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Lo que distingue/caracteriza al materialismo es su incondicional anclaje en la realidad objetiva, en la naturaleza, en el mundo. Estos son preexistentes. Existen tanto si se conocen como si no. Sobre esa base el materialismo marxista investiga para explicar la realidad objetiva. Aunque no se planta ahí, pues Marx insiste en que "…..de lo que se trata es de transformarlo". El mundo, claro. (XI Tesis sobre Feuerbach).

El idealismo, por su parte, pretende de una forma u otra que son nuestras ideas, nuestro espíritu o alguien que nos lo dona graciosamente, el espíritu objetivo, dioses o algo así los que construyen, crean y mangonean el mundo objetivo. Al idealismo no les queda más remedio que "inventar" leyes de funcionamiento de los hechos y fenómenos para explicar cualquier aspecto de la realidad objetiva.

Idénticas actitudes muestran las propuestas ante las elecciones próximas al parlamento europeo. Desde el idealismo se pretende como existente una sociedad con una escasez o perversión de la democracia (para ellos este tipo de democracia no es burguesa, es un ente "idealizado, ideal", no producto de una situación concreta de las clases, no resultado de la lucha de clases ni es el dominio de una clase sobre otras). Por tanto, de lo que se trata es de regenerar la democracia existente….. mediante la mera acumulación de votos. Pues aunque hablen algunos de movilización popular, dan a ésta el mínimo contenido posible en cuanto a la propia movilización y organización del movimiento.

Una visión idealista de este tipo tampoco puede ver la situación real del capitalismo actual, sus dificultades de acumulación ni mucho menos vislumbrar las leyes objetivas que mueven su desarrollo. Desde el idealismo en el que se mueven construyen un mundo quimérico, iluso en el que un capitalismo malísimo, depredador, el financiero se opone a toda racionalidad, incluso a la capitalista, y consigue que un capitalismo bueno, productivo, keynesiano no realice el fin para el que fue creado: perpetrar la "democracia de mercado", pues al mercado hay que democratizarlo y construir el estado del bienestar y, así, proporcionar felicidad a los mortales. Desde su planteamiento subjetivo, desde su idealismo no pueden ver la realidad objetiva de las crisis como fenómenos recurrentes, inherentes e inevitables de la producción capitalista, que sólo desaparecerán cuando se destruya el propio sistema del capital. Por el contrario, pretenden salir de la crisis (no hablan de que es crisis del capital) desde la actuación de un estado más democrático, que sigue siendo de la dominación de clase del capital, pero democratizado.

Para este idealismo, en el mejor de los casos, sólo puede producirse alguna reforma, paliar algún defecto del sistema existente. Al dar por inexistente la lucha de clases, dado que tampoco existen las clases, o caso de conocer su existencia, no ven la esencia de su permanente conflicto, tampoco pueden asimilar la recurrente y extraordinaria violencia de la dominación de clase burguesa para conseguir de la clase obrera una sobrecarga de la explotación, dosis y dosis más masivas de plusvalía.

En el polo opuesto, el materialismo marxista es el aspecto positivo, opuesto a toda la negatividad del idealismo político pequeñoburgués, del pensamiento "todossomosiguales", de la aspiración a la fraternidad universal. Las propuestas del PCPE parten del reconocimiento de las leyes de funcionamiento del capital, de su situación actual, de su necesidad de recuperar la tasa de beneficio. Que lo último intentan conseguirlo a través de una consciente y programada lucha de clase, con la destrucción masiva de fuerzas de producción, implantando sistemáticamente un desempleo brutal y sin precedentes, perfeccionando métodos de extracción de beneficios que parecen resucitar del pasado y llevando a las clases populares a situaciones más y más empobrecedoras.

Algo que está sucediendo ante nuestros ojos y muestran la evidencia de su cruel dictadura de clase. A la que hay que oponer la fuerza consciente y organizada de la clase que es básica para la construcción de otra sociedad: la clase obrera. Con sus aliados, por supuesto.

El PCPE analiza que la unión europea del euro, del banco central "independiente", de la O.T.A.N. es un conglomerado imperialista, con su correspondiente grado de articulación y jerarquización y en las que las respectivas burguesías forman un bloque compacto respecto al negocio común de la mejor y más conveniente explotación y esquilmación de sus pueblos. Imperialismo cada vez más parásito, violento y belicista, como prueban todas sus intervenciones, que no serán las últimas. Afortunadamente, día a día se incorporan más destacamentos comunistas y revolucionarios a esta comprensión del actual capitalismo.

De toda esta situación deriva que la unión europea es un camino sin retorno a modelos anteriores del capitalismo, un viaje a ninguna parte para clase obrera y, en general, para el pueblo trabajador. Y concluimos que sólo el poder de la clase obrera permitirá salir de la podredumbre humana de la dictadura del capital.

Lo paradójico de esto consiste en que por proponer esto nos dicen, junto a otras lindezas más ariscas, que somos idealistas. Y efectivamente lo somos, ya que el poder de la clase obrera es nuestro ideal. Ideal basado en el análisis marxista del desarrollo actual del capital y de la propia situación de las clases en el sistema. Ahí perseguimos un ideal. Y dejamos para la ilusa visión de un capitalismo inexistente el empeño de conquistar y reconvertir la unión europea.

Julio Minguez