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La crisis capitalista mundial se encuentra, en estos momentos, en un proceso de destrucción y degeneración acelerado que, por supuesto, afecta a Valencia en iguales términos que al resto de territorios del Estado español.

En Valencia, como ciudad tradicionalmente turística, la expresión más grande de esta crisis se ha podido visualizar con mayor amplitud en el sector inmobiliario especulativo, que no es más que una expresión de la huida de capitales del sector industrial debido al bajo o nulo crecimiento de la tasa de ganancia, provocada por el propio agotamiento del capitalismo y del sector hostelero, que se ha visto reducido enormemente por el impacto de la brutal tasa de más del 20% de paro sostenido durante años, con un índice que llega incluido a superar el 50% en el caso de la juventud obrera; pero aun así, tenemos buenos ejemplos de sectores industriales, con buena tradición obrera, que se han visto forzados a la lucha por sus intereses comunes frente a la amenaza del cierre, del despido, y de la explotación sin límites. En este artículo exponemos tres ejemplos concretos: la de las empresas de Ford, Galmed y Coca-Cola.


 ¡Los monopolios nos niegan hasta las migajas! El ERE en los comedores de la Ford.

A finales de agosto del año pasado se hicieron realidad los rumores que rondaban la fábrica de Ford en Almussafes (Valencia): el cierre de los comedores de Tapicerías, Prensas y Pinturas, y en consecuencia el despido de 50 (el 60% de la plantilla total de comedores) de los trabajadores y trabajadoras de Sodexo, la subcontrata de Ford destinada al servicio de comedores para los más de 3.000 obreros que pasaban por su cantina cada día.

¿Por qué se da este ERE o despido colectivo? Ford introduce un nuevo turno de noche, por lo que de los 30 minutos que tenían los trabajadores para comer y cenar quitan 15 para acabar 15 minutos antes la jornada, quedándoles un cuarto de hora para comer, por lo que es físicamente imposible ir desde el puesto de trabajo hasta los comedores y tomar un plato de comida caliente para poder continuar la jornada en la cadena de producción.

La multinacional, además de atacar a la calidad de vida y a las dietas de los trabajadores, que desde entonces tuvieron que “conformarse” con comerse rápidamente el bocadillo mientras fumaban un cigarro fuera de la factoría, también dinamitó ese espacio en común de descanso de los trabajadores, dónde surgían debates y se hablaba de las problemáticas del día a día, dónde se extendía la indignación y el descontento. En este sentido la multinacional Ford quería acercarse, a pasos acelerados, a ser una imitación de la factoría de “Tiempos Modernos” dónde trabajaba Chaplin.

Ante este atropello los trabajadores de Sodexo y su Comité de Empresa, formado por 3 representantes de CCOO, otros tantos de UGT y los mismos por parte de CGT, de forma unitaria y cohesionada llevaron a cabo una huelga indefinida, seguida posteriormente de paros parciales acompañados de concentraciones en la rotonda de entrada a la planta de Ford, dónde estuvimos cada día el PCPE y los compañeros de los CUO.

Los compañeros de Sodexo partían de una dilatada experiencia en el movimiento obrero y sindical, además de años trabajando juntos, por lo que su fuerza y determinación fue implacable y no se rindieron nunca, estando siempre al pie del cañón, explicando también la problemática a los compañeros que trabajaban en la parte industrial de Ford. El conflicto se extendió durante meses en los que combinaron el intento de entablar conversaciones con la multinacional, que se cerró en banda, y la lucha en el centro de trabajo y en la calle.

Finalmente el proceso terminó a mediados de marzo con la readmisión de los 50 compañeros despedidos, declarando el ERE como nulo no solamente gracias a la torpeza de Sodexo y Ford, sino al alto nivel de combatividad de los trabajadores y trabajadoras de los comedores y los apoyos recibidos por sus compañeros. La práctica nos da la razón una y otra vez: la lucha trae victorias, el pacto la miseria.

Alejandro Domingo Agustí.


Externalización, despidos y empeoramiento de condiciones en Coca-Cola

El conflicto de Coca-Cola a lo largo del Estado español se ha convertido en uno de los principales vectores de lucha obrera de los últimos años, y no es para menos: la multinacional, con exuberantes beneficios que no se han visto reducidos en absoluto durante todo el periodo de crisis, ha forzado un ERE que implica el cierre de varias plantas de producción y la concentración, en regímenes de explotación aumentados en las plantas restantes a las que, además, se les somete con el miedo a la aceptación de bajadas de salarios y condiciones laborales.

El conflicto de Coca-Cola debe entenderse, sobre todo, desde el punto de vista de la concentración de capital y el aumento del monopolismo. En el Estado español, la empresa como tal no ha existido, salvo como una pequeña agencia de coordinación entre plantas embotelladoras independientes, con propietarios propios y licencias de duración indefinida. En el caso de Valencia, la empresa se llamaba Colebega S.A.U y operaba en el pequeño pueblo de Quart de Poblet, en el Área Metropolitana de la provincia. Esta embotelladora pasó a formar parte, junto con las demás, a un holding llamado Coca-Cola Iberian Partners S.A., concentrando el capital y reduciendo el número de propietarios que, siguiendo la lógica de “optimizar” el proceso productivo en todo el Estado, decidieron cerrar un buen número de plantas y trasladar la producción al restante. La planta de Valencia no era una de las plantas que iban a sufrir el cierre, pero aun así iba a sufrir las consecuencias de la políticas de la nueva dirección centralizada que, aprovechando la dinámica de reestructuración, se ha deshecho por completo de la gestión administrativa, de atención al cliente y comercial (en total, unos 100 trabajadores), cuyas funciones ahora llevarán a cabo empresas externas (subcontratas), lógicamente en peores condiciones.

La empresa, en Valencia, trató de evitar el conflicto obrero dividiendo, en primer lugar, a los trabajadores. A la parte industrial, no afectada por el ERE, pero que es la que tiene el potencial de realizar un daño objetivo mediante paros y huelgas, se le intentó convencer de que el cierre de las plantas era beneficioso para ellos, pues garantizaba su continuidad, al absorber la producción de las plantas cerradas e, incluso, iba a beneficiar la creación de empleo en Valencia. El Comité de empresa no tragó con estos postulados y comenzó a movilizarse para organizar paros planificados en solidaridad con sus compañeros, tanto los de las plantas cerradas como los de administración que se quedaban en la calle. A pesar del abandono de las cúpulas sindicales, que sólo acudieron un día cada sindicato para hacerse la foto, los trabajadores tenían muy claro que no iban a abandonar la lucha, y encontraron en nuestros camaradas un importante apoyo, pues el PCPE fue la única fuerza política que estuvo presente en todas sus movilizaciones, durante las 3 semanas de lucha en su momento más álgido. El prestigio del mensaje se gana con la implicación, codo con codo, con los trabajadores. Y fieles a ese pensamiento, el PCPE actuó. Además de nuestra participación en los paros, también participamos en una concentración en el centro de la ciudad, viajamos a Madrid para apoyar la manifestación de protesta estatal y publicamos entrevistas, vídeos y fotografías para ayudar a la difusión de la lucha de los compañeros de Coca-Cola.

La reacción de la empresa no se ha hecho esperar y ha pasado de la propaganda al chantaje y la amenaza directa. Los trabajadores han sufrido, en las últimas semanas, procesos de coacción, con “charlas” individuales incluidas, para “aconsejar” a los trabajadores que firmen bajas y traslados voluntarios con la promesa de que recibirán mejores prebendas que las que ofrecen en los términos del ERE. El Comité de empresa sigue realizando, en estos momentos, fuerza para luchar contra estos procesos de coacción.

Lo más positivo de las luchas, que todavía hoy continúan en Coca-Cola en Valencia, es que hemos podido constatar un aumento muy cualitativo del sentimiento de unión de clase de sus trabajadores que, en la adversidad, han superado con creces los elementos de división de décadas de pactismo de las cúpulas sindicales y el individualismo de los departamentos estancos, donde los trabajadores industriales no se relacionaban con los de administración, ni ninguno de los dos con los comerciales, etc. A raíz de estas luchas, todos han sido compañeros, y decenas de trabajadores no afectados por el ERE han luchado por los que sí eran afectados en términos de igualdad de clase.

El PCPE en Valencia tiene la voluntad de seguir apoyando la lucha obrera en Coca-Cola y de seguir promocionando la idea de que no se trata de una fábrica o la otra, sino de los intereses comunes como clase. Con la unidad de los trabajadores, ¡luchar hasta vencer!

Edgar Rubio


El cierre de T.K. GALMED y la institucionalización de las luchas.

Dentro de poco, hará un año que el monopolio Thyssen Krupp decidió cerrar la planta de GALMED en el Puerto de Sagunto, zona industrial de la provincia de Valencia, que ya sabe bien del carácter reaccionario de la UE tras la segunda reconversión industrial y el cierre de Altos Hornos del Mediterráneo.

Es importante que los trabajadores tengamos memoria y construyamos nuestra propia historia a través de nuestras luchas, con sus victorias y sus derrotas, para no caer en los engaños del capital y repetir una y otra vez viejos errores.

Pasado el tiempo y viendo con perspectiva la lucha que se llevó a cabo por parte de los trabajadores de TK GALMED y el pueblo trabajador del Puerto de Sagunto, con el apoyo decidido del comité de los CUO en Valencia, debemos preguntarnos ¿Por qué esta lucha terminó en derrota? ¿Por qué la planta de GALMED cerró pese a los multimillonarios beneficios de esta multinacional?

¿Sirve de algo luchar?

Pues bien, la causa principal de esta derrota, y en consecuencia, del paro o el exilio a Alemania de más de 1000 trabajadores fue no confiar en sus propias fuerzas.

Si bien la lucha contra el cierre de GALMED comenzó por buen camino, con los trabajadores en huelga y con el apoyo masivo de todo el pueblo trabajador del Puerto de Sagunto, el objetivo era erróneo. En lugar de buscar la nacionalización del monopolio, se pedía al gobierno que “prohibiera” este cierre, en lugar de señalar a la UE como estructura de los monopolios, se pidió al Parlamento Europeo que declarará ilegal el cierre, en lugar de confrontar directamente con la empresa, se desconvocó la huelga para no estar en una posición “amenazante” cuando empezarán las negociaciones con la misma.

Esta amarga derrota debe dejar una cosa clara para el conjunto de la clase obrera, y es la máxima de que sólo el pueblo salva al pueblo, es decir, ninguna institución de la burguesía va a solucionar los problemas de los trabajadores, sólo nuestra lucha organizada por nuestros interés de clase nos servirá para defender nuestros derechos.

Luis Muñoz Gutiérrez