paro, a la que se somete a los trabajadores y trabajadoras, y es también por eso que la juventud, uno de los sectores sobre los que recae con más contundencia las consecuencias de este miserable sistema, se convierte en el blanco de la represión. Este sistema tiene la necesidad de escarmentar a los jóvenes y no dudará en utilizar cualquier montaje para lograrlo. 

El pasado 22 de marzo en el popular barrio de Carabanchel, Miguel regresaba tranquilo y despreocupado a su casa, fue en ese momento cuando es detenido bajo la acusación, sin pruebas, de haber gritado una hora antes que había agredido a un policía durante los altercados que reventaron la pacífica marcha de la dignidad que ese mismo día tuvo lugar en el centro de Madrid. Desde entonces, este joven, sin antecedentes penales, permanece sin fianza en prisión preventiva.

Apenas dos semanas después los denominados cuerpos de seguridad del Estado ponen en marcha la operación Puma 70, también conocida como operación de la venganza. En esta operación policial once personas son detenidas y otras nueve imputadas por los altercados del 22M, de todos los detenidos sólo uno ingresa en prisión, se trata de Isma, otro joven, también sin antecedentes penales, y también con la misma falta de pruebas concluyentes que en el caso de Miguel.

Miguel e Isma llevan ya más de dos meses en prisión, encarcelados bajo acusaciones tan oscuras como los mismos altercados que supuestamente protagonizaron, y es que la actuación policial del mismo 22M, el momento y la forma en la que se puso en marcha, el uso calculado de la violencia  por parte de unas fuerzas policiales que ese día blindaban el centro de Madrid, resulta muy discutible.     

Los casos de Miguel e Isma son una prueba palpable y dramática de la represión que azota a la clase obrera y a los sectores populares en este tiempo de crisis en el que el capitalismo se retuerce  imponiendo el ejercicio de su dominación con una violencia cada vez mayor. A medida que el capitalismo profundiza en su propia descomposición, dirige con más determinación la agresión imperialista a los pueblos, la explotación y miseria a los trabajadores y trabajadoras y la represión a los sectores populares; sólo con la unidad y organización de la clase obrera y los sectores populares se acaba con este brutal sistema. Es por eso que desde el Partido comunista de los Pueblos de España y de los Colectivos de Jóvenes Comunistas afirmamos nuestra completa solidaridad y absoluto compromiso con Miguel e Isma, con sus familiares y amigos que están pasando por el mal trago de ver a uno de los suyos injustamente privado de libertad y con todos aquellos y aquellas que en estos momento sufren directamente la violencia de los aparatos represores del capital. Desde el Partido Comunista de los Pueblos de España y de los Colectivos de Jóvenes Comunistas exigimos la inmediata puesta en libertad  de Miguel e Isma.

Eduardo Vecino